Según explica el especialista, caminar sin calzado permite que el pie funcione de manera natural. Esta práctica favorece la activación muscular, mejora la movilidad y contribuye a una pisada más estable. Además, entre sus beneficios se encuentran la tonificación de las piernas, la reducción de la inflamación y una mejor transpiración de la piel, factores que ayudan a mantener una buena salud podológica.
El experto también aborda el uso de plantillas, un recurso habitual que, en su opinión, no siempre es necesario. Considera que solo deben utilizarse cuando existe una patología concreta y siempre bajo indicación profesional. De hecho, señala que no es recomendable mantenerlas de forma indefinida, sino retirarlas progresivamente cuando la situación mejora, con el objetivo de que el pie recupere su funcionamiento natural.
En este sentido, el especialista no recomienda recurrir directamente a la cirugía. Antes de plantear una intervención, aconseja apostar por medidas conservadoras como ejercicios, cambios de calzado o el uso temporal de plantillas. Solo cuando estas alternativas no resultan eficaces se debería valorar la opción quirúrgica, siempre bajo supervisión médica.
A pesar de los beneficios, caminar descalzo también implica algunas precauciones. Los expertos recuerdan que existe riesgo de pequeñas lesiones cutáneas o infecciones si el suelo no está limpio o presenta superficies irregulares. Por ello, recomiendan mantener el hogar en buenas condiciones y prestar atención a posibles objetos que puedan causar daño.