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Esto es lo que dice la psicología si eres una persona que empieza todo pero no acaba nada
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Esto es lo que dice la psicología si eres una persona que empieza todo pero no acaba nada

Empezar un proyecto con entusiasmo y dejarlo a medias cuando pierde novedad es un comportamiento más común de lo que parece que involucra una forma de motivación muy ligada al estímulo inicial, la curiosidad y la dificultad para sostener el esfuerzo

Foto: Silvia Severino en su vídeo de TikTok (@silviaseverinopsico)
Silvia Severino en su vídeo de TikTok (@silviaseverinopsico)

Hay perfiles que encadenan intereses con una facilidad asombrosa. Se apuntan a un curso, empiezan un hobby, se obsesionan unos días con un tema nuevo y, cuando parecía que por fin habían encontrado algo que iba en serio, pasan a otra cosa. Desde fuera, esa actitud puede interpretarse como inquietud, talento o una curiosidad fuera de lo común. Y muchas veces lo es. Pero cuando el patrón se repite de forma constante, la psicología sugiere que no se trata solo de tener muchas inquietudes, sino de una manera concreta de relacionarse con la motivación.

A este comportamiento se le ha llamado en algunos contextos “patrón del todólogo”: personas que sienten una fuerte atracción por aprender, probar y comenzar, pero que rara vez permanecen el tiempo suficiente en una actividad como para profundizar de verdad en ella. No porque no sean capaces, ni porque les falte inteligencia o interés, sino porque su impulso está muy ligado a la fase inicial de las cosas, ese momento en el que todo resulta estimulante, prometedor y nuevo.

La clave está precisamente ahí: en la novedad. El inicio activa curiosidad, energía y una sensación de posibilidad que puede resultar muy gratificante. Empezar algo nuevo da la impresión de abrir puertas, reinventarse y avanzar. El problema llega cuando esa primera chispa se apaga y aparece la parte menos vistosa del proceso: la repetición, el esfuerzo sostenido, la práctica lenta, los errores y la necesidad de perseverar aunque ya no haya emoción constante.

placeholder Empezar un nuevo hobby no es malo (Pexels)
Empezar un nuevo hobby no es malo (Pexels)

Desde la psicología, este tipo de comportamiento puede entenderse como una búsqueda continua de estimulación. Hay personas a las que lo nuevo les engancha especialmente, mientras que la rutina o la consolidación de un aprendizaje les cuesta más. Eso hace que salten de una actividad a otra sin detenerse lo suficiente en ninguna. No abandonan necesariamente por desinterés total, sino porque el cerebro deja de encontrar en esa tarea el mismo nivel de recompensa que al principio.

También puede haber algo más de fondo. A veces, comenzar muchas cosas y no terminar ninguna sirve para evitar el desgaste emocional que implica comprometerse de verdad con algo. Mientras uno está empezando, todo sigue siendo potencial: todavía no hay fracaso, no hay comparación real, no hay prueba definitiva de hasta dónde se puede llegar. En cambio, continuar obliga a enfrentarse a la frustración, a los límites propios y a esa fase en la que aprender deja de ser emocionante para convertirse en trabajo.

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Eso explica por qué estas personas no suelen ser vagas, aunque desde fuera pueda parecerlo. De hecho, con frecuencia son activas, curiosas y mentalmente rápidas. El problema no está tanto en arrancar, sino en sostener. Les cuesta quedarse cuando desaparece el estímulo inicial, y ahí es donde muchas metas se quedan a medio camino.

La parte positiva es que esta tendencia no invalida sus capacidades. Tener muchos intereses no es un defecto, y una mente inquieta puede ser una gran ventaja. Lo importante es entender cuándo esa curiosidad enriquece y cuándo empieza a convertirse en una dinámica que impide profundizar, cerrar procesos y construir algo sólido.

Hay perfiles que encadenan intereses con una facilidad asombrosa. Se apuntan a un curso, empiezan un hobby, se obsesionan unos días con un tema nuevo y, cuando parecía que por fin habían encontrado algo que iba en serio, pasan a otra cosa. Desde fuera, esa actitud puede interpretarse como inquietud, talento o una curiosidad fuera de lo común. Y muchas veces lo es. Pero cuando el patrón se repite de forma constante, la psicología sugiere que no se trata solo de tener muchas inquietudes, sino de una manera concreta de relacionarse con la motivación.

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