El álbum de boda de Mabel Lozano: "Vi por primera vez mi traje de novia unas horas antes de la boda"
"Disfruté mi boda de principio a fin, sin nervios, acompañada de mis seres más queridos y absolutamente feliz". Así recuerda Mabel Lozano aquel día de invierno en el que se casó con el director y productor de cine Eduardo Campoy
Mabel Lozano y Eduardo Campoy el día de su boda, un 27 de diciembre de 1998. (Fotos Cortesía Mabel Lozano)
Cuando Mabel Lozano, documentalista y escritora -acaba de publicar su primera novela 'Ava', inspirada en una historia real- y el productor y director de cine español Eduardo Campoy decidieron oficializar su particular 'sí, quiero', ya llevaban tres años siendo pareja. "Cuando nos fuimos a vivir juntos no pensamos si algún día celebraríamos una boda o no, esto no era importante para nosotros. En realidad, la decisión de casarnos vino después y fue, sin más, una continuación del compromiso que ya habíamos adquirido de compartir nuestras vidas. Teníamos la intención de tener hijos y a nuestros padres les hacía mucha ilusión que nos casáramos. Todo fue sumando. Al final, una boda es una celebración del amor compartida con las personas que amas. Y eso es lo más bonito", apunta Mabel.
Finalmente, Mabel y Eduardo fijaron fecha de boda: el 27 de diciembre de 1998. "Un día antes de mi cumpleaños. De este modo, todas las Navidades celebramos un montón de acontecimientos importantes en nuestras vidas", señala nuestra protagonista. "Lo que teníamos clarísimo es que queríamos una boda pequeña, íntima, familiar. De hecho, solo vinieron nuestros padres, hermanos y amigos más cercanos. En total, fueron 80 invitados y ni uno solo fue de compromiso", recuerda Mabel.
Mabel Lozano y su padre. (Fotos Cortesía Mabel Lozano)
En aquella época —hablamos de los años 90— Mabel participaba como actriz en varias series de Antena 3 Televisión con muchísimo éxito de audiencia y era un rostro muy popular. "Sin embargo, cerramos mucho el círculo porque no queríamos que viniera la prensa, que nadie sacara una foto y se montara un jaleo tremendo de flashes y ruido. Queríamos disfrutar de aquel momento 'tan nuestro' de una forma íntima. Pero a pesar de ocultar los preparativos a cal y canto, no sabemos cómo, un grupo de periodistas y fotógrafos apareció en la puerta de la iglesia el día de la boda. Cuando los vimos, nos resignamos y nos dejamos fotografiar a la salida con toda naturalidad. Ya no quedaba otra", subraya la novia.
Mabel y Eduardo durante la ceremonia religiosa. (Fotos Cortesía Mabel Lozano)
Un primer plano de la novia. (Fotos Cortesía Mabel Lozano)
"El día anterior a la boda dormí en mi pueblo, Villaluenga de la Sagra, en la casa familiar. También allí me vestí de novia, rodeada de un gran jolgorio. Mis hermanos aparecieron a primera hora de la mañana y desayunamos chocolate con churros, después llegaron mis damas de honor para maquillarse conmigo y poco antes de salir hacia la iglesia, vinieron muchas personas del pueblo a verme salir de casa de mis padres, felicitarme y expresarnos todo su cariño entre un estruendo de cohetes", recuerda Mabel entre risas. "Tres días antes de la boda cayó una nevada inmensa, pero estábamos todos tan felices que nada nos parecía un problema. Milagrosamente, aquel 27 de diciembre amaneció con un sol radiante que nos acompañó durante todo el día".
La ceremonia religiosa se celebró a la una del mediodía en la ermita de Nuestra Señora de la Concepción de Argés, en Toledo. "Los padrinos fueron mi padre y la madre de Eduardo y, aunque ya no están, nos emociona saber que vivieron aquel día con muchísima felicidad", dice. El novio, igual que todos sus testigos, vistió chaqué oscuro. "¿Un momento especial? El camino del pasillo central de la ermita, del brazo de mi padre, feliz y cruzando miradas con todas aquellas personas tan próximas y tan queridas por mí", advierte la novia.
El matrimonio el día de su boda. (Fotos Cortesía Mabel Lozano)
Las damas de honor fueron tres amigas y la hermana de la novia, Mónica. "Todas lucieron vestidos cortados al bies color lila —el mismo con el que se casó Victoria Beckham— acompañados con un mantón del mismo tono de mi vestido, tocados con redecilla y un miniramo de flores igual que el mío. Lo más divertido es que todas se vistieron en la casa familiar de mi pueblo", recuerda la escritora.
La celebración del banquete tuvo lugar en una casa de campo de un amigo de los novios situada a las afueras de Toledo. El aperitivo se celebró en el jardín al aire libre y el almuerzo, en un salón con chimenea de lo más acogedor, contó con un menú típicamente toledano en el que no faltaron la perdiz y los vinos manchegos.
Cortando la tarta nupcial. (Fotos Cortesía Mabel Lozano)
"Si hubo un momento memorable en la fiesta, fue el que protagonizaron mis cuatro damas de honor y cuatro amigos de Eduardo. Tras la comida y por sorpresa, ellas se pusieron los chaqués de los chicos y ellos, los vestidos y los tacones de mis damas. De modo que el baile se inauguró con estos ocho personajazos maravillosos, bailando bajo los acordes de la canción 'Love is in the air' de John Paul Young. Bajaron las escaleras así y, de inmediato, nos unimos todos a ellos. Fue divertidísimo. Luego no faltó pop y rock de los 80 y los 90. No hubo ni un solo baile agarrado", recuerda la escritora.
Un traje de fiesta, rosas blancas y pendientes parisinos
Mabel Lozano nunca fue una de esas chicas que imaginaban su vestido desde la adolescencia. Pero si algo tenía claro nuestra protagonista era que, si alguna vez se casaba, elegiría a su amigo Ángel Schlesser para que le diseñara su traje nupcial. Y así fue. "Curiosamente, Ángel solo ha hecho dos vestidos de novia en su vida, el de su hermana y el mío. Lo único que le dije fue que no quería llevar velo, ni pedrería, ni encajes. Quería algo sencillo y bonito, muy en la línea de Ángel. Eso sí, como me casaba en la montaña y en pleno invierno, tenía que ir abrigada. Además, en esa época yo trabajaba mucho, tenía horarios intempestivos y me resultaba dificilísimo acudir a las pruebas del vestido, de modo que Ángel me mandó un primer boceto, me encantó y solo fui una vez a tomarme medidas. Ni siquiera pude ir a recogerlo una vez terminado, no tenía tiempo, Me lo mandaron a casa de mi madre, en mi pueblo, y vi por primera vez mi traje de novia unas horas antes de la boda", explica la novia.
¿El resultado final? "Unmaravilloso vestido con tirantes realizado en seda natural, cortado al bies, muy fluido, con escote recto y un poquito de cola que, por cierto, me rompió sin querer un periodista a la entrada de la iglesia. Se acompañaba de una levita color blanco roto con cuello solapa y bordados. Hace unos años lo doné para una subasta benéfica", señala la escritora.
El primer baile como casados. (Fotos Cortesía Mabel Lozano)
La novia y sus amigas. (Fotos Cortesía Mabel Lozano)
"Mis únicas joyas fueron unos pendientes vintage de oro blanco y un brillante, regalo de Eduardo, que compró en un anticuario de París cuando me pidió que nos casáramos. Como alianzas elegimos los mismos anillos de plata que compramos tres años antes en el mercadillo de San Antonio, en Ibiza, cuando decidimos irnos a vivir juntos. Igual que aquella vez, se convirtieron en nuestro símbolo de compromiso más personal", detalla.
"En lugar del tradicional zapato de tacón, elegí unas bailarinas con las que bailé todo lo bailable hasta las tantas de la madrugada. Cuando llevas tacones no eres tan feliz", asegura Mabel entre risas. El ramo, de rosas blancas y con mucho verde, fue también regalo de Eduardo". Un corte de pelo estilo bob y un maquillaje muy suave completaron su look.
Veintisiete años después y condos hijos en común —Eduardo tiene un hijo más— nuestra pareja protagonista sigue manteniendo el mismo amor y complicidad de aquel día de invierno. "Eduardo y yo, como cualquier pareja de tantos años, hemos pasado por momentos bueno y no tan buenos, pero seguimos amándonos con locura. Sigo convencida de que Eduardo es el mejor compañero, no podría imaginarme mi vida sin él".
Cuando Mabel Lozano, documentalista y escritora -acaba de publicar su primera novela 'Ava', inspirada en una historia real- y el productor y director de cine español Eduardo Campoy decidieron oficializar su particular 'sí, quiero', ya llevaban tres años siendo pareja. "Cuando nos fuimos a vivir juntos no pensamos si algún día celebraríamos una boda o no, esto no era importante para nosotros. En realidad, la decisión de casarnos vino después y fue, sin más, una continuación del compromiso que ya habíamos adquirido de compartir nuestras vidas. Teníamos la intención de tener hijos y a nuestros padres les hacía mucha ilusión que nos casáramos. Todo fue sumando. Al final, una boda es una celebración del amor compartida con las personas que amas. Y eso es lo más bonito", apunta Mabel.