Las doce 'perlas' de las memorias del barón Thyssen
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Las doce 'perlas' de las memorias del barón Thyssen

Una vida digna de un guión de Hollywood. Así se ‘venden’ las memorias del barón Thyssen, de las que se viene hablando desde hace más de dos años

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El barón y Tita Cervera en 1993 (Gtres)

Una vida digna de un guión de Hollywood. Así se ‘venden’ las memorias del barón Thyssen, de las que se viene hablando desde hace dos años y que publica este martes la editorial Planeta. Por aquel entonces, su viuda, Tita Cervera, aseguraba que las grabaciones en las que Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza de Kászon narraba su propia vidasaldrían algún día a la luz. “Le pese a quién le pese”, añadía ella a Vanitatis. Así, a lo largo de 316 páginas, las memorias póstumas del coleccionista de arte dan para mucho, ya que habla de las disputas familiares que incluyen herencias complejas y retratos de amor y anécdotas de Tita Cervera y su hijo Borja. Estos son algunos de los mejores fragmentos de un libro que traerá cola:

INFANCIA:

1- De niño adoraba el mar, que fue mi compañero durante los dieciocho años que viví en Holanda. Hoy lo sigo amando. Por eso, entre todas las casas que tengo, en la que más a gusto me encuentro es en Más Mañanas, la casa de Tita. Sigo amando el mar y me gustaría pasar la última parte de mi vida cerca de él. Aunque nací en Holanda, lo cual explica mi amor por el mar, cuando la gente me pregunta de dónde vengo o de dónde

TITA CERVERA

2- La primera vez que vi a Tita fue en Cerdeña y no hubo palabras: los ojos lo dijeron todo.

Coincidimos en casa de Peter y Brigitte Notz para una cena con un cóctel previo. Al verla llegar, me quedé impactado. Estaba radiante y desbordaba vitalidad y belleza, algo innato en ella según he podido comprobar a lo largo de los años que llevamos juntos. Cuando nos presentaron, sentí en mi interior que algo muy especial podía suceder en mi vida por el hecho de haberla conocido. Tita y yo hemos recordado muchas veces aquel primer encuentro y hemos llegado a la conclusión de que hubo una especie de magia en la que quedamos atrapados. Ella me confesaría más tarde que había sentido exactamente lo mismo que yo.

Algo me llevó a intuir que la felicidad que había estado buscando a lo largo de mi vida y que ya estaba prácticamente convencido de que no me iba a ser posible encontrar– podía estar al alcance de mi mano. A partir de entonces, no quise perderla: sólo quería estar a su lado”.

3- Yo sabía perfectamente quién era Tita porque había sido la mujer de uno de mis actores preferidos y los había visto fotografiados juntos muchas veces. Lo que no sabía es que era aún más especial de lo que se adivinaba en la prensa.

Por su parte, ella también sabía quién era yo: yo era aquel barón del que un día le había hablado Lex Barker, su marido, en Barcelona. Sabíamos cada uno quién era el otro, y yo me di cuenta de que, a pesar de su timidez, los dos nos habíamos mirado como si tuviéramos mucha felicidad que compartir”.

4- Yo daba por supuesto que Tita y yo nos íbamos a casar. Un día le dije: «Sí, porque cuando nos casemos... ». Ella me miró con expresión divertida y replicó: «No sé, no sé». Me asusté. Tenía claro que nos íbamos a casar, pero en ese momento la miré y vi su cara. Con guasa, me preguntó: «Pero ¿es que me has pedido que me case contigo?». Enseguida me di cuenta de que había olvidado que Tita es muy romántica. Entonces le dije: «Te quiero como nunca he querido a ninguna mujer. ¿Te quieres casar conmigo?». Se echó en mis brazos y me contestó: «Sí». Y ya riéndonos los dos, nos dimos un beso. La verdad es que nunca habíamos hablado de boda”.

5- En 1993, mucho tiempo después de aquel reparto [reparto], a Tita, que siente la misma pasión que yo por la pintura, y a mí nos ocurrió lo mismo con los herederos: de nuevo, sueños destrozados por los regateos y las tasaciones. Menos mal que por fin, gracias a mi mujer, se consiguió que la colección permaneciera unida en un museo excepcional y así pudo verse cumplido el sueño de mi padre y el mío.

BORJA

6-Tita no sólo me dio la felicidad que yo no tenía, sino que también me dio lo que no había conocido en mi vida: poder convivir con un niño, Borja, por el que nada más conocerlo empecé a sentir un gran cariño y con el que experimenté una perfecta sintonía. Borja, a quien vi crecer desde que tenía un año, ha estado siempre a mi lado. Juntos vivimos durante el invierno en Lugano, en Villa Favorita, y durante los meses estivales navegamos en el 'Hanse' por el Mediterráneo y el Caribe, y juntos vivimos también en la Costa Brava y en Madrid. Desde que era muy pequeño compartimos el mismo sentido del humor un humor que yo fomenté en él y hasta las mismas travesuras.

7-Tita me contó desde el principio quién era el padre de Borja, Manuel Segura, y me explicó las razones de tipo legal por las que no pudieron contraer matrimonio en su momento. Cuando yo empecé a hablarle de adoptar a Borja, Tita insistió en que antes debía conocer a su padre. Nos conocimos y me pareció una persona excelente y muy educada. Le comuniqué mis intenciones de adoptar a Borja, a lo que él me contestó que lo único que quería era la felicidad del niño.

8- Años después empezamos a ir a España con mayor asiduidad. Puesto que Borja iba a comenzar sus estudios en Madrid, Tita propuso un segundo encuentro con el padre del niño, pero esta vez los cuatro: ella, Manuel Segura, Borja y yo. Consideramos conveniente que, para evitarle sorpresas, lo mejor era que Borja se enterara de todo por nosotros. Los tres le hablamos con toda claridad y, a la vez, con palabras apropiadas a su edad. Y todo resultó perfecto.

MUSEO

9- Se eligió Madrid para traer la colección, aunque también se decidió llevar una parte de ella a Barcelona. Pasqual Maragall, por entonces alcalde de la ciudad, nos propuso habilitar el monasterio de Pedralbes. Allí las monjas vivían en pésimas condiciones, de modo que se decidió restaurar el monasterio y dejar en préstamo durante varios años en el magnífico museo rehabilitado una colección excelente de maestros antiguos.

10- El gran día de la inauguración del Museo Thyssen-Bornemisza, que tuvo lugar el 8 de octubre de 1992, Tita recordó como nunca a su madre, que, como siempre, había permanecido a su lado durante el largo proceso de la cesión de la colección a España, y a quien, víctima de un derrame cerebral, Dios se había querido llevar con Él el 22 de febrero de ese año, ocho meses antes de la solemne apertura del museo.

HERENCIA:

11- En mayo de 1994 tuvo lugar la última de las operaciones a que me tuve que someter y, por desgracia, se llevó a cabo cuando las aguas familiares estaban bastante revueltas por asuntos relacionados con la herencia. La víspera de la intervención, mis hijos se presentaron en París y me puse bastante nervioso ante las diferentes cuestiones y problemas que me empezaron a plantear. No se daban o no querían darse cuenta de que a las seis de la mañana del día siguiente yo iba a entrar en el quirófano. Llegué a sentirme muy agotado, hasta tal punto que Tita, que era la única preocupada por mi estado de salud, intentó posponer la operación, pero yo no hice caso de su sugerencia. Las horas previas a mi nueva intervención quirúrgica en la Pitié-Salpêtrière de París estuvieron llenas de discusiones y de una fuerte tensión familiar.

Cabía suponer que todos estábamos en paz con todos, pero no era así. En teoría, mis hijos no debían de tener problemas económicos, porque ya habían recibido la parte proveniente de la venta de los cuadros al Reino de España. En otras palabras: ya eran millonarios.

12- Francesca nunca demostró cariño ni preocupación por mí. Una de las cosas que más me dolieron de mi hija fue la carta que un día me envió y en la que hacía continuas referencias a sus pretensiones debido a mi delicado estado de salud, pero la verdadera motivación no estaba en mí, sino en la herencia. Me dio mucha pena que me escribiera en esos términos una hija que ya había recibido en vida bastantes millones de dólares gracias a la venta de la colección, una operación en la que Tita se había esforzado como nadie. Georg, Lorne y Francesca se habían opuesto desde el principio a que mi colección se estableciera en España y permaneciera unida, como era mi deseo. Fueron años muy difíciles para mí, años perdidos. Además, Tita había renunciado, porque se lo pedí yo, a lo que legítimamente le pertenecía. Para conseguir traer la colección, incluso todos los regalos que yo le había hecho fueron tasados, y tuvo que abonar el importe si los quería conservar. Yo me sentía frustrado, pero Tita me decía: "Adelante, quiero que se cumpla tu sueño y el deseo de tu padre”.

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