He preparado el caldo de verduras de Jordi Cruz y es ideal si te sientes hinchado, con molestias digestivas o simplemente quieres algo que te hidrate y te ayude a recuperarte
Cuando el cuerpo pide un respiro, las recetas más sencillas suelen ser las que mejor funcionan. Un caldo ligero, bien preparado y fácil de digerir puede convertirse en el mejor aliado para recuperar el equilibrio desde dentro
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Hay recetas que no buscan deslumbrar, sino sentar bien. Y justo ahí encaja este caldo de verduras de Jordi Cruz, una preparación sencilla, reconfortante y especialmente apetecible cuando el cuerpo pide suavidad: después de un resfriado, en días de hinchazón o cuando simplemente apetece algo ligero que ayude a hidratarse y a recuperar el equilibrio.
Lo interesante de esta propuesta es que parte de una idea muy básica, pero bien pensada. El chef plantea una especie de “infusión de verduras” elaborada con ingredientes corrientes y una cocción suave, con el objetivo de obtener un caldo limpio, sabroso y fácil de digerir. No hay artificios ni combinaciones complicadas: solo agua, verdura bien picada, algo de sal y un pequeño toque que redondea el sabor.
La base se prepara con 1,5 kilos de verduras y 2,5 litros de agua. A partir de ahí, vale casi todo dentro de las hortalizas habituales de este tipo de caldos: zanahoria, puerro, apio, nabo, chirivía o col, entre otras. Jordi Cruz insiste en picarlas finas para favorecer una mejor extracción durante la cocción, algo que permite que el agua recoja mejor el sabor y parte de los compuestos presentes en las verduras.
A esa mezcla se le añaden 10 gramos de sal por litro y un poco de salsa de soja blanca, un detalle que aporta profundidad sin convertir el caldo en algo pesado. Después solo queda llevarlo a ebullición y, una vez rompa a hervir, mantenerlo a fuego suave durante una hora y cuarto. Esa cocción lenta es clave en el resultado final, porque permite obtener un caldo delicado, con sabor, pero sin agresividad.
Según explica el chef, el objetivo es conseguir una preparación "ligera, llena de micronutrientes, de vitaminas, de minerales”, pensada para momentos en los que el sistema digestivo agradece comidas más amables. Aunque no se trata de una receta milagrosa, sí encaja muy bien en esos días en los que apetece comer de forma más suave y reconfortante, ya sea por malestar digestivo, sensación de pesadez o necesidad de hidratarse mejor.
Además, tiene a su favor algo importante: es muy fácil de adaptar. Puedes hacerla con las verduras que tengas por casa, preparar una cantidad generosa y guardarla para varios días. También funciona como base para otras elaboraciones más completas, aunque tomada sola ya cumple perfectamente su función.
El resultado es uno de esos caldos que terminan ganándose un hueco fijo en la cocina de diario. Porque cuando una receta es sencilla, sabrosa y sienta bien, no necesita mucho más para convertirse en imprescindible.
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