El inmenso legado de la duquesa de Alba
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MUERTE DE LA DUQUESA DE ALBA

El inmenso legado de la duquesa de Alba

La fortuna de Cayetana Fitz-James Stuart, fallecida el 20 de noviembre de 2014, es difícil de cuantificar por el incalculable valor de cada una de sus propiedades

Se desconoce la fortuna de la duquesa de Alba, debido a que la mayor parte de sus bienes son inmuebles y, por tanto, difíciles de tasar. Por esta razón, la prestigiosa revista Forbes no la incluyó hasta hace unos años en su famoso ranking anual. En la última lista publicada se fijó su riqueza en 2.800 millones de euros; una cifra que aglutina ese patrimonio que ya repartió en vida en 2011 para evitar los conflictos familiares que suelen suceder a los testamentos.

Para proteger su legado, en 1975 doña Cayetana mandó instaurar la Fundación Casa de Alba, una institución que reunió las propiedades más emblemáticas del ducado, como el palacio de Las Dueñas y el de Liria, las principales residencias de la duquesa. Esta fundación garantiza la conservación de su ingente patrimonio y a su vez permite una rebaja fiscal, puesto que las propiedades están valoradas muy a la baja. Unas ventajas, las fiscales, que también tienen una contraprestación: ningún miembro de los Alba puede vender ninguna de las propiedades adscritas sin la autorización del Ministerio de Cultura.

Vanitatis, con la ayuda de esta fundación y el registro mercantil y de la propiedad, hace un recorrido por el inmenso legado de la duquesa.

10 Palacios

El palacio de Las Dueñas (Sevilla) quizá sea el inmueble más emblemático para los Alba. Allí se casó doña Cayetana con Luis Martínez de Irujo en 1947 y 64 años después con Alfonso Díez. Paradójico resulta que esa residencia, en la que se marcó el famoso zapateado tras su enlace con el funcionario, fuera también testigo de su último aliento. Con 9.452 metros cuadrados y construida en el siglo XIV, Cayetana quiso que pasara a manos de su primogénito, Carlos Martínez de Irujo, para que así continuase siendo la vivienda privada de los venideros duques de Alba.

El palacio de Liria (Madrid) es también uno de los inmuebles más importantes para el ducado dado que allí nació la propia Cayetana. Considerada la residencia oficial de los Alba, está ubicada en la céntrica calle Princesa de Madrid y tiene 3.500 metros cuadrados. En él se albergan las joyas pictóricas más importantes de la duquesa y los grandes documentos históricos.

Al margen de estos dos emblemáticos enclaves, los Alba cuentan con ocho palacios más: el de Monterrey (Salamanca), el de Arbaizenea (San Sebastián), el de Torre del Carpio (Córdoba), el del Conde de Aranda (Zaragoza), el de los Duques de Liria (Valencia), el de Osorio (Valladolid), el de Loeches (Madrid) y el de Piedrahíta (Ávila).

19 Castillos

Hasta su muerte, la duquesa de Alba contaba con 19 castillos repartidos por toda la geografía española. Se concentran principalmente en Galicia, donde el ducado acumula hasta ocho fortalezas. Allí se encuentran el castillo de San Vicente del Pino, en Monforte de Lemos (Lugo); el de Monterrei, en Verín (Orense); el de los Condes de Lemos, también en Monforte de Lemos; el de Doncos, en Lugo; el de Castro Candelas, en Orense; y los de Moeche, Narahio y Andrade, situados en La Coruña.

Pero por toda España hay además otros 11 castillos de los que la mayoría se desconoce a manos de quién pasarán tras el fallecimiento de doña Cayetana. Son el castillo San Leonardo de Yagüe, en Soria; el de Casarrubios del Monte, en Toledo; el de Moya, en Cuenca; el de Grandilla, en Cáceres; el de Coca, en Segovia; el de Valdecorneja y el de Castronuevo, en Ávila; el de Híjar, en Teruel; y los de Alba de Tormes y Tejado, en Salamanca.

Casas de verano

La duquesa de Alba solía veranear entre Marbella e Ibiza. En los últimos años la isla pitiusa se convirtió en su predilecta debido a la popularidad que poco a poco fue alcanzando. Allí se dejaba ver con su hija, Alfonso Díez o sus nietos, Cayetana, Luis y Amina.

Del chalet de Las Cañas, en Marbella, llegó a decir que era su vivienda preferida por los buenos momentos que allí vivió. Este inmueble fue testigo de las mejores vacaciones de la duquesa cuando Marbella poseía ese encanto y esplendor que los tiempos de corrupción le arrebataron años más tarde. En 2011, cuando doña Cayetana repartió su herencia en vida, pasó a ser de su hijo Fernando.

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Imagen del Palacio de Arbaizenea, situado en San Sebastian (Gtres)

Locales y viviendas

Además del incalculable valor de los palacios y castillos de los Alba, el ducado consigue también rédito económico con el alquiler de varios inmuebles situados en las zonas más estratégicas de Madrid. Tienen hasta 12 viviendas y 9 locales comerciales repartidos por el centro de la capital. Destacan los cuatro establecimientos ubicados en la calle Fuencarral, referente del comercio en la capital, o los tres pisos de la calle Princesa, muy próximos al Palacio de Liria.

Obras de arte

Muy aficionada a la pintura, doña Cayetana albergaba entre los muros de sus propiedades reliquias pictóricas de inestimable valor. En su palacio de Liria se halla una pinacoteca de más de 200 óleos entre los que destacan cuadros de Goya, Velázquez o Rubens, un archivo histórico y una amplia biblioteca con obras tan relevantes como la primera edición de El Quijote, de 1605, o manuscritos de Cristóbal Colón.

Empresas

La familia Alba tiene en funcionamiento varios negocios que suman un patrimonio neto de 45 millones de euros. Los seis hijos de la duquesa ya poseen cargos en las empresas pero, hasta su muerte, Cayetana tenía además acciones que no repartió en vida. Los negocios del ducado son Euroexplotaciones agrarias S.A; Agralsa S.A; Actividades aerotécnicas S.A; Castrofresno S.A; Eurotécnica agraria S.A., Inversiones Princesa S.A, Sercarpio S.L, Palestro II, y Mirbor inversiones S.L.

Tierras

A todo ello deben añadirse las fincas y latifundios que poseía la duquesa y que sumaban una superficie de 34.000 hectáreas repartidas por toda España (sobre todo en terrenos castellanos y andaluces).

Joyas

De incalculable valor. Destaca, por ejemplo, la diadema de perlas y diamantes que lució Cayetana el día de su boda con Luis Martínez de Irujo.

Títulos

Más de 40. Es varias veces duquesa, marquesa, condesa, vizcondesa, condesa-duquesa y condestablesa, además de ser catorce veces Grande de España.

El reparto de la herencia

En 2011, la noticia de la inminente boda de la duquesa con Alfonso Díez sacudía los cimientos de la familia Alba. Los cuestionables intereses de un funcionario palentino 24 años más joven que Cayetana pusieron en alerta a sus seis hijos que, de forma unánime, se opusieron al nuevo matrimonio de su madre. Sin embargo, para despejar todas las dudas y tratar de beneficiar a todas las partes, la matriarca y Alfonso convocaron una reunión en el despacho del notario Luis Núñez con el fin de convencer a todos de que el enlace era por amor. El funcionario renunció a sus derechos como duque de Alba y doña Cayetana aprovechó el momento para repartir parte de su amplio patrimonio entre sus seis hijos.

La voluntad de la duquesa quiso que el mayor beneficiado fuese su primogénito, Carlos. Al duque de Huéscar le corresponde tras la muerte de su madre la legítima, el tercio de mejora –que son unos 500 millones de euros—, la Fundación Casa de Alba (con sus propiedades adscritas) y los más de 40 títulos nobiliarios que poseía la duquesa.

Para el resto de sus hijos el reparto fue más homogéneo. Para Alfonso dejó la finca del Castillo de El Tejado y varias parcelas; para Jacobo, algunas fincas; para Fernando, el chalé de Marbella y varias propiedades agrícolas; para Cayetano, el palacio de Arbaizenea, la finca de los duques de Sotomayor y el cortijo Las Arroyuelas; y para Eugenia, la casa de Ibiza y el cortijo de La Pizana.

De este reparto, solo quedaba su hijo Jacobo sin heredar una sola propiedad. Un agravio que provocó que la relación entre el conde de Siruela y su madre se volviese mucho más tensa de lo que ya lo estaba hasta la fecha. Jacobo ni acudió a la boda de su madre con Alfonso ni estuvo presente tampoco en la inauguración de la exposición de la casa de Alba. Después, arreglaron las cosas.

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