El compañero constante en la vida moderna podría ser perfectamente el estrés, que tiene un impacto significativo en muchos aspectos de la salud, y la sexualidad no es una excepción. Esto refleja una compleja interacción entre las presiones diarias y la vida sexual, donde el deseo puede verse opacado por preocupaciones y tensiones acumuladas.
La psicóloga y terapeuta sexual Andrea Aguilar habla sobre todo ello para Europa Press. El efecto del estrés hace que el sistema nervioso simpático -el que activa respuestas de lucha o huida ante el estrés- se dispare. “Tenemos vidas muy estresadas y es normal que, en este contexto, no tengas ganas de sexo, o si lo haces que no estés conectando con las sensaciones de placer porque tu cuerpo está en modo supervivencia; aunque es algo que mantenemos por un largo periodo de tiempo”, detalla la experta.
Conocer tu cuerpo ayuda a mejorar la sexualidad. (Unsplash/Giorgio Trovato)
En este sentido, también ha publicado el libro Mujer orgásmica, en el que explora la sexualidad femenina, enfocándose en el orgasmo y el placer, empoderando a las mujeres para comprender su cuerpo y mejorar su vida sexual. Tras todo su trabajo de profundidad en este campo, revela que “llevamos tantas generaciones que llevan soportando de forma inconsciente tantos abusos, que a veces de manera inconsciente, y mientras nuestros cuerpos están teniendo sexo se pone en alerta como si el acto sexual estuviera poniendo en peligro a la persona”, según Europa Press.
“Debemos aprender a escuchar las respuestas de nuestro cuerpo”, avisa la experta en sexualidad. Este análisis y conclusiones de Andrea Aguilar revela una realidad compleja en la sexualidad femenina. A pesar de que muchas mujeres experimenten excitación, la presión de años y las preocupaciones dificultan la capacidad para entregarse al orgasmo. Entender estos patrones es esencial para fomentar relaciones más saludables y, sobre todo, satisfactorias para todas las personas involucradas.
El compañero constante en la vida moderna podría ser perfectamente el estrés, que tiene un impacto significativo en muchos aspectos de la salud, y la sexualidad no es una excepción. Esto refleja una compleja interacción entre las presiones diarias y la vida sexual, donde el deseo puede verse opacado por preocupaciones y tensiones acumuladas.