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El álbum de boda de Patricia Olmedilla: "Cambié el diseño de mi vestido de novia dos días antes del 'sí, quiero'"
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El álbum de boda de Patricia Olmedilla: "Cambié el diseño de mi vestido de novia dos días antes del 'sí, quiero'"

Tradicional, en una finca situada en la sierra de Madrid, con decenas de flores y acordes de música clásica y multitud de invitados compartiendo su felicidad. Así fue la boda de Patricia y Gonzalo, "un día que vivimos con toda la intensidad"

Foto: Patricia Olmedilla y Gonzalo de la Cierva el día de su boda. (Fotos Isabel Solano)
Patricia Olmedilla y Gonzalo de la Cierva el día de su boda. (Fotos Isabel Solano)

La historia de amor de la empresaria Patricia Olmedilla y el también empresario y duque de Terranova, Gonzalo de la Cierva, comenzó en una fiesta navideña. Ella lo recuerda al detalle. "Un amigo mío, el príncipe yugoslavo Radijove Petrovic Karadjordjevic, me llamó una tarde de diciembre empeñado en que le acompañara a una fiesta en la discoteca 'Pachá' de Madrid. A mí me daba una pereza horrible, pero finalmente fui. Allí coincidí con Gonzalo que, por cierto, estaba disfrazado de Papá Noel, hablamos… Y cuando salí de la fiesta, supe que había sido un encuentro especial. Así fue". Tras dos años de noviazgo, fijaron fecha para casarse: 30 de junio de 2007. "Queríamos una boda tradicional, clásica y familiar. Como somos nosotros y nuestras familias".

placeholder Patricia Olmedilla en los preparativos el día de su boda. (Fotos Isabel Solano)
Patricia Olmedilla en los preparativos el día de su boda. (Fotos Isabel Solano)

Para pronunciar el 'sí, quiero', nuestra pareja protagonista eligió la iglesia madrileña de Nuestra Señora de la Estrella de Navalagamella. El novio, que vistió el uniforme de Caballero de la Orden de Malta, llegó al templo acompañado de su madre y madrina, Ymelda Moreno Arteaga, marquesa de Poza, en un Jaguar conducido por Álvaro de Marichalar, gran amigo suyo y testigo del enlace. La novia lo hizo del brazo de su hermano Diego Olmedilla, conde de Cerragería, que actuó como padrino y vistió el uniforme de maestrante de Granada.

Esta vez, fue la novia quien tuvo que esperar. "De camino a la iglesia supe que Gonzalo todavía no había llegado porque, al parecer, algo le pasó a su coche. Como tardó en aparecer, me tuvieron dando vueltas en mi coche durante un buen rato. Mi cuñada Teresa, por el móvil, me iba diciendo: 'Todavía no ha llegado, date otra vuelta'. Un estrés total. Cuando finalmente entré en la iglesia, me empezaron a temblar muchísimo las piernas. Ni siquiera podía andar. En ese momento y para tranquilizarme, mi hermano que, como yo, se ha dedicado durante mucho tiempo a la hípica me dijo: '¿Ves el altar? Visualiza un salto'. Así me concentré y conseguí mantenerme serena. Al llegar al altar, llegó la emoción de verdad", recuerda la novia.

placeholder Patricia Olmedilla y Gonzalo de la Cierva el día de su boda. (Fotos Isabel Solano)
Patricia Olmedilla y Gonzalo de la Cierva el día de su boda. (Fotos Isabel Solano)

Si Patricia tuviera que elegir un momento memorable de aquel día "diría que el intercambio de las alianzas, mientras un cuarteto de cuerda interpretaba el 'Ave María' de Schubert. Me recuerda mucho a mi padre y siempre me emociona escucharlo". Los pajes, guapísimos y sobrinos de los novios, iban vestidos con trajes verdes de Teresa y Leticia.

El lugar elegido para la celebración fue la finca Cerro de las Cabezas, próxima a El Escorial, en Madrid, rodeada de pinares y bosques de hayas y encinas. "La compramos justo un año antes de casarnos y quisimos que ese lugar, donde pensábamos construir nuestra vida familiar, fueran también el escenario de nuestra boda", señala Patricia. Entre los 530 invitados que acudieron al enlace, el marqués de Griñón, Carlos Falcó con su esposa Fátima de la Cuerva, hermana del novio; Pilar González de Gregorio, duquesa de Fernandina, y rostros conocidos como el músico José María Cano, Mar Flores, Verónica Mengod, Blanca Suelves con Joannes Osorio, Gigi Sarasola, Tita Astolfi o Paloma Segrelles, entre otros.

placeholder Patricia Olmedilla recuerda el día de su boda para Vanitatis. (Fotos Isabel Solano)
Patricia Olmedilla recuerda el día de su boda para Vanitatis. (Fotos Isabel Solano)

De toda la organización del evento se encargó Ramiro Jofre, amigo de los novios, que montó la carpa octogonal bajo la que se celebró la cena, la iluminación o la disposición de las mesas. "Construyó un espacio maravilloso, ensoñador y superromántico, con cientos de velas repartidas por todas partes. También una decoración floral sublime y un montón de detalles en tonos burdeos y verdes, a juego con la fachada de la casa. Creamos varios ambientes: uno próximo a la piscina con un cortador de jamón y un violinista, otro con aperitivos variados, una barra de champán, otra de vinos… Todo para que todos los invitados pudieran conversar y relacionarse entre sí con absoluta soltura", dice Patricia. ¿El plus? La actuación por sorpresa de una cantante, propuesta por Ramiro Jofre, que animó inmediatamente a los invitados.

Las mesas, vestidas con manteles burdeos, se decoraron con esculturas talladas en hielo con cerezas de Estephan, centros de flores de biburmun aguacate, proteas blancas, molucella y calas verdes y frutas en verde lima y marrón chocolate. "Sobre las sillas de hierro forjado pusimos un chal de seda salvaje anudado con un cordón de pasamanería para las invitadas. Nuestra mesa era la única rectangular, tipo 'gran banquete italiano', y en ella sentamos a nuestros amigos más cercanos, a los de toda la vida. Un total de dieciocho, ¡fue muy divertido! Cada una de nuestras madres y hermanos presidió también una mesa distinta".

placeholder El banquete de bodas. (Fotos Isabel Solano)
El banquete de bodas. (Fotos Isabel Solano)

La cena, servida por Isabel Maestre Catering, incluía lasaña de rape con verduras confitadas y salsa al pesto, canetón (pato salvaje) laqueado en dos cocciones con patatas crujientes de San Florentino, salsa al vino tinto y verduras baby, y pastel de crema y almendras. "Fue la excelencia total", subraya la empresaria. Los vinos, blancos Valle Garcia Viognier, regalo de Alfonso Cortina y Míriam Lapique, y tintos, Marqués de Griñón, regalo de nuestro cuñado Carlos", apunta Patricia. "En mitad de la cena, mientras sonaba la banda sonora de 'La Pantera Rosa', le di el ramo a mi cuñada Sofía".

placeholder Patricia Olmedilla entregando su ramo de novia. (Fotos Isabel Solano)
Patricia Olmedilla entregando su ramo de novia. (Fotos Isabel Solano)

"Para abrir el baile elegimos la canción 'The blower's daughter' de Damien Rice, porque nos recuerda al día que nos conocimos. El DJ Eloy Bustos animó la fiesta hasta las siete de la mañana con pop de los 80 y los 90, rock y "canciones que iban de 'La Macarena' a Frank Sinatra, de Mecano a Queen". Días después iniciaron su viaje de novios a Australia, Polinesia y Estados Unidos. "Lo finalizamos en Ibiza, uniéndonos a un grupo de amigos", apunta la novia.

Como una princesa griega

Patricia confió en el diseñador Miguel Palacio, gran amigo suyo, para la confección del vestido de novia. "Le pedí un diseño clásico —quizá demasiado—, y, dos días antes de la boda, Miguel me advirtió: 'Patricia, voy a cambiar el cuerpo del vestido porque vas de Primera Comunión'. En ese momento, estaba tan nerviosa y tan sobrepasada con todos los preparativos, que le dije: 'Ah, pues vale, hazlo'. No le di más vueltas. Cuando mi madre y mi cuñada Teresa fueron a recogerlo, me dijeron 'Tranquila, te va a encantar'. Yo no lo vi hasta el mismo día de la boda y me encantó", rememora.

placeholder El vestido de novia de Patricia Olmedilla. (Fotos Isabel Solano)
El vestido de novia de Patricia Olmedilla. (Fotos Isabel Solano)

¿El resultado? Un vestido de corte helénico realizado en 'duchesse' de seda y tul de seda plumetti, con escote asimétrico y ceñido a la cintura con un cinturón negro de terciopelo. El traje tenía una sola manga y sobre el hombro derecho salía una lazada que caía por detrás hasta el suelo, a modo de cola, de dos metros de largo. Completó el look con unas sandalias de ante blanco con tacón efecto espejo de Juan Antonio López, una diadema de platino y diamantes de Bárcena, el anillo de pedida, un reloj-pulsera antiguo regalo de su suegra y unos pendientes de oro blanco de Carrera & Carrera.

Del peinado, una melena suelta con ondas naturales y ligeramente prendida atrás, y del maquillaje, se encargaron Manu Fernández y Jose Belmonte. El ramo fue un bouquet de rosas blancas. "Mis flores favoritas, sin embargo, son las calas. Por eso, el mismo día de la boda, Gonzalo me regaló un ramo precioso que planté en una maceta enorme. Hoy día, siguen saliendo calas todos los años", señala emocionada Patricia.

Dieciocho años después y con tres hijas en común, Patricia y Gonzalo siguen tan unidos como aquel día de verano. Ella lo subrayó hace un tiempo con un pensamiento rotundo. "Es cierto que me pensé mucho casarme porque para mí era muy importante crear mi propia familia, encontrar al hombre de mi vida. Gonzalo lo es. Lo supe inmediatamente. Y no me equivoqué".

La historia de amor de la empresaria Patricia Olmedilla y el también empresario y duque de Terranova, Gonzalo de la Cierva, comenzó en una fiesta navideña. Ella lo recuerda al detalle. "Un amigo mío, el príncipe yugoslavo Radijove Petrovic Karadjordjevic, me llamó una tarde de diciembre empeñado en que le acompañara a una fiesta en la discoteca 'Pachá' de Madrid. A mí me daba una pereza horrible, pero finalmente fui. Allí coincidí con Gonzalo que, por cierto, estaba disfrazado de Papá Noel, hablamos… Y cuando salí de la fiesta, supe que había sido un encuentro especial. Así fue". Tras dos años de noviazgo, fijaron fecha para casarse: 30 de junio de 2007. "Queríamos una boda tradicional, clásica y familiar. Como somos nosotros y nuestras familias".

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