A lo largo del día, muchas de nuestras preocupaciones se perciben como manejables. Sin embargo, al caer la noche, esas mismas inquietudes pueden intensificarse y adquirir un tono más alarmante, alimentando pensamientos repetitivos, negativos o sin solución aparente. Esta transformación no es una casualidad ni una señal de debilidad, sino el reflejo de un proceso neurobiológico documentado por la ciencia.
Lucía Luengas, psicóloga sanitaria, lo explica en un reel compartido en sus redes sociales: “¿Por qué todo parece peor por la noche? ¿Alguna vez te has ido a dormir con mil preocupaciones y al día siguiente te preguntas por qué todo parecía tan grave? No es casualidad. Por la noche, tu cerebro interpreta la información de forma diferente y te explico por qué”.
En las horas de vigilia, la corteza prefrontal —zona del cerebro encargada de regular las emociones y tomar decisiones racionales— permanece activa, según explica la experta. Esta región actúa como un filtro que permite evaluar las situaciones con perspectiva. Sin embargo, al acercarse la hora de dormir, su actividad disminuye. A la vez, aumentan los niveles de melatonina, desciende la serotonina y se reduce la capacidad de autorregulación emocional. En consecuencia, el sistema límbico, especialmente la amígdala, gana protagonismo, generando pensamientos “más catastróficos, circulares o pesimistas”, señala Luengas.
Este fenómeno se conoce como 'nighttime anxiety' o ansiedad nocturna, y ha sido ampliamente abordado en estudios sobre trastornos del sueño y regulación emocional. No se trata de un fallo personal, sino de una respuesta cerebral condicionada por los ritmos biológicos.
Recomienda una buena higiene del sueño. (Pexels / Polina)
Para evitar que esta activación emocional nocturna nos arrastre, la especialista aconseja: “Evita tomar decisiones importantes por la noche. Escribe lo que te preocupa en un papel o en una nota del móvil y revísalo por la mañana. Mantén rutinas de descanso estables, reduce el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir y prioriza la exposición a luz solar durante el día para regular tus ritmos circadianos”.
Comprender cómo cambia el funcionamiento del cerebro según el momento del día puede ayudarnos a cuidar mejor de nuestra salud mental y a afrontar la ansiedad con más herramientas y menos culpa.
A lo largo del día, muchas de nuestras preocupaciones se perciben como manejables. Sin embargo, al caer la noche, esas mismas inquietudes pueden intensificarse y adquirir un tono más alarmante, alimentando pensamientos repetitivos, negativos o sin solución aparente. Esta transformación no es una casualidad ni una señal de debilidad, sino el reflejo de un proceso neurobiológico documentado por la ciencia.