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Alba Cardalda, psicóloga: "Tomamos la mayor parte de las decisiones en base a lo que sentimos, a nuestras emociones"
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Alba Cardalda, psicóloga: "Tomamos la mayor parte de las decisiones en base a lo que sentimos, a nuestras emociones"

La psicóloga señala que, en la mayoría de los casos, son las emociones las que guían nuestras elecciones, incluso cuando pensamos que estamos actuando con lógica

Foto: La psicóloga habla sobre como los límites en una relación son necesarios (@albacardalda.psicologia)
La psicóloga habla sobre como los límites en una relación son necesarios (@albacardalda.psicologia)

Pensar que decidimos desde la lógica pura resulta bastante reconfortante, pero no siempre encaja con lo que ocurre en la práctica. La psicóloga Alba Cardalda pone el foco en una idea que desmonta esa imagen tan racional que muchas veces tenemos de nosotros mismos: gran parte de las decisiones diarias no se toman desde el análisis frío, sino desde lo que sentimos.

Su planteamiento es claro: “Tomamos la mayor parte de las decisiones en base a lo que sentimos, a nuestras emociones”. Es decir, incluso cuando una elección parece muy pensada, suele haber debajo un componente emocional mucho más importante de lo que se reconoce a simple vista.

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Cardalda explica que las emociones orientan gran parte de la conducta y que, aunque después la mente intente justificar o explicar una decisión, el impulso inicial muchas veces ya venía marcado desde otro lugar. No se trata de que la razón desaparezca, sino de que no suele llegar sola ni dominar tanto como creemos.

Para entenderlo, recurre a cómo se relacionan distintas áreas del cerebro. Por un lado está el sistema límbico, vinculado al mundo emocional; por otro, la corteza prefrontal, asociada al razonamiento, la planificación y las decisiones más elaboradas. Según explica, la comunicación entre ambas no es equilibrada: hay mucha más influencia de lo emocional sobre lo racional que al revés.

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La imagen que utiliza es bastante gráfica. Habla de un gran caudal que va desde la emoción hacia la razón y de un flujo mucho más débil en sentido contrario. Con esa comparación intenta explicar por qué, en tantas ocasiones, una persona puede saber perfectamente qué le conviene y, aun así, actuar de otra manera.

Ese desfase entre lo que se sabe y lo que se hace se ve especialmente bien en las relaciones. Cardalda menciona un ejemplo muy reconocible: tener claro que alguien no conviene, que una relación hace daño o que no está siendo saludable, y aun así seguir sintiendo el deseo de volver. Ahí aparece con fuerza esa parte emocional que no siempre se deja redirigir con facilidad.

placeholder Aprender a observar las emociones forma parte del bienestar emocional. (Freepik / ArthurHidden)
Aprender a observar las emociones forma parte del bienestar emocional. (Freepik / ArthurHidden)

La idea de fondo es que lo emocional pesa más que lo racional en muchos momentos importantes. Y eso ayuda a entender por qué no siempre basta con “saber” algo para actuar en consecuencia. Saber que una situación no es buena no implica automáticamente poder salir de ella si emocionalmente sigue teniendo mucho peso.

Su reflexión también sirve para quitar algo de culpa a decisiones que desde fuera parecen contradictorias. No siempre hay incoherencia ni falta de voluntad. A veces lo que hay es una lucha desigual entre lo que una persona comprende con la cabeza y lo que todavía no ha logrado recolocar por dentro.

Las emociones guían gran parte de nuestra conducta

A veces, no basta con centrarse en el argumento racional; también hace falta atender qué emoción está empujando, sosteniendo o bloqueando una elección. Entender eso puede ayudar no solo a decidir mejor, sino también a comprenderse con algo más de compasión.

Pensar que decidimos desde la lógica pura resulta bastante reconfortante, pero no siempre encaja con lo que ocurre en la práctica. La psicóloga Alba Cardalda pone el foco en una idea que desmonta esa imagen tan racional que muchas veces tenemos de nosotros mismos: gran parte de las decisiones diarias no se toman desde el análisis frío, sino desde lo que sentimos.

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