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Sandra Ferrer, psicóloga: "Esta es la razón por la cual te inventas películas de amor con gente que no te da ni la hora"
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Sandra Ferrer, psicóloga: "Esta es la razón por la cual te inventas películas de amor con gente que no te da ni la hora"

Hay historias que apenas existen en la realidad, pero que se viven con una intensidad desbordante, y entender por qué ocurre esto tiene mucho que ver con cómo nos vinculamos emocionalmente

Foto: La psicóloga Sandra Ferrer, en sus redes sociales. (Instagram/@programamia))
La psicóloga Sandra Ferrer, en sus redes sociales. (Instagram/@programamia))

Hay historias que apenas existen en la realidad, pero ocupan muchísimo espacio por dentro. Un mensaje, una noche intensa, una conexión puntual o unas cuantas señales ambiguas pueden bastar para que alguien empiece a construir una relación casi entera en su cabeza. La psicóloga Sandra Ferrer pone el foco en ese mecanismo y plantea una explicación que va bastante más allá de la simple idealización romántica.

Su punto de partida es incómodo, pero muy revelador: a veces no se busca tanto a la otra persona como lo que esa intensidad evita sentir. “Hay algo todavía más doloroso que el vaivén de alguien que está y no está: la nada”, explica. Y ahí aparece una de las claves de su análisis: para ciertos perfiles afectivos, especialmente los más ansiosos o preocupados, el vacío emocional resulta más difícil de sostener que el propio sufrimiento.

placeholder Las claves para disfrutar de una relación de pareja sana. (Pexels)
Las claves para disfrutar de una relación de pareja sana. (Pexels)

Según Ferrer, cuando una relación es ambivalente —cuando hay momentos de cercanía, pero no estabilidad, reciprocidad ni seguridad— algunas personas se quedan enganchadas a la parte buena del vínculo y pierden de vista el conjunto. No ven el “pastel completo”, sino solo aquello que activa ilusión, deseo o esperanza. La parte racional queda relegada, y las decisiones empiezan a tomarse desde una emocionalidad completamente disparada.

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En ese contexto, la fantasía cumple una función muy concreta. No sería solo una distorsión romántica, sino una especie de analgésico emocional. Imaginar, reinterpretar, darle vueltas a lo vivido o exagerar la conexión ayuda a no entrar en contacto con algo mucho más difícil: la sensación de abandono, de no ser visto o de que, en realidad, ahí no hay vínculo.

Ferrer lo explica a través de lo que llama estilo preocupado, una forma de vincularse muy ligada al apego ansioso. En ese patrón, la persona pone muchísimo valor en el otro y muy poco en sí misma. Vive pendiente de las señales afectivas ajenas, evalúa constantemente si le quieren, si le van a elegir o si la relación sigue viva, y acaba hiperactivándose ante cualquier signo de distancia.

Por eso, cuando esa figura afectiva no da estabilidad, lo que aparece no siempre es retirada, sino más persecución. Más pensamiento, más necesidad de aclarar, más urgencia por escribir, llamar o reabrir la historia. No tanto porque la relación funcione, sino porque ese movimiento interno da una falsa sensación de conexión. El drama hace ruido, y ese ruido tranquiliza más que el silencio, aunque duela.

placeholder Las relaciones de pareja que se muestran no corresponden a lo que deberían ser. (Pexels)
Las relaciones de pareja que se muestran no corresponden a lo que deberían ser. (Pexels)

La psicóloga insiste en que cuando una persona está tomada por esa hiperactivación emocional, su parte más lúcida se debilita mucho. La intensidad lo ocupa todo y el córtex más racional queda en segundo plano. De ahí que alguien pueda saber perfectamente que una relación no le conviene y, aun así, seguir buscándola o fantaseándola.

En ese sentido, Ferrer plantea algo especialmente interesante: no siempre se lucha por amor, a veces se lucha para no sentir el vacío. Mantener el conflicto, el reclamo o la esperanza evita enfrentarse a la calma, y esa calma, para ciertos perfiles, no se vive como paz, sino como amenaza. Si no pasa nada, si no hay mensaje, si no hay tensión, aparece la nada. Y la nada se parece demasiado a la soledad más profunda.

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También señala que esa intensidad puede confundirse con vínculo real cuando, en realidad, muchas veces es solo pseudoconexión. Hay movimiento emocional, sí, pero no necesariamente intimidad. De hecho, una de las ideas más llamativas de su reflexión es que algunas personas creen que están buscando una relación estable cuando, en la práctica, están evitando justo eso. Mientras luchan por algo imposible o intermitente, no dejan espacio para una relación verdaderamente sana.

Desde su perspectiva, el problema no es solo enamorarse de quien no corresponde, sino necesitar sentir constantemente algo para no caer en el vacío. Ahí es donde la fantasía se vuelve tan poderosa: porque mantiene encendida la emoción, aunque el vínculo real apenas exista.

Hay historias que apenas existen en la realidad, pero ocupan muchísimo espacio por dentro. Un mensaje, una noche intensa, una conexión puntual o unas cuantas señales ambiguas pueden bastar para que alguien empiece a construir una relación casi entera en su cabeza. La psicóloga Sandra Ferrer pone el foco en ese mecanismo y plantea una explicación que va bastante más allá de la simple idealización romántica.

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