Mapi Herrero, nutricionista infantil: "Uno de los grandes problemas que tienen los niños con los desayunos es que los horarios se van sincronizando a los horarios sociales"
Mapi Herrero, nutricionista infantil: "Uno de los grandes problemas que tienen los niños con los desayunos es que los horarios se van sincronizando a los horarios sociales"
Comer bien, también en la infancia, se parece menos a imponer y más a acompañar, de esta forma, evitamos que la alimentación se convierta en una moneda de cambio
Las mañanas con niños suelen ir con el reloj pegado a la nuca. Entre levantarles, vestirles y salir hacia el cole, el desayuno acaba siendo, muchas veces, una negociación eterna con los peques que acaba en una comida rápida y mal hecha. La nutricionista infantil Mapi Herrero pone el foco en una idea que ayuda a entender por qué sucede. “Uno de los grandes problemas que tienen los niños con los desayunos es que los horarios se van sincronizando a los horarios sociales”, explica, y con ello señala que el apetito infantil no siempre encaja con la rutina adulta.
Herrero aborda esta cuestión desde un punto más amplio. No se trata solo de qué comen, sino de cómo se construye el deseo alrededor de la comida. Según la experta, hay alimentos que reciben un “valor reforzado” en casa, mientras que otros quedan en la categoría de obligación. Por eso propone mirar con lupa un hábito muy común. Premiamos con dulces, celebramos ciertas elecciones y, sin querer, convertimos frutas y verduras en lo que “toca” comer.
Para explicarlo, recurre a un ejemplo muy gráfico. Si un niño tuviera que desayunar a diario algo muy deseado, como chocolate con churros, acabaría cansándose igual que se cansan de lo impuesto. La idea, en el fondo, apunta a un cambio de enfoque. No es la fruta la que falla, es el contexto emocional con el que se presenta. Cuando un alimento se asocia a presión, premio o castigo, deja de ser neutral y se carga de significado, y eso puede provocar rechazo.
La nutricionista también lanza un mensaje que suele aliviar a muchas familias. No siempre es dramático que un niño salga de casa sin desayunar, siempre que después tenga oportunidad real de comer. Ahí entra el matiz de los horarios. Si un peque no tiene hambre a primera hora, forzar puede ser contraproducente, pero el problema aparece cuando el colegio no permite un margen de almuerzo o cuando la estructura del día no acompasa ese hambre más tardía. En ese punto, Herrero insiste en que la solución no pasa tanto por “obligar” como por adaptar la logística.
Insiste en que la solución no pasa tanto por “obligar” como por adaptar la logística (Pexels)
En la misma línea, otras voces de la nutrición infantil recuerdan que insistir demasiado puede volverse en contra. Frases como “si no te la comes, no juegas” o “si te la comes, te doy un dulce” acaban vinculando la comida a tensión, culpa o recompensa, y eso distorsiona la relación con los alimentos desde muy pronto. Frente a esa dinámica, el consejo suele ser más sencillo de lo que parece. Ofrecer de forma constante, sin convertirlo en pulso, normalizar su presencia y bajar el volumen emocional del momento comida.
Las mañanas con niños suelen ir con el reloj pegado a la nuca. Entre levantarles, vestirles y salir hacia el cole, el desayuno acaba siendo, muchas veces, una negociación eterna con los peques que acaba en una comida rápida y mal hecha. La nutricionista infantil Mapi Herrero pone el foco en una idea que ayuda a entender por qué sucede. “Uno de los grandes problemas que tienen los niños con los desayunos es que los horarios se van sincronizando a los horarios sociales”, explica, y con ello señala que el apetito infantil no siempre encaja con la rutina adulta.