Paula Calvo, antrozoóloga: "Que tu gato rasque el sofá no significa que esté portándose mal; merece la pena preguntarnos qué está encontrando ahí que le resulta tan atractivo"
Entender qué necesidades hay detrás del rascado y adaptar las alternativas a las preferencias de cada animal puede ser clave para mejorar la convivencia y, de paso, mantener el sofá a salvo
Paula Calvo en el vídeo de TikTok (@paulacalvo_antrozoologia)
Quien convive con un gato probablemente conoce la escena: hay un rascador comprado expresamente para él a pocos metros, pero el animal continúa dirigiéndose al brazo del sofá. Lejos de ser necesariamente una conducta problemática, rascar forma parte del comportamiento natural de los felinos, y comprender qué buscan al hacerlo puede ayudar a proteger los muebles sin impedir una necesidad propia de la especie.
Así lo explica la antrozoóloga Paula Calvo, que propone cambiar el enfoque antes de interpretar los arañazos como una mala conducta. “Que tu gato rasque el sofá no significa que esté portándose mal”, señala la especialista, que invita a analizar por qué determinados muebles resultan más interesantes para el animal que el rascador que tiene disponible.
La cuestión está, por tanto, en conseguir que pueda desarrollar esa conducta sobre una superficie adecuada. Y aquí aparece uno de los errores frecuentes: pensar que cualquier rascador debería servir para cualquier gato.
Calvo pone el foco precisamente en las características de aquello que el animal elige. Si insiste con el sofá, “merece la pena preguntarnos qué está encontrando ahí que le resulta tan atractivo”. La respuesta puede estar en aspectos tan sencillos como el material, la firmeza de la superficie o el lugar de la casa donde se encuentra.
Por qué puede ignorar el rascador que le has comprado
Un rascador demasiado pequeño o que se mueve cuando el gato apoya su peso puede resultar poco atractivo. También puede ocurrir que su textura no coincida con las preferencias del animal. No todos los gatos buscan el mismo tipo de superficie: mientras algunos se inclinan por rascar verticalmente, otros pueden sentirse más cómodos con opciones horizontales.
Por eso, Calvo aconseja probar a colocar el rascador cerca del lugar que el gato ya ha seleccionado, en vez de relegarlo automáticamente a una esquina alejada. Observar su comportamiento permite descubrir poco a poco qué superficie, posición y material funcionan mejor.
Quien convive con un gato probablemente conoce la escena: hay un rascador comprado expresamente para él a pocos metros, pero el animal continúa dirigiéndose al brazo del sofá. Lejos de ser necesariamente una conducta problemática, rascar forma parte del comportamiento natural de los felinos, y comprender qué buscan al hacerlo puede ayudar a proteger los muebles sin impedir una necesidad propia de la especie.