La boda destino de Elena en Marbella: vestido de alfombra roja, enclave al aire libre y el mar como inspiración
Elena y Aitor viajaron hasta Marbella para celebrar su boda. Un enlace íntimo con una novia feliz, radiante y fiel a su estilo que se enfundó en un traje de Arribas Garamendi
Cambiar de ciudad, de tu residencia habitual, para celebrar tu boda en un enclave diferente, en el que la ilusión supera a los kilómetros. En eso consisten las bodas destino. Una tendencia nupcial en alza que hace que novios e invitados se trasladen a otra ciudad para festejar su amor. Elena y Aitor son una de esas parejas que decidieron trasladar su boda: de Madrid a Marbella con la mirada puesta en el País Vasco. Una fusión para un día único.
"En 2019 mi familia y yo nos mudamos a Durango (Vizcaya), y Aitor resultó ser mi nuevo vecino. No lo había visto nunca y me dio curiosidad. Hasta que un día mi madre, me dijo: “El vecino siempre aparca en nuestra puerta”. Yo le respondí: “Ha venido a recogerme” Y, salí. Así empezó todo", narra la novia para Vanitatis.
Aitor, de 29 años, trabaja como consultor en IQVIA, dentro del sector farmacéutico, y Elena, un año menor, hace lo propio en Huspy, una empresa dedicada al mundo inmobiliario. Aunque se conocieron en el País Vasco y viven en Madrid, viajaron hasta el sur, Marbella, para celebrar su boda.
Ayudados por el equipo de wedding planners de La Boda de Nicoletta, "han sido nuestro salvavidas, organizar una boda en Marbella desde Madrid no es tarea fácil, pero ellas fueron mi punto de apoyo constante: contacto, guía, solución y, sobre todo, paz", dieron forma al enlace de sus sueños.
El 27 de septiembre de 2025, como manda la tradición, la boda se dividió en dos actos. Primero, ceremonia religiosa en la Capilla de la Inmaculada Concepción, ubicada en la exclusiva zona residencial de Guadalmina, y después, banquete y fiesta en una casa familiar.
Convocaron a los esenciales: su lista de invitados nos superó los 115 asistentes entre familiares y amigos directos.
Para vestir aquel día, Elena llamó a las puertas del taller de Arribas Garamendi, liderado por Sofía Arribas. Tal y como contó Vanitatis en primicia, fue a principios de este año cuando la diseñadora dijo adiós a Sophie et voilà, la firma nupcial que fundó en 2010, para crear un universo llamado Arribas Garamendi. Con el cuartel general establecido en Bilbao y otros ateliers entre Zaragoza y Madrid, Sofía viste a algunas de las novias más especiales cada temporada.
El buen hacer con la costura y la creatividad de la diseñadora eran lo que Elena necesitaba para que el traje nupcial que imaginaba cobrase vida.
"Desde hace años me obsesionaba el vestido que la creadora de contenido, Paula Ordovás, llevó a la alfombra roja de los Premios Goya, con aquella falda llena de vida que me pareció pura magia. Cuando llegó el momento de crear mi vestido de novia, quise recuperar esa energía, pero hacerlo mío. Sofía lo entendió a la perfección: reinterpretó la idea con su visión y logró que, en mi gran día, no me sintiera disfrazada de novia, sino plenamente yo", detalla Elena.
Con esa idea, arrancó un proceso de creación que daría sus frutos: dos vestidos de novia con esa misma estética. "El proceso fue, cuanto menos, variopinto: desde mi primera prueba en Bilbao hasta una escapada exprés a Zaragoza y la última en Madrid, para acabar casándome en Marbella. Lo fácil, siempre lo hago difícil, es ya una costumbre. Pero ahora puedo decir que me he vestido de novia en varias ciudades", recuerda.
Arribas nos explica como son los vestidos de novia que realizó para Elena. "El primero, es un vestido con falso escote palabra de honor, base de crepe con volantes, canesú y cola desmontable de tul. Lo peculiar es el segundo vestido, en el que hemos querido mantener la inspiración de los volantes del primero, pero de una forma más divertida, haciendo que sean dos looks unidos por un mismo hilo".
Un segundo look que la directora creativa y diseñadora nupcial hizo realidad en tiempo récord. "Llamé a Sofía a finales de agosto, en plenas vacaciones, histérica porque necesitaba un plan B. Y así surgió el segundo traje, una versión mini del primero".
Un armario de novia en el que colgaban esos dos trajes y que Elena cerró con los complementos adecuados. "Los zapatos fueron de Lili&You, diseñados por Azucena. Laminados en cuero plata. Nunca olvidaré el momento en que me preguntó: “Y tú, ¿con qué zapato te ves?”. Yo, sin pensarlo, respondí: “Con unas Adidas”. Tuvo que alucinar", dice la novia.
En el joyero, su anillo de compromiso, un solitario con diamantes de Suarez, y unos pendientes de diamantes de la madre de Aitor. Por último, el ramo. "Cuando era pequeña vivía en Astola, Abadiño, el lugar donde siempre estará mi corazón. Frente a nuestra casa había un pequeño jardín donde crecían calas; mi madre las recogía, las ponía en agua y las cuidaba cada día. Mi ramo era eso: mi infancia, mi hogar y el rincón al que siempre regreso cuando vuelvo al País Vasco".
Aitor cumplió con el 'dress code' gracias a un traje de chaqueta de Lander Urquijo, zapatos de Carmina Shoes, gemelos de Hermès y "un reloj al que guarda especial cariño".
El día de la boda, Elena se arregló en el Hotel Villa Padierna. De su maquillaje y peinado se encargó el equipo de Milk & Roses. Acompañada de su madre y su cuñado, puso rumbo a la ceremonia religiosa. "Tuvimos invitados de Colombia, México, Emiratos, Perú, Barcelona, País Vasco, Madrid y Sevilla. La misa fue un reflejo de todo ese cruce de caminos: una mezcla de euskera, español y andaluz. Y cuando sonó la Salve Rociera, se nos pusieron los pelos de punta".
Cuando ya eran marido y mujer, cambiaron de ubicación para comenzar los festejos en una finca familiar.
"La decoración de la boda estuvo muy marcada por nuestro catering, Lhardy, y por Rando, que llenó todo de hortensias. Lhardy nos acompañó durante todo el día con un auténtico espectáculo gastronómico. Desde que conocimos a Ángel, nuestro punto de contacto en Lhardy hace un año, supimos que podíamos estar tranquilos", argumenta la novia. Durante el cóctel, "tuvimos varias estaciones de pulpo, jamón, cervezas y quesos, en definitiva, el protagonista fue el buen producto".
Ya en las mesas y en una celebración al aire libre inspirada en el mar, se sirvió un menú con tres platos: salpicón de bogavante, solomillo Wellington de Lhardy y su emblemático soufflé.
Después del primer baile al ritmo de 'Beautiful Thing' de Benson Boone, Elena colgó su primer traje para rendirse ante la comodidad del minivestido que también había salido del taller de Arribas Garamendi.
Cerramos este álbum de boda con la recomendación de Elena para futuras novias. "Si tuviera que dar un consejo a las futuras novias, sería que disfruten del día tanto como lo hice yo. Todo va a salir bien, y el día pasa volando. Si te despistas, se te escapan las horas sin haber disfrutado".
Cambiar de ciudad, de tu residencia habitual, para celebrar tu boda en un enclave diferente, en el que la ilusión supera a los kilómetros. En eso consisten las bodas destino. Una tendencia nupcial en alza que hace que novios e invitados se trasladen a otra ciudad para festejar su amor. Elena y Aitor son una de esas parejas que decidieron trasladar su boda: de Madrid a Marbella con la mirada puesta en el País Vasco. Una fusión para un día único.