Para Küppers, la alegría no aparece por arte de magia ni depende exclusivamente del temperamento. "No es un tema genético", repite en distintas intervenciones, como la que ofreció en el programa Aprendemos juntos BBVA. A su juicio, la alegría se aprende y se entrena, del mismo modo que se fortalecen otras habilidades. Se trata de educar la mirada para detectar antes lo positivo que lo negativo y reducir la queja constante que, según advierte, desgasta y contamina el ánimo.
Sin embargo, el conferenciante no ignora la realidad. Defiende que para construir una alegría sólida hacen falta unos cimientos mínimos. "Para vivir con alegría hacen falta tres cosas", explica con claridad. La primera es llegar con cierta dignidad a final de mes; la segunda, que no haya nadie cercano gravemente enfermo; y la tercera, tener personas a las que quieres y que te hacen sentir querido. Son condiciones básicas —materiales y emocionales— que permiten sostener esa actitud vital en el tiempo.
En sus conferencias también insiste en otros pilares que complementan esa visión positiva: ser buena persona, cultivar relaciones significativas y convertir lo ordinario en extraordinario. Para él, el verdadero éxito no se mide solo en logros profesionales, sino en la huella que dejamos en los demás y en la coherencia con nuestros valores.