El álbum de boda de la torera Cristina Sánchez: "Elegí un vestido de inspiración taurina, con bordados mudéjares y muy femenino"
En un monasterio toledano cargado de historia, bajo acordes rocieros y fados portugueses, inmersos en la naturaleza y con multitud de detalles taurinos. Así fue la boda de la primera mujer torero en abrir la Puerta Grande en la Plaza de Toros de Madrid
La torera Cristina Sánchez y el banderillero portugués José Alexandre da Silva habían coincidido multitud de veces en el mundillo del toro antes de que él entrara a formar parte de la cuadrilla de nuestra protagonista y terminaran por enamorarse. "Una vez que fuimos pareja, empezamos a vivir juntos y nuestro noviazgo apenas duró un año. Finalmente, como nos hacía ilusión casarnos, fijamos la fecha de boda: 2 de junio de 2000 en Toledo". Ella tenía 28 años, él 32. "Aunque yo soy madrileña y Alejandro portugués, siempre hemos estado enamorados de esta ciudad. Un día que fuimos a visitarla, siendo todavía novios, dijimos: 'Oye, ¿y si nos casamos aquí? Nos acercamos al Monasterio de San Juan de los Reyes, que nos parecía una maravilla, reservamos un viernes libre para casarnos ¡y listo!".
Así, la ceremonia religiosa se celebró en este imponente templo, ejemplo de arquitectura, belleza e historia construido por orden de los Reyes Católicos en el siglo XV, adornado con flores blancas sobre fondo verde. El novio, aparentemente relajado y vestido con el clásico chaqué gris oscuro, llegó al templo con puntualidad taurina conduciendo su propio coche, un BMV negro descapotable. Le acompañó la madrina que, rompiendo la tradición, fue la madre de Cristina, María del Carmen de Pablo, luciendo un favorecedor vestido color aguamarina de Petro Valverde y mantilla.
La novia, que apenas se hizo esperar unos minutos, llegó a la iglesia a bordo de un coche de caballos blancos y negros engalanados con flores, acompañada de su padre Antonio y de los constantes vítores de los cientos de toledanos que no dudaron en abarrotar los alrededores del monasterio para felicitarla y mostrarle todo su cariño. La calesa era una réplica exacta de la utilizada por la infanta Elena en su boda en Sevilla. "La mandó construir el padre de una amiga mía porque le gustaba mucho y al verla pensé: 'Si algún día me caso, iré en un coche como este'. Y así fue.
"Recuerdo que ese día no estaba especialmente nerviosa, hasta que a la una del mediodía me vi cruzando la nave central del monasterio del brazo de mi padre, que en ese momento estaba casi más emocionado que yo. Lo recuerdo como uno de los momentos más especiales de aquel día y, ahora que él ya no está, me doy cuenta de la suerte que tuve de que me acompañara al altar y viviese conmigo aquel momento único", apunta Cristina. Las cuatro damas de honor fueron Noemí, Esther e Iratxe, hermanas de Cristina, y María Jesús, hermana de Alexandre, todas con vestidos color grana y oro. Las encargadas de llevar las arras fueron Laura, sobrina de la novia, y Fanny, hermana pequeña del novio. La liturgia se acompañó con varias canciones interpretadas por un coro rociero.
A la salida de la ceremonia, los recién casados, que fueron recibidos por una lluvia de pétalos de flores, no dudaron en atender a los medios de comunicación que se habían desplazado a Toledo. "Ha sido una ceremonia preciosa, llena de momentos que ya son inolvidables. Cuando llegué en el coche de caballos me sentí la mujer más grande del mundo. De pronto, desaparecieron los nervios y llegó la emoción de verdad", decía Cristina en ese momento.
Minutos después, la pareja subió a la calesa para trasladarse al Cigarral de las Mercedes, donde tuvo lugar el almuerzo. Una espaciosa finca integrada en plena naturaleza toledana, con jardines aromáticos, un espectacular mirador para disfrutar de las mejores vistas de Toledo y hasta un lago. Allí les esperaban sus 250 invitados, entre los que se encontraban los toreros Raúl Gracia, 'El Tato', Curro Vázquez, acompañado de su esposa Patty Dominguín, El Litri yVíctor Méndez, y los periodistas Luis María Ansón y Nieves Herrero, entre otros.
Subidos en el coche de caballos, alejados de la prensa, se produjo uno de los momentos más memorables de aquel día. "A mitad del trayecto, justo cuando nos dirigíamos al Cigarral, le dije a mi marido: 'Tengo un regalo para ti: vas a ser papá". Yo me había enterado de la noticia el día anterior, pero no quería decírselo por teléfono. De pronto, se puso a llorar, superemocionado. Yo le decía: '¡Para de llorar que los invitados te van a preguntar qué te pasa!'. Finalmente, todo el mundo se enteró de lo que pasaba y no pararon de felicitarnos en todo el día", recuerda Cristina entre risas.
El aperitivo, con múltiples puestos de quesos manchegos, jamón ibérico y vinos de la zona, se celebró en los jardines al aire libre y el almuerzo, en los salones interiores que, iluminados con una luz cálida, consiguieron crear un ambiente romántico y muy acogedor. Los novios hicieron su entrada en el salón principal bajo los acordes de la canción 'Gracias' de Tamara, una de sus favoritas. El menú, servido por el propio catering de El Cigarral, incluía gazpacho andaluz, tosta de salmón con mousse de aguacate, solomillo de ternera y tarta de chocolate con helado de limón, vainilla y frutos rojos, además de trufas y mazapanes típicos de Toledo.
Las mesas se adornaron con manteles de hilo, centros de flores multicolores y vajillas blancas. "Por suerte, y a pesar de que tanto Alejandro como yo participamos de todos los preparativos, contamos con la ayuda de una empresa de eventos, de un amigo nuestro, que cuidó todos los detalles de organización, decoración floral, disposición de las mesas… Nos ayudaron muchísimo y todo resultó perfecto", subraya Cristina.
Después de que los novios abrieran el baile con el clásico vals, la fiesta se prolongó hasta la madrugada a ritmo de pop de los 80 y los 90 y, por supuesto, fados portugueses. Días después partieron a su viaje de novios. ¿El destino? Los Fiordos noruegos. "Todo lo organizó Alexandre y yo no supe donde íbamos hasta el último momento. Fue fantástico", apunta nuestra protagonista.
Una novia vestida de blanco y oro
El vestido de novia, firmado por el diseñador Petro Valverde, fue otro de los protagonistas de la boda. "Yo quería que mi traje evocara un capote de paseo, pero también que fuera favorecedor y muy femenino", dice. Finalmente, Cristina lució un vestido de estética taurina, realizado en crêpe y mikado de seda natural, cortado al bies, con falda recta y escote palabra de honor. Iba acompañado de una chaqueta muy abierta de manga francesa que dejaba ver el bordado del vestido, inspirado en el arte mudéjar. La cola, de dos metros y medio y con forma de un capote de paseo, iba bordada con hilos de seda en tonos marfil y beige y se remataba en su interior por un pasacintas de valencienne y una cinta de raso del mismo tono del bordado. Un velo de tul, unos zapatos forrados en mikado de seda natural de Pilar Burgos y un ramo de flores campestres completaron el look.
Como únicas joyas, Cristina eligió una diadema de inspiración bizantina, con ausencia de dibujo y 500 brillantes montados en celdas cuadradas, y unos pendientes de oro blanco con cuatro brillantes centrales rodeados de pavé de brillantes. Las dos piezas fueron realizadas por la joyería Gracia de Valencia. "El maquillarme en tonos muy sutiles y el peinado, un recogido bajo entrelazado, fueron obra de Antonio de Santiago. Nuestra peluquera de toda la vida, Mari Paz, se encargó de peinar a mi madre y mis hermanas".
En plena celebración de sus bodas de plata y con dos hijos en común, de 24 y 22 años, Cristina y José Alexandre siguen tan unidos y enamorados como aquel soleado día de primavera. Así lo destacó nuestra protagonista hace unos días. "Yo siempre había dicho que nunca tendría un vínculo amoroso con nadie vinculado al mundo del toro, ¡y fíjate! Ahora sé que casarme con mi marido ha sido, además del nacimiento de mis hijos, lo mejor que me ha pasado en la vida".
La torera Cristina Sánchez y el banderillero portugués José Alexandre da Silva habían coincidido multitud de veces en el mundillo del toro antes de que él entrara a formar parte de la cuadrilla de nuestra protagonista y terminaran por enamorarse. "Una vez que fuimos pareja, empezamos a vivir juntos y nuestro noviazgo apenas duró un año. Finalmente, como nos hacía ilusión casarnos, fijamos la fecha de boda: 2 de junio de 2000 en Toledo". Ella tenía 28 años, él 32. "Aunque yo soy madrileña y Alejandro portugués, siempre hemos estado enamorados de esta ciudad. Un día que fuimos a visitarla, siendo todavía novios, dijimos: 'Oye, ¿y si nos casamos aquí? Nos acercamos al Monasterio de San Juan de los Reyes, que nos parecía una maravilla, reservamos un viernes libre para casarnos ¡y listo!".