Hay animales que encajan con una forma de estar en el mundo. Los gatos, independientes, observadores y poco dados a la obediencia inmediata, han alimentado durante años una idea muy concreta sobre quienes conviven con ellos: personas más reservadas, más libres y menos pendientes de agradar a todos.
Algunas investigaciones han comparado los rasgos de personalidad asociados a quienes prefieren gatos o perros. (Magnific / Freepik)
Una de las investigaciones más citadas fue realizada por el psicólogo Sam Gosling, profesor de la Universidad de Texas en Austin. Sus resultados apuntaban a que las personas más afines a los gatos tendían a puntuar más alto en apertura a la experiencia, un rasgo vinculado con la curiosidad, la imaginación y el interés por ideas nuevas.
Esa apertura explica parte del retrato que suele asociarse a los amantes de los gatos. Según estas investigaciones, serían personas más cómodas con el pensamiento abstracto, menos convencionales y más inclinadas a mirar las cosas desde ángulos distintos. No necesariamente más extravagantes, pero sí menos previsibles.
Algunos estudios han analizado si quienes prefieren los gatos comparten determinados rasgos de personalidad. (Magnific / ArthurHidden)
Otro rasgo que apareció en una investigación publicada en 2017 en 'Human-Animal Interaction Bulletin' fue la autosuficiencia. Los autores observaron que quienes preferían los gatos tendían a describirse como personas más independientes y menos necesitadas de una interacción constante. Dicho de otro modo: pueden disfrutar de la compañía, pero también saben estar a solas.
Conviene no convertir estos datos en una etiqueta cerrada. Tener gato no define una personalidad ni convierte a nadie automáticamente en creativo, reservado o independiente. Pero sí ayuda a entender por qué ciertos animales parecen conectar mejor con determinadas formas de vivir: en el caso de los gatos, la distancia justa, la libertad y una manera más silenciosa de acompañar.
Hay animales que encajan con una forma de estar en el mundo. Los gatos, independientes, observadores y poco dados a la obediencia inmediata, han alimentado durante años una idea muy concreta sobre quienes conviven con ellos: personas más reservadas, más libres y menos pendientes de agradar a todos.