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Esta es la edad a la que la mayoría de personas son menos felices, según la curva de la felicidad trazada por un estudio científico
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Esta es la edad a la que la mayoría de personas son menos felices, según la curva de la felicidad trazada por un estudio científico

La ciencia no puede evitar que lleguemos a ese valle emocional, pero sí puede ofrecer una certeza inesperada: no dura para siempre

Foto: Existen señales menos obvias que la tristeza que solemos pasar por alto (iStock)
Existen señales menos obvias que la tristeza que solemos pasar por alto (iStock)

La felicidad parece caprichosa, difícil de medir y casi imposible de encerrar en una gráfica. Sin embargo, un nuevo estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), liderado por el economista David G. Blanchflower, demuestra que existe un patrón sorprendentemente claro y universal: hay una edad concreta en la que el bienestar humano toca fondo. Da igual el país, los ingresos o el contexto personal. La curva se repite una y otra vez.

El análisis, basado en miles de personas de Estados Unidos y Europa, trazó una trayectoria emocional que inquieta tanto como fascina. Según el estudio, la felicidad es alta en la juventud, va descendiendo lentamente durante la adultez y alcanza su punto más bajo alrededor de los 47 años. Después, y contra lo que muchos podrían esperar en un momento de mayor madurez, la curva vuelve a ascender. Blanchflower sintetiza este fenómeno en una frase que ya circula entre economistas y psicólogos: “La felicidad tenía forma de U con la edad y la infelicidad tenía forma de joroba”. Lo más llamativo es que esta curva se mantiene intacta incluso al ajustar variables como nivel educativo, ingresos, estado civil, empleo o país.

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La universabilidad del patrón es tan fuerte que incluso se detectó en un estudio paralelo con grandes simios. Chimpancés y orangutanes mostraron un declive emocional similar a mitad de la vida, lo que sugiere que la llamada “crisis de la mediana edad” podría estar vinculada a factores biológicos más que culturales.

Los expertos suelen asociar el desplome del bienestar entre los 30 y los 40 años a la llamada “carga acumulada”: responsabilidades profesionales cada vez más exigentes, presiones económicas, crianza y cuidado familiar, y la sensación creciente de que el tiempo nunca es suficiente. Es una etapa en la que se acumulan obligaciones más rápido que satisfacciones visibles. Sin embargo, el giro llega a partir de los 50: la curva cambia de sentido y sube de forma lenta pero constante durante décadas. Personas de 50, 60 e incluso 70 años reportan niveles de satisfacción comparables a los de su infancia o adolescencia. Vuelve la perspectiva, se reducen las comparaciones y las prioridades se clarifican.

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Este repunte no depende del país. Estados Unidos, España, Alemania, Reino Unido o Francia muestran la misma inflexión positiva tras la mediana edad. La conclusión es tan desconcertante como tranquilizadora: la etapa emocional más dura es un fenómeno universal, pero también temporal.

La ciencia no puede evitar que lleguemos a ese valle emocional, pero sí puede ofrecer una certeza inesperada: no dura para siempre. Después de los 47, la curva vuelve a subir… y con fuerza. Por primera vez, la estadística funciona como un pequeño consuelo: la felicidad, casi inevitablemente, regresa.

La felicidad parece caprichosa, difícil de medir y casi imposible de encerrar en una gráfica. Sin embargo, un nuevo estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), liderado por el economista David G. Blanchflower, demuestra que existe un patrón sorprendentemente claro y universal: hay una edad concreta en la que el bienestar humano toca fondo. Da igual el país, los ingresos o el contexto personal. La curva se repite una y otra vez.

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