Los expertos explican que, cuando alguien oculta algo importante, su lenguaje corporal tiende a desajustarse respecto a lo que dice. Esto puede manifestarse en microexpresiones faciales —pequeños gestos que duran fracciones de segundo— que delatan incomodidad o contradicción. Por ejemplo, una sonrisa forzada que no llega a los ojos, o un cambio repentino en la expresión al tocar un tema delicado. Otro indicio clave es la variación en el tono y el ritmo de la voz. Las personas que mienten suelen tardar más en responder, llenar el discurso con muletillas o hablar más rápido de lo habitual para terminar pronto con el tema. También pueden aparecer gestos repetitivos como tocarse la cara, frotarse las manos o cruzar los brazos como barrera protectora.
Los pequeños gestos nos darán las pistas para saber si una persona es infiel o no. (iStock)
El contacto visual es otro factor revelador. Si bien no mirar a los ojos puede indicar evasión, mirar de forma excesiva y fija también puede ser una estrategia para 'parecer sincero' y, paradójicamente, acabar resultando artificial. El secreto está en detectar cambios respecto al comportamiento habitual de esa persona, no en aplicar una regla universal. Además, incluso el sentido del olfato puede aportar pistas: algunas investigaciones señalan que una variación en el aroma corporal, causada por cambios hormonales asociados a la atracción o la excitación, podría notarse en interacciones cercanas.
Eso sí, los psicólogos insisten en que ninguna señal aislada confirma una infidelidad. Lo importante es observar el conjunto de comportamientos, especialmente cuando aparecen de forma repentina y en contextos donde no había tensión previa. Una conversación relajada, con preguntas abiertas y observación atenta, puede ser suficiente para que las incongruencias salgan a la luz… aunque la otra persona intente ocultarlas. Porque al final, por mucho que tratemos de controlar lo que decimos, el cuerpo siempre encuentra una forma de contar su propia verdad.