La palabra consumir se ha convertido en uno de los verbos centrales del siglo XXI. Consumimos objetos, información, imágenes, opiniones y estilos de vida con una facilidad inédita. Lo hacemos casi sin darnos cuenta, como un acto reflejo que atraviesa cada jornada. Sin embargo, mucho antes de la era digital, Buda ya había situado esta idea en el corazón de su enseñanza, una reflexión que el maestro zen Thich Nhat Hanh recuperó y desarrolló en su libro Cómo escuchar.
Para el monje vietnamita, la forma en la que consumimos determina nuestra felicidad mucho más de lo que solemos imaginar. Su punto de partida es tan sencillo como revolucionario:todo es alimento. No solo aquello que llevamos a la boca, sino también lo que vemos, escuchamos, tocamos y pensamos. “Comemos con nuestros seis órganos sensoriales: ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo y mente”, explicaba Thich Nhat Hanh, ampliando de forma radical el concepto de nutrición.
Thich Nhat Hanh, en una foto de archivo. (EFE)
Desde esta perspectiva, un programa de televisión, una conversación cotidiana, una canción, una obra de arte o incluso una valla publicitaria se convierten en comida para la mente. Todo lo que entra por los sentidos acaba formando parte de nosotros, nos moldea y nos transforma, del mismo modo que lo hacen los alimentos físicos. Y, como estos, puede fortalecernos o debilitarnos. La gran diferencia es que, mientras solemos elegir con cuidado lo que comemos, rara vez prestamos atención a lo que consume nuestra mente. “Cuando conduces por la ciudad, consumes todas estas cosas sin darte cuenta ni consentirlas”, advertía el maestro. La exposición constante a estímulos convierte el consumo mental en un acto inconsciente, automático, del que apenas somos responsables a primera vista.
FILE PHOTO: French-based Buddhist zen master Thich Nhat Hanh gestures during his arrival at Suvarnabhumi airport in Bangkok October 11, 2010. REUTERS Chaiwat Subprasom File Photo
Según el maestro budista, la clave no está en consumir más o menos, sino en consumir con conciencia plena. Cuando no somos conscientes de lo que entra en nuestra mente, las toxinas penetran profundamente y condicionan nuestra forma de ver el mundo. Aprender a observar qué nos alimenta y qué nos desgasta se convierte así en un acto de responsabilidad personal.
Pero el mensaje de Thich Nhat Hanh no es pesimista. Al igual que existen alimentos mentales que intoxican, hay otros que sanan. Escuchar a una persona llena de compasión, comprensión y paciencia es, para él, una forma de nutrición saludable. Leer, dialogar, escuchar música o rodearse de belleza y amabilidad son prácticas que generan pensamientos más sanos y relaciones más humanas.
La palabra consumir se ha convertido en uno de los verbos centrales del siglo XXI. Consumimos objetos, información, imágenes, opiniones y estilos de vida con una facilidad inédita. Lo hacemos casi sin darnos cuenta, como un acto reflejo que atraviesa cada jornada. Sin embargo, mucho antes de la era digital, Buda ya había situado esta idea en el corazón de su enseñanza, una reflexión que el maestro zen Thich Nhat Hanh recuperó y desarrolló en su libro Cómo escuchar.