Las libreras más carismáticas de Madrid: anfitrionas en oasis urbanos en los que 'pasan cosas'
Muchas librerías han dejado de ser mercados de libros para convertirse en refugios de conversación, encuentros —inesperados o programados— y calma. Estas libreras hacen de su vocación bandera, y de su empeño a contracorriente, virtud
La escritora Laura Riñón, en la puerta de su librería, 'Amapolas en octubre'. (Cortesía)
Atravesar el quicio de cualquiera de sus puertas es como entregarse al relax del spa, pero sin agua. Laura Riñón, María Fernández, Andrea reyes, Lola Larumbe y Andrea Stefanoni son mujeres valientes, resistentes, tozudas en su empeño por no despertar del sueño que un día les llevó a abrir una librería. Un oficio, el de librera, que requiere de amor por la literatura —en España, según datos oficiales, la lectura es patrimonio mayoritario de las mujeres—, pero también de una heroica constancia, y del deseo por conectar, crear comunidad y elevar su día a día a algo mucho más universal que vender libros.
Convencidas, a pesar de la escasez cultural imperante, de que los libros tienen su lugar en la vida de las personas, estas emblemáticas mujeres han construido verdaderos refugios de bienestar, espacios vivos en los que poder hablar de tú a tú con el autor, tomar un té mientras se hojean las novedades o los grandes clásicos, dejarse aconsejar para la próxima lectura o simplemente aparcar la ansiedad y el agotamiento para viajar a otros lugares sin salir de la ciudad, a otro ritmo.
Anfitrionas de historias cotidianas extraordinarias —y no, no es una contradicción—, han acariciado las estanterías de sus casas a pie de calle desde Susan Sarandon hasta Pedro Almodóvar, Isabel Coixet o Elisabeth Strout, pero también los vecinos del barrio que le dan sentido a la necesidad de construir conversaciones y crear vínculos, haciendo que cada día 'pasen cosas'. Palabra de librera.
Laura Riñón – Amapolas en octubre
Calle Pelayo, 60
La historia de Laura estaba escrita. Dos años después de publicar su novela 'Amapolas en octubre' decidió dar vida a uno de los escenarios de la trama, la librería de Jo —en referencia a Jo March—. Fue entonces cuando apareció en escena su espacio de la mítica calle Pelayo (entre Chueca y Salesas).
Laura Riñón en uno de los acogedores espacios de su librería de la calle Pelayo de Madrid. (Cortesía)
Atravesar el umbral de la librería de esta carismática autora es teletransportarse al salón de casa. Ella y la encantadora Lana lo han convertido en un lugar de encuentro entre lectores y autores, con reuniones literarias que han creado una comunidad. En medio del caos de una ciudad como Madrid, la librería se ha convertido en un refugio al que muchos acuden simplemente para estar tranquilos y encontrar una lectura recomendada por las libreras.
¿Una declaración de intenciones? "Mantener las puertas abiertas y lograr el equilibrio entre mi trabajo en la librería y la escritura, mi pasión verdadera. Lo que se nos da muy bien en 'Amapolas en octubre' es inventar fórmulas para acercar la literatura a los lectores”.
En cuanto a su público objetivo, Laura asegura que “los escritores que vienen a una charla siempre regresan; algunos clientes nos traen flores, o vino, o chocolates… Un día entró Susan Sarandon y se fotografió en el rincón de 'Mujercitas'. A la ganadora del Pulitzer Elizabeth Strout la recibimos con una fiesta de flores y tartas, y vino; Manuel Vicent autografió la fotografía de la pared... Los seguidores de nuestra librería se hacen llamar Amapolers, y entre ellos y nosotras hemos creado una comunidad que trasciende lo literario y que crea vínculos irrompibles. El secreto del éxito es rodearte de personas de las que puedas aprender algo cada día”.
Andrea Stefanoni – La Mistral
Travesía Arenal, 2
Durante más de 20 años, Andrea trabajó rodeada de libros en El Ateneo Grand Splendid de Buenos Aires… hasta que llegó la mudanza a Madrid y, con ella, la pregunta de qué iba a ser de su vida aquí: “La respuesta fue clara, los libros permanecían siendo el centro, y abrir una librería era continuar ese camino de comunión entre la literatura, la conversación y el encuentro entre lectores”.
Pero, ¿qué tienen de especial esta librera y su librería? “Hemos creado una especie de refugio en el que se respira un ritmo distinto al de la calle. Hay libros, claro, pero no se trata solo de vender libros sino de invitar a quedarse un rato, a mirar, a hojear, a descubrir quizá eso que uno no estaba buscando”.
Andrea Stefanoni, alma mater de la librería La Mistral. (Isabel Wagemann)
En La Mistral también se dan cita lecturas, encuentros musicales, y teatro. “La librería está muy ligada a lo artístico, a la idea de que la literatura conversa con otras disciplinas en un espacio que está vivo, al que entrar sin prisa, dejarse llevar por la curiosidad. Lo que más feliz me hace son esos momentos en los que alguien regresa para contarme que el libro que se llevó le ha encantado, o cuando una persona entra por primera vez y pide consejo", comenta.
"En una librería nunca sabes del todo qué puede pasar un día cualquiera porque es un lugar en el que las historias no solo están en las páginas de los libros, sino alrededor de ellos. Nunca olvidaré el día en que ví entrar por la puerta a Pedro Almodóvar, por ejemplo”.
Una última reflexión de Andrea, tiene que ver con el tesón. “Las librerías se hacen con tiempo, con paciencia, y con la convicción de que los libros siguen teniendo un lugar necesario en la vida de las personas. Rendirse no es una opción”.
María Fernández – Crazy Mary
Calle Echegaray, 32
María encontró la inspiración para crear su librería en los diarios de Frances Esteloff, que abrió una emblemática librería en Nueva York, la Gotham Book Mart, en 1920. “Después de leerla, quise recuperar el oficio de librera como ella lo entendía, que nada tiene que ver con un supermercado de libros”.
En Crazy Mary (Barrio de Las Letras) hay una zona de salón, un escritorio, un comedor e, incluso, un grifo de cocina con un fregadero lleno de libros, una librería de autor que celebra eventos constantes como el Club de lectura, presentaciones, té literario, conciertos…
“La mía es una librería de barrio, un lugar con personalidad propia en el que encontrarse y curiosear, sin prisas… un espacio en el que 'pasan cosas'”.
María Fernández, en su librería Crazy Mary. (Rocío Benavides)
¿Algunas de esas cosas? Por ejemplo, “que un viejo librero de 90 años, el Sr. Mir, me compartiera infinidad de secretos del oficio, o la reciente visita de la directora de cine Isabel Coixet que se prestó a hacer recomendaciones de sus libros favoritos aquí”.
Para afianzarse en el noble oficio de amar la literatura y compartirla con los clientes, María confiesa que no hay ningún misterio más allá de “trabajar, trabajar, y trabajar. Leer mucho, claro (por las noches, porque aquí es complicado), conocer bien a los clientes para poder aconsejarles de la mejor manera posible, y disfrutar cada día como si fuera perfecto, aunque no lo sea. De las dificultades se aprende mucho”.
Lola Larumbe – Librería Rafael Alberti
Calle Tutor, 57
'La Alberti' como la conocen sus fans, que son muchos y muy fieles, es una de las librerías más emblemáticas de Madrid. De hecho, en 2025 cumplió 50 años de vida. Fue en los 80 cuando una jovencísima Lola Larumbre —de 19 años— se asoció con dos amigos amantes de la lectura como ella, y juntos decidieron que “una librería sería una buena forma de ganarse la vida”.
Los tres estaban convencidos de que “la vida alrededor de los libros era una vida buena. Empezamos sin saber dónde nos metíamos, ni qué sucedería… y aquí seguimos”.
Lola Larumbe en la puerta de 'La Alberti', fundada en 1975. (Cortesía)
Para regentar una librería, según Lola, “hay que tener un especial espíritu de resistencia, y apoyo en una comunidad, en este caso, lectora. Es muy bonito ganarse la vida gracias a personas que comparten tu mismo mundo: gente que lee, gente que hace libros y que tiene curiosidad por lo que pasa en la cultura”.
'La Alberti' es peculiar por toda su historia. Físicamente, su espacio es un homenaje al poeta que le da nombre; los suelos azules como el mar, las paredes blancas de los pueblos del sur, la iconografía de Alberti en la fachada, y todo el diseño de la librería que se presenta en varios niveles.
El valor de una librería son los libros que selecciona, “pero no lo son menos las personas que trabajan en ella, Iñaki, Ana, Raquel, Nacho… A veces los clientes no vienen a comprar un libro, sino a escuchar, a participar, y esta librería es muy especial por ello; siempre hay alguien que te llena, que te completa, que te hace feliz. En una librería no te aburres nunca”.
Los encuentros en 'La Alberti' llevan muchos años por los que han pasado los grandes, y también los autores que empiezan, desde muchos puntos de vista. “Hay una llama que sigue, unos valores que pasan de unas generaciones a otras. Y seguimos”.
Andrea Reyes – Celama
Calle Don Ramón de la Cruz, 93
Un lugar confortable, en el que además de libros, que son los protagonistas, hay ilustraciones, cuadernos, postales, maquetas… todo literario porque “aquí somos muy frikis del mundo de los libros y las palabras”. Andrea Reyes, alma mater de Celama fue, antes de librera, ilustradora de librerías, y aprendió el oficio desde el backstage. “Me enamoré de este mundo, y empezó a formar parte de mi imaginario… hasta que se ha hecho realidad”.
En la propuesta interactiva de esta joven librera está “intercalar novedades editoriales con un fondo de títulos y autores que siempre deben estar, pero también fantásticos descubrimientos que llegan para quedarse como 'Ya nadie escribe cartas', 'El fantasma y la señora Muir', 'Me llamo Aram' o 'Ballena'.
Andrea Reyes, ilustradora y creadora de la librería Celama. (Cortesía)
Para Andrea “el triunfo consiste en ser feliz formando parte del día a día de un barrio, de las personas”. Y la librera comparte una anécdota que le hace especial gracia: “Algo curiosísimo que nunca falla es que, cuando han pasado meses y no hay forma de vender un libro, aunque lo hayas cambiado de lugar varias veces, basta con ponerlo en la caja de devolución para que justo llegue alguien y lo solicite”.
Atravesar el quicio de cualquiera de sus puertas es como entregarse al relax del spa, pero sin agua. Laura Riñón, María Fernández, Andrea reyes, Lola Larumbe y Andrea Stefanoni son mujeres valientes, resistentes, tozudas en su empeño por no despertar del sueño que un día les llevó a abrir una librería. Un oficio, el de librera, que requiere de amor por la literatura —en España, según datos oficiales, la lectura es patrimonio mayoritario de las mujeres—, pero también de una heroica constancia, y del deseo por conectar, crear comunidad y elevar su día a día a algo mucho más universal que vender libros.