Buenas noticias a partir de los 45: este tipo de actividad física se relaciona con menos riesgo de demencia
La actividad física en la mediana edad vuelve a situarse en el centro de la investigación por su posible relación con el riesgo de demencia a largo plazo
Este tipo de ejercicio se relaciona con un menor riesgo de sufrir demencia (iStock)
Cuando se habla de envejecimiento cerebral, muchas veces la sensación es que todo depende de factores que no se pueden controlar. Sin embargo, desde hace años la investigación insiste en algo bastante más esperanzador: ciertos hábitos mantenidos en el tiempo también pueden marcar diferencias. Entre ellos, la actividad física sigue ocupando un lugar cada vez más relevante.
En esa línea se sitúa un estudio publicado en 'JAMA Network Open', que ha analizado la relación entre el nivel de actividad física y el riesgo de demencia en distintas etapas de la vida adulta. Los autores se fijaron especialmente en la mediana edad, es decir, entre los 45 y los 64 años, y vieron que es ahí donde la relación con un menor riesgo aparecía de forma más clara.
Mantenerse activo en la mediana edad podría influir en la salud cerebral a largo plazo. (Freepik)
En esa franja de edad, el trabajo analizó a 1.943 personas con una edad media de 54 años. Después, siguió su evolución durante una media de casi 26 años para observar si existía relación entre su nivel de actividad física y la probabilidad de desarrollar demencia más adelante, dentro del conocido 'Framingham Heart Study'.
Los resultados apuntan a que mantenerse más activo en esa etapa de la vida podría asociarse con menos riesgo de demencia con el paso de los años. Los investigadores tuvieron en cuenta otros factores que también influyen en este tipo de diagnóstico, como la edad, el sexo, el nivel educativo o ciertas condiciones de salud, para afinar mejor los resultados.
Mantenerse activo en la mediana edad podría influir en la salud cerebral a largo plazo. (Freepik)
Además, el estudio observó un dato llamativo en la etapa de vida tardía: entre las personas portadoras de APOE ε4, una variante genética relacionada con mayor riesgo de Alzheimer, quienes mostraban niveles más altos de actividad física presentaban un riesgo menor de demencia que los menos activos. Aun así, los autores insisten en que se trata de una asociación observada, no de una prueba definitiva de causa y efecto.
Lo interesante de este trabajo no es presentar el ejercicio como una garantía ni como una fórmula mágica, sino reforzar una idea bastante sensata: moverse más a tiempo puede importar también a largo plazo. El estudio no habla de un entrenamiento milagroso ni permite asegurar que la actividad física vaya a evitar por sí sola la demencia, pero sí suma una razón más para no dejar el movimiento para más adelante.
Cuando se habla de envejecimiento cerebral, muchas veces la sensación es que todo depende de factores que no se pueden controlar. Sin embargo, desde hace años la investigación insiste en algo bastante más esperanzador: ciertos hábitos mantenidos en el tiempo también pueden marcar diferencias. Entre ellos, la actividad física sigue ocupando un lugar cada vez más relevante.