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Así son las bodas gastronómicas en Cenador de Amós: "El primer recuerdo de una celebración puede empezar en un bocado"
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ENTREVISTA

Así son las bodas gastronómicas en Cenador de Amós: "El primer recuerdo de una celebración puede empezar en un bocado"

¿Y si organizases tu boda entorno a la mesa y a la experiencia que tus invitados van a vivir? Esta es la filosofía que mueve el trabajo en Cenador de Amós. Vanitatis habla con Marián Martínez, su directora, sobre sus bodas gastronómicas

Foto: Una boda gastronómica firmada por Cenador de Amós. (Foto La huella que dejas)
Una boda gastronómica firmada por Cenador de Amós. (Foto La huella que dejas)

Hay restaurantes que trascienden la mesa para convertirse en una forma de entender la hospitalidad. Eso es lo que lleva más de tres décadas construyendo Marián Martínez junto a Jesús Sánchez al frente de Cenador de Amós, el restaurante cántabro distinguido con tres Estrellas Michelin, Estrella Verde y tres Soles Repsol. Directora, copropietaria y responsable de una de las salas más admiradas de la gastronomía española, Martínez ha hecho de la acogida, el cuidado del detalle y la sensibilidad hacia el comensal una auténtica filosofía de vida. Ahora, esa manera de entender la excelencia da un paso más con una propuesta que traslada el universo gastronómico de Amós al mundo de las bodas y las grandes celebraciones.

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Desde el palacio del siglo XVIII que alberga el restaurante en Villaverde de Pontones hasta fincas, jardines, casas privadas o espacios singulares dentro y fuera de España, Catering y Eventos de Amós lleva la cocina de autor de Jesús Sánchez y el saber hacer de un equipo acostumbrado a la máxima exigencia. El objetivo no es únicamente ofrecer un gran banquete, sino convertir la gastronomía en el gran recuerdo emocional del día.

En esta conversación, Marián Martínez reflexiona sobre cómo han cambiado las bodas, por qué la mesa se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de las celebraciones y qué significa crear experiencias capaces de permanecer en la memoria de los invitados mucho tiempo después de que termine la fiesta.

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Según Marián Martínez, "Lo mejor que tiene Cenador de Amós es su equipo". (Cortesía)

PREGUNTA. Durante mucho tiempo, el vestido, la música o la decoración eran los grandes protagonistas de una boda. ¿En qué momento crees que la gastronomía empezó a ocupar un lugar tan importante en el recuerdo que deja una celebración?

RESPUESTA. Creo que la gastronomía empezó a ocupar ese lugar cuando las parejas entendieron que una boda se recuerda a través de lo que se vive, se comparte y se siente. El vestido emociona, la música acompaña, la decoración envuelve, pero la mesa reúne. Es el momento en el que todos los invitados paran, conversan, celebran y forman parte de una misma experiencia. Hoy la gastronomía tiene un papel esencial porque habla de cómo los novios quieren recibir. Habla de su manera de cuidar a las personas que les acompañan en un día tan importante. Jesús lleva años defendiendo que la cocina puede emocionar, reunir y construir memoria. Ahora esa mirada también está transformando la manera de vivir una boda: el banquete ya no se entiende como un trámite, sino como uno de los grandes momentos del día.

P. Habláis de 'bodas gastronómicas'. ¿Qué diferencia una boda gastronómica de una boda con un buen catering?

R. Una boda gastronómica tiene una intención más profunda: conseguir que la mesa sea uno de los grandes recuerdos del día. En Catering y Eventos de Amós llevamos a cada celebración la esencia de Cenador de Amós: una cocina con criterio propio, firmada por Jesús Sánchez, una mirada muy cuidada de la sala y una forma de recibir que pone al invitado en el centro. Un buen catering puede resolver muy bien una comida. Una boda gastronómica crea conversación. Hace que semanas después los invitados sigan recordando un bocado del cóctel, un plato, un servicio o una sensación. Ahí está la diferencia: producto, oficio, relato y una hospitalidad pensada para emocionar sin imponerse.

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placeholder Una boda gastronómica firmada por Cenador de Amós. (Foto La huella que dejas)
Una boda gastronómica firmada por Cenador de Amós. (Foto La huella que dejas)

P. En Cenador de Amós cada experiencia está construida alrededor de un relato culinario. ¿Cómo se consigue trasladar esa misma identidad a una boda, donde los tiempos y el número de invitados son completamente distintos?

R. Se consigue teniendo muy claro qué somos y cómo queremos hacer sentir. Una boda tiene otros tiempos, otro volumen y otra energía, pero la identidad se mantiene cuando hay criterio. En nuestro caso, ese criterio está en el producto, en el sabor, en la manera de construir el menú y en el cuidado del servicio. Trasladar la esencia de Cenador de Amós a una boda significa adaptar nuestra cocina a un formato de celebración, manteniendo la raíz: el Cantábrico, la precisión, la elegancia, la calidez y una forma de hospitalidad muy nuestra. El objetivo es que el invitado no sienta una reproducción del restaurante, sino una experiencia pensada para esa boda. Que reconozca una manera de hacer. Que perciba que detrás hay una casa, un equipo y una cocina con identidad.

P. El proceso comienza con una conversación con la pareja. ¿Qué descubrís en esa primera reunión que luego termina reflejándose en el menú?

R. En esa primera conversación descubrimos mucho más que gustos gastronómicos. Descubrimos cómo son, qué valoran, cómo imaginan su día, qué tipo de celebración desean compartir y qué quieren que recuerden sus invitados. Hay parejas que buscan una experiencia muy elegante y pausada. Otras desean algo más dinámico, con estaciones, cocina en directo y un ambiente muy vivo. También aparecen detalles personales: un producto que les emociona, una tradición familiar, un lugar, un recuerdo de infancia, una manera de celebrar en casa. Todo eso nos ayuda a construir una propuesta con sentido. El menú debe hablar de la pareja, pero también debe cuidar al invitado. Ahí está el equilibrio: crear una experiencia que tenga personalidad y, al mismo tiempo, funcione de manera impecable para todos.

placeholder La pareja formada por el chef Jesús Sánchez y la directora de sala Marián Martínez, del Cenador de Amó. (EFE/ Cenador de Amós)
La pareja formada por el chef Jesús Sánchez y la directora de sala Marián Martínez, del Cenador de Amó. (EFE/ Cenador de Amós)

P. ¿Ha cambiado también el perfil de los novios? ¿Hoy llegan con una cultura gastronómica mucho más desarrollada que hace diez o quince años?

R. Sí, ha cambiado muchísimo. Hoy las parejas viajan, conocen restaurantes, valoran el producto, entienden la importancia del servicio y quieren que su boda tenga personalidad. Llegan con más criterio y también con más ilusión por crear una experiencia propia. Antes el banquete podía verse como una parte más del día. Ahora muchas parejas lo viven como una declaración de intenciones: así queremos recibir, así queremos celebrar, así queremos cuidar a nuestros invitados. La mesa se ha convertido en una nueva tendencia nupcial porque las parejas buscan celebraciones personales y memorables, con la gastronomía al mismo nivel emocional que el lugar, la música o la decoración. Esa cultura gastronómica nos permite trabajar con más profundidad y crear propuestas que dejan huella.

P. Sueles defender que la sala es mucho más que un servicio: es la encargada de crear una experiencia completa para el comensal. En una boda, donde además hay nervios, emociones e imprevistos, ¿qué importancia tiene ese trabajo invisible del equipo de sala?

R. En una boda la sala es fundamental porque sostiene la experiencia. La hospitalidad de sala es el arte de hacer sentir a cada invitado que el evento fue pensado para él. Eso requiere mirada, presencia y oficio. El trabajo de sala muchas veces se percibe cuando todo fluye: cuando los novios están tranquilos, cuando los invitados se sienten atendidos, cuando los tiempos acompañan, cuando un imprevisto se resuelve con discreción y cuando cada mesa siente que hay alguien pendiente. Para mí, la sala es observación, anticipación y sensibilidad. En una boda hay emoción, nervios, cambios de ritmo y momentos muy importantes. El equipo tiene que leer todo eso sin invadir, acompañando con naturalidad. Ese trabajo invisible es el que permite que los novios disfruten de verdad. Y para nosotros eso tiene un valor enorme.

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P. En un restaurante de tres estrellas Michelin cada detalle está medido. ¿Qué aprendizajes de esa exigencia se trasladan directamente a las bodas y cuáles han tenido que reinventar?

R. La excelencia en un restaurante de tres estrellas Michelin nos ha enseñado a mirar el detalle como parte de una experiencia completa: el producto, los tiempos, la coordinación entre cocina y sala, la puesta en escena y la búsqueda constante de excelencia. Y esa excelencia solo se sostiene cuando todo el equipo trabaja con un mismo propósito. En una boda, cocina, sala y organización tienen que caminar en la misma dirección para que los novios estén tranquilos, los invitados se sientan cuidados y la celebración fluya con naturalidad. Ahí está la diferencia: un grupo de personas trabaja por separado; un equipo construye una experiencia. Y cuando eso ocurre, el invitado no ve el esfuerzo, pero percibe el cuidado.

P. El producto del Cantábrico está muy presente en vuestra cocina. Cuando una boda se celebra fuera de Cantabria, a través de Catering y Eventos de Amós, ¿cómo se mantiene esa identidad sin perder la conexión con el lugar donde se celebra?

R. Nuestra cocina nace en Cantabria y tiene una raíz muy clara: el Cantábrico, el producto, la memoria y una forma de entender el sabor. Cuando viajamos con Catering y Eventos de Amós, llevamos esa identidad con nosotros, pero siempre escuchamos el lugar donde se celebra cada evento. Trabajamos en Cantabria, en distintos puntos de España y también en proyectos internacionales. Este año hemos llevado nuestra cocina a Vietnam, México y California, y eso confirma algo muy bonito: cuando una cocina tiene verdad, puede viajar sin perder su raíz. Puede estar presente en una anchoa, un guiso, un pescado, una técnica, un aperitivo o una manera de servir. Lo importante es que el invitado perciba una cocina con identidad, pero también una experiencia pensada para ese lugar, para esa pareja y para ese momento. La esencia de Amós viaja, pero siempre dialoga con el entorno.

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placeholder Las bodas en Cenador de Amós. (Cortesía)
Las bodas en Cenador de Amós. (Cortesía)

P. Hay una frase que resume muy bien vuestra filosofía: 'que la mesa sea uno de los grandes recuerdos del día'. ¿Qué tiene que ocurrir durante un banquete para que un invitado recuerde esa comida durante años?

R. Tiene que ocurrir algo muy sencillo y muy difícil: que todo tenga sentido. Que el invitado sienta que esa celebración fue pensada también para él. Que el primer bocado del cóctel despierte una mirada de sorpresa. Que el plato principal llegue en el momento exacto. Que el servicio acompañe con naturalidad. Que la cocina tenga sabor, identidad y emoción. Hay eventos que terminan cuando los invitados se van. Y hay celebraciones que continúan en la conversación durante años. Nuestro trabajo es intentar que una boda pertenezca a ese segundo grupo. Que semanas después alguien diga: qué bien comimos, qué cuidado estaba todo, qué diferente fue. Cuando eso sucede, la mesa se convierte en memoria.

P. Después de tantos años observando miles de servicios y cientos de celebraciones, ¿cuál dirías que es el mayor error que cometen algunas parejas al planificar el banquete?

R. El mayor riesgo es pensar el banquete como una suma de decisiones sueltas: el menú por un lado, la decoración por otro, los tiempos por otro, la música por otro. Una boda funciona mejor cuando todo está conectado. La gastronomía tiene que dialogar con el tipo de celebración, con el espacio, con el horario, con el número de invitados y con la personalidad de la pareja. También es importante confiar. Cuando una pareja se deja acompañar por un equipo con experiencia, todo se ordena mejor. Nuestro trabajo consiste precisamente en ayudarles a tomar decisiones que hagan que el día fluya, que los invitados disfruten y que ellos puedan vivirlo con tranquilidad. Una boda inolvidable se construye desde una visión completa. La cocina, la sala, el ritmo y la emoción tienen que caminar en la misma dirección.

P. ¿Crees que estamos entrando en una etapa en la que las bodas buscan menos espectáculo y más autenticidad? ¿Cómo se refleja esa tendencia en la propuesta gastronómica?

R. Sí, claramente. Las parejas buscan celebraciones con más verdad, más personalidad y más sentido. Quieren que su boda hable de ellos, de su forma de vivir y de recibir. En la gastronomía eso se refleja en propuestas más cuidadas, más ligadas al producto, a la temporada y a la experiencia real del invitado. Hay una vuelta al sabor, a la cocina reconocible, a los gestos honestos y a los momentos compartidos. La autenticidad se nota cuando nada está puesto por estar. Cuando un aperitivo, una estación, un plato o un vino tienen un motivo. Esa es una forma de lujo muy actual: hacer que todo parezca natural, aunque detrás haya muchísimo trabajo. Que el invitado disfrute sin sentir el esfuerzo, pero percibiendo el cuidado.

P. Jesús Sánchez y tú lleváis más de tres décadas construyendo un proyecto juntos. ¿Hay algo de esa forma de entender la hospitalidad y el trabajo en equipo que también intentan transmitir a las parejas que celebran allí uno de los días más importantes de su vida?

R. Sí. Después de tantos años, entendemos la hospitalidad como una manera de cuidar. Jesús y yo hemos construido Cenador de Amós desde la cocina, la sala, la constancia y una visión compartida. Eso también lo trasladamos a las bodas: la importancia de confiar en un equipo, de trabajar con calma, de tener un criterio y de poner a las personas en el centro. Una boda es un día muy importante, pero también es un ejercicio de confianza. La pareja nos abre una parte muy íntima de su vida y nos pide que la acompañemos en una celebración irrepetible. Para nosotros eso implica responsabilidad, respeto y mucha ilusión. Queremos que sientan que detrás de cada decisión hay un equipo que cuida su día como algo único. Y creo que ahí está una parte muy importante de nuestro valor: no solo hacemos gastronomía, acompañamos una emoción.

P. Después de todo lo que hemos hablado, ¿qué crees que hace que una boda permanezca de verdad en la memoria?

R. Que todo tenga alma y sentido. Una boda permanece cuando los novios se reconocen en cada detalle y los invitados sienten que han sido cuidados de verdad. Cuando la cocina emociona, la sala acompaña, el ritmo fluye y la celebración tiene una personalidad propia. Para mí, una boda inolvidable es aquella que sigue viva en la conversación mucho después de que haya terminado. Y esa conversación muchas veces nace alrededor de la mesa: en un bocado del cóctel, en un plato que sorprende, en una atención discreta, en esa sensación de que todo estaba pensado para hacerles disfrutar.

P. Cuando termina el servicio y los novios se despiden, ¿qué te gusta pensar que se llevan como recuerdo de la experiencia que habéis creado?

R. Me gusta pensar que se van tranquilos, felices y orgullosos de cómo han recibido a sus invitados. Que sienten que su boda ha tenido su personalidad, que la mesa ha estado a la altura del día y que las personas que quieren se han sentido cuidadas. También me emociona pensar que se llevan pequeños recuerdos: una mirada al entrar, el primer aperitivo, un plato que sorprendió, un brindis, una mesa llena de conversación, un comentario de un invitado diciendo que ha vivido algo especial. Al final, una boda se compone de muchos instantes. Nuestro trabajo es hacer que esos instantes tengan belleza, sabor y memoria. Que los novios puedan despedirse pensando: esto era exactamente lo que queríamos que vivieran nuestros invitados.

placeholder Unos novios que se dieron el 'sí, quiero' con ellos. (Foto La huella que dejas)
Unos novios que se dieron el 'sí, quiero' con ellos. (Foto La huella que dejas)

P. Viendo cómo ha evolucionado el sector en los últimos años, ¿cómo imaginas las bodas del futuro? ¿Qué papel crees que jugará la gastronomía dentro de diez años?

R. Imagino bodas más personales, más conscientes y más vinculadas a la experiencia. La gastronomía tendrá un papel cada vez más importante porque las parejas buscarán propuestas con identidad, con producto, con relato y con una forma de cuidar muy honesta. Creo que veremos celebraciones menos estandarizadas y más diseñadas alrededor de lo que la pareja quiere transmitir. La cocina en directo, los productos de temporada, la sostenibilidad, la conexión con el territorio y la calidad del servicio serán cada vez más valorados. Jesús Sánchez está contribuyendo a situar las bodas gastronómicas en un lugar nuevo: el de una experiencia de autor que no pertenece solo al restaurante, sino también a los grandes momentos de la vida. Dentro de diez años, la gastronomía será una de las grandes formas de contar quiénes son los novios y cómo quieren recordar su día. Y también creo que veremos más parejas buscando equipos capaces de llevar una experiencia gastronómica de alto nivel allí donde decidan celebrar: una finca, una casa familiar, un espacio especial o incluso otro país. Ahí Catering y Eventos de Amós tiene mucho que aportar, porque nuestra esencia puede viajar manteniendo su identidad.

P. Y, por último, después de tantos años dedicándote a la hospitalidad, ¿qué sigue emocionándote cada vez que empieza una nueva celebración?

R. Me sigue emocionando la confianza. Cada pareja llega con una ilusión enorme y nos entrega una parte muy importante de su historia. Eso nunca se convierte en rutina. Me emociona ver cómo un espacio se transforma, cómo el equipo se coordina, cómo la cocina y la sala trabajan con un mismo pulso, cómo los invitados empiezan a disfrutar y cómo los novios se relajan porque sienten que todo está en su sitio. Después de tantos años, sigo creyendo que la hospitalidad tiene algo muy bonito: la posibilidad de hacer que las personas se sientan cuidadas en un momento que recordarán toda la vida. Y cuando un invitado recuerda un bocado, una atención, una mesa o una sensación semanas después, entiendo que todo el trabajo ha tenido sentido.

Hay restaurantes que trascienden la mesa para convertirse en una forma de entender la hospitalidad. Eso es lo que lleva más de tres décadas construyendo Marián Martínez junto a Jesús Sánchez al frente de Cenador de Amós, el restaurante cántabro distinguido con tres Estrellas Michelin, Estrella Verde y tres Soles Repsol. Directora, copropietaria y responsable de una de las salas más admiradas de la gastronomía española, Martínez ha hecho de la acogida, el cuidado del detalle y la sensibilidad hacia el comensal una auténtica filosofía de vida. Ahora, esa manera de entender la excelencia da un paso más con una propuesta que traslada el universo gastronómico de Amós al mundo de las bodas y las grandes celebraciones.

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