Cada lenguaje del amor tiene un trato tóxico consigo mismo asociado según Pablo André, consultor y mentor
Lo que usas para amar a otros, lo usas también para castigarte. La forma en que aprendiste a querer puede estar interfiriendo en cómo te tratas a ti mismo
¿Y si la manera en que das amor fuera también la forma en la que te haces daño? Pablo André, consultor y mentor especializado en desarrollo personal, lanza una reflexión poderosa: cada lenguaje del amor tiene su propia sombra, un mecanismo de autocastigo silencioso, pero profundamente arraigado.
“Si tu lenguaje del amor es el servicio, no vas a pedir ayuda”, advierte André. Quienes expresan afecto a través de cuidar a los demás suelen sentirse incómodos cuando les toca recibir ese mismo cuidado. Lo mismo ocurre con el tiempo de calidad: “Vas a aislarte”, afirma. Paradójicamente, quienes valoran la presencia plena de otros, tienden a negársela a sí mismos.
La lista continúa: el afecto físico puede convertirse en agresión contra uno mismo —“mordiéndote las uñas, fumando, rascándote”—; el halago se transforma en crítica interna despiadada; y quienes ven en los regalos su forma de amar, a menudo sienten que “no merecen más”, atrapados en una narrativa de insuficiencia.
Esta dinámica, según André, puede remontarse a la infancia. “Tal vez tus padres te quisieron como tenían que quererte, solo que tú no sentías merecer”. La clave no está en cuánto amor se recibió, sino en cómo se interpretó en ese momento y cómo se arrastra durante los años posteriores. Y esa percepción es lo que realmente puede marcar toda tu vida.
Quererse a uno mismo, el primer paso para amar y ser amado. (Pexels/Hassan Ouajbir)
El ejercicio que propone es brutalmente honesto: reconocer el lenguaje del amor de cualquier persona: hermanos, padres, hijos… entender cómo lo expresaron —aunque tú no lo supieras leer en su momento— y pedir perdón. No porque hayas hecho algo mal, sino por no haber sabido ver antes. Por ejemplo, “papá, mamá, os quiero pedir perdón por no haber sido consciente de cuál es vuestro lenguaje del amor”, sugiere decir. “Y también os quiero pedir perdón por si en algún momento de vuestra vida no os sentisteis queridos por mi parte”.
No hace falta una gran disculpa ni ceremonia, ni años de terapia para hacerlo, simplemente es reconocerlo y darnos cuenta de que “en ese momento vas a sanar dos minutos”, asegura.
¿Y si la manera en que das amor fuera también la forma en la que te haces daño? Pablo André, consultor y mentor especializado en desarrollo personal, lanza una reflexión poderosa: cada lenguaje del amor tiene su propia sombra, un mecanismo de autocastigo silencioso, pero profundamente arraigado.