¿Cómo alcanzar la felicidad en un mundo que no deja de acelerarse? Esta pregunta ocupó gran parte de la vida y la obra del filósofo y maestro budista Thich Nhat Hanh (Vietnam, 1926-2022), una de las figuras más influyentes del budismo moderno y un referente mundial en la práctica del mindfulness. Sus enseñanzas, difundidas en decenas de libros, señalan una amenaza común para el bienestar: la hiperactividad mental que caracteriza a la sociedad contemporánea.
Para Thich Nhat Hanh, el mundo actual ha creado “la fórmula perfecta para la infelicidad”. Lo definía como un entorno hiperestimulado, “un amasijo de mentes que no paran de producir, pensar y consumir”. Su análisis partía de una observación profunda: consumimos sin parar, no solo alimentos, sino cualquier estímulo que entra por los sentidos.
Thich Nhat Hanh, en una foto de archivo. (Thich Nhat Hanh Spain)
El maestro budista recordaba una enseñanza ya mencionada por el propio Buda: los seres humanos “comemos” con todos los sentidos. No solo ingerimos alimentos por la boca; también nos nutrimos —o intoxicamos— con lo que vemos, escuchamos y pensamos. En su libro 'Cómo escuchar', Hanh enumeraba esta “comida invisible”: “Un programa de televisión es comida; una conversación es comida; la música es comida; el arte es comida; las vallas publicitarias son comida”. Al desplazarnos por la ciudad, decía, consumimos imágenes, sonidos y mensajes sin darnos cuenta, muchas veces sin elegirlos de manera consciente.
El problema aparece cuando esa dieta sensorial está cargada de estímulos dañinos. “Si no sabemos consumir con atención, las toxinas de la violencia, la desesperación y el ansia penetran hasta lo más profundo de nuestro ser”, advertía. La solución no es desconectarse del mundo, insistía, sino aprender a consumir “con plena consciencia”. La sobrecarga sensorial no es la única responsable de nuestro malestar. Según Thich Nhat Hanh, una fuente todavía más persistente está dentro de nuestra propia mente: la tendencia a pensar sin pausa. “La mayoría de nosotros tenemos una radio sonando constantemente en nuestra cabeza, sintonizada en la emisora Radio NPP (Radio No Parar de Pensar)”, explicaba el monje con ironía.
Thich Nhat Hanh, en una foto de archivo. (EFE)
Ese flujo mental, señalaba, está lleno de pensamientos improductivos que circulan “como si se tratase de una autopista”, sin orden, sin pausa y sin propósito. Para él, pensar demasiado no era un signo de lucidez, sino una barrera que nos separa de la vida real: “Cuanto más pensamos, menos disponibles estamos para todo aquello que nos rodea”. La mente hiperactiva, decía, nos distrae del momento presente, nos corta el acceso a la verdadera calma y nos roba la capacidad de disfrutar de las cosas sencillas.
¿Qué hacer, entonces, para recuperar la claridad y la alegría? La respuesta de Thich Nhat Hanh era sencilla, aunque profundamente transformadora: aprender a apagar la radio de nuestra cabeza. “Tenemos que dejar de pensar para poder disfrutar plenamente del momento presente”, afirmaba. No se trata de reprimir la mente, sino de observarla con atención. Cuando dejamos de identificarnos con el ruido mental y volvemos al cuerpo —a la respiración, a los sentidos, a la experiencia inmediata—, la “radio” pierde volumen. En ese silencio, explicaba, puede surgir la verdadera felicidad: una sensación de conexión con lo que ocurre aquí y ahora.
¿Cómo alcanzar la felicidad en un mundo que no deja de acelerarse? Esta pregunta ocupó gran parte de la vida y la obra del filósofo y maestro budista Thich Nhat Hanh (Vietnam, 1926-2022), una de las figuras más influyentes del budismo moderno y un referente mundial en la práctica del mindfulness. Sus enseñanzas, difundidas en decenas de libros, señalan una amenaza común para el bienestar: la hiperactividad mental que caracteriza a la sociedad contemporánea.