Inma Puig, psicóloga: "Las personas, todas, necesitamos lo mismo para sentirnos bien, lo que cambia es la dosis"
En tiempos en los que la prisa parece marcar el ritmo de la vida, aprender a reconocer y valorar a los demás se convierte en una forma de bienestar emocional
La experta detalla por qué es bueno el reconocimiento. (YouTube / Aprendemos Juntos BBVA)
En un mundo cada vez más obsesionado con la productividad y la eficiencia por encima de la conexión humana, pocas cosas resultan tan necesarias y reconfortantes como la simple acción de sentirse visto y apreciado.
La psicología y la neurociencia coinciden en que gestos aparentemente pequeños —una palabra amable, una mirada de complicidad o un simple “gracias”— pueden tener un impacto emocional mucho más profundo de lo que se percibe a simple vista. En tiempos de prisas constantes y distracciones digitales, recuperar el valor del reconocimiento mutuo se convierte en un acto esencial de cuidado emocional y construcción de vínculos.
Así lo explicó la psicóloga Inma Puig en una reciente intervención en el ciclo 'Aprendemos Juntos' de BBVA, donde reflexionó sobre las necesidades más universales del ser humano. “Las personas, todas, necesitamos lo mismo para sentirnos bien. Lo que cambia es la dosis”, afirmó. Según explicó, cada individuo requiere una cantidad distinta de escucha, atención o reconocimiento, pero la esencia es la misma: todos necesitamos sentirnos valorados.
Puig subrayó que la necesidad de reconocimiento no es un capricho, sino una de las bases del cuidar. “El ser humano necesita el reconocimiento como el aire que respira”, señaló. También destacó que esa necesidad se refuerza cuando alguien valida lo que hacemos, ya que esa sensación de bienestar nos impulsa a seguir buscando la aprobación o el aprecio de los demás.
Valorar lo que los demás hacen bien puede ser beneficioso. (Freepik)
Sin embargo, la experta lamentó que, pese a necesitarlo tanto, solemos ofrecerlo poco. “Somos rancios y tacaños con el reconocimiento”, dijo, recordando que la mayoría tiende a señalar los errores antes que los aciertos. “Pensamos lo que hacen bien, pero decimos lo que hacen mal”.
Para Puig, invertir esta dinámica puede transformar nuestras relaciones y la forma de mirar al otro. Como concluyó, aunque a veces parezca costoso, dar reconocimiento no tiene precio y puede marcar la diferencia en la calidad y profundidad de nuestros vínculos.
En un mundo cada vez más obsesionado con la productividad y la eficiencia por encima de la conexión humana, pocas cosas resultan tan necesarias y reconfortantes como la simple acción de sentirse visto y apreciado.