Bernard Shaw, dramaturgo irlandés y premio Nobel de Literatura en 1925, ha quedado asociado a una frase que sigue circulando en el terreno del desarrollo personal: "La vida no se trata de encontrarte a ti mismo, se trata de crearte a ti mismo". La idea ha sobrevivido porque condensa una intuición poderosa: la identidad no sería una pieza escondida que uno descubre intacta, sino una construcción continua.
Cuando se habla de "crearse", no se está apelando a inventarse sin raíces ni a fingir una personalidad nueva cada semana. La frase apunta, más bien, a la capacidad de intervenir sobre la propia trayectoria. En esa lectura, la identidad no se recibe cerrada, sino quese va formando con hábitos, elecciones, renuncias y vínculos.
Fotografía de Bernard Shaw. (Babelio)
Ese matiz resulta especialmente atractivo en una época obsesionada con hallar una versión definitiva de uno mismo. Frente a esa ansiedad, la cita atribuida a Bernard Shaw introduce una idea menos rígida y bastante más fértil: no hay por qué esperar a "encontrarse" para empezar a vivir con sentido. También se puede avanzar mientras uno se va haciendo.
Leída desde el presente, la frase funciona como una crítica a la parálisis que provocan la comparación y la autoobservación constante. Muchas personas se quedan atrapadas intentando definir quiénes son antes de actuar. Esta mirada propone lo contrario: actuar, elegir y construir, porque también a través de ese movimiento se afina la conciencia de uno mismo.
En el fondo, la frase atribuida a Shaw se refiere a una verdad incómoda y estimulante a la vez: no siempre podemos elegir las circunstancias, pero sí la manera en que respondemos a ellas. Y ahí, en esa zona donde decisión y carácter se cruzan, aparece una forma de bienestar menos espectacular aunque bastante más duradera.
Bernard Shaw, dramaturgo irlandés y premio Nobel de Literatura en 1925, ha quedado asociado a una frase que sigue circulando en el terreno del desarrollo personal: "La vida no se trata de encontrarte a ti mismo, se trata de crearte a ti mismo". La idea ha sobrevivido porque condensa una intuición poderosa: la identidad no sería una pieza escondida que uno descubre intacta, sino una construcción continua.