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FAMILIA REAL ESPAÑOLA

Las preocupaciones de la reina Sofía antes de que Corinna apareciera en su vida

En 1991, la revista 'Tiempo' publicó una portada que tuvo una gran repercusión y mostraba los puntos calientes que desequilibraban la aparente vida estable de la reina

Foto: El rey Juan Carlos y Corinna en una imagen de archivo. (EFE)
El rey Juan Carlos y Corinna en una imagen de archivo. (EFE)

La vida personal de doña Sofía no ha sido fácil, y no solo por lo que supuso para una niña, huir de su país por la invasión alemana en la Segunda Guerra Mundial. La propia reina contó a la periodista Pilar Urbano lo complicada que resultó esa etapa. Un periplo que fue desde Sudáfrica a Egipto hasta que pudieron llegar al Reino Unido.

Después la familia pudo regresar a Grecia. Más tarde, y ya como princesa de España, vendría el golpe de Estado en su país, el apoyo de su hermano a los coroneles y el referéndum que obligó al rey Constantino a dejar Grecia. El gobierno le prohibió durante años volver a pisar tierra griega.

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En el año 2000 ya tuvo permiso para viajar a Atenas y recuperó parte de sus propiedades. Adquirió terrenos en Porto Jeli, donde vive actualmente.

La reina Sofía, en una imagen de archivo. (EFE)
La reina Sofía, en una imagen de archivo. (EFE)

A este lugar del Peloponeso suele desplazarse doña Sofía a menudo. Son viajes privados de los que solo se tiene constancia por las imágenes que se publican en la prensa extranjera. Esta relación fraternal fue el origen de muchas complicaciones en la vida de doña Sofía.

Echando la vista atrás, cuando Corinna Larsen no formaba parte de la estructura afectiva del rey Juan Carlos, las preocupaciones de la consorte real eran otras.

En septiembre de 1991, la revista 'Tiempo' publicó una portada que tuvo una gran repercusión. En el reportaje aparecían los puntos calientes que desequilibraban la aparente vida estable de la reina y planteaba tres focos. Por un lado el frustrado viaje a Grecia de la jefatura del Estado, es decir, un recorrido institucional de encuentro al más alto nivel con don Juan Carlos y doña Sofía.

Portada de la revista 'Tiempo'.
Portada de la revista 'Tiempo'.

Aún estaban sin resolverse los impuestos que, según el gobierno griego, no había pagado el rey Constantino y la exigencia de este a recibir una compensación económica por la herencia y propiedades de la familia griega no disfrutadas al tener que exiliarse. Un punto oscuro que coleó durante años y que hizo que el viaje de Don Juan Carlos y Doña Sofía finalmente no se realizara.

A estas dificultades que tenían como foco principal las reivindicaciones de Constantino de Grecia, se unía la preocupación de Doña Sofía por la vida amorosa de sus hijos, sobre todo los avatares sentimentales del heredero. La reina estaba preocupada al considerar que la opinión pública estaba más pendiente de sus amores que de su formación como futuro monarca.

La infanta Cristina ya había demostrado su independencia y vivía en Paris. Los veranos locos de Mallorca traían de cabeza a los escoltas, que requisaban a la prensa los carretes de las cámaras de fotos.

La reina Sofía y su hermana, la princesa Irene, en la celebración de las bodas de oro de su hermano, Constantino de Grecia. (EFE)
La reina Sofía y su hermana, la princesa Irene, en la celebración de las bodas de oro de su hermano, Constantino de Grecia. (EFE)

La relación con Alvaro Bultó tampoco era del agrado de la reina Sofía, que quería para su segunda hija un príncipe austriaco o similar.

La infanta Cristina fue la primera en marcharse de la casa familiar. En el palacio de la Zarzuela cada uno iba a lo suyo ante el disgusto de la madre, que no consiguió esa unidad familiar.

Don Juan Carlos también iba por libre en el aspecto afectivo.

El príncipe de Asturias, por su parte, seguía la estela marcada por su hermana y las noche veraniegas se convertían en amaneceres. La ruptura oficiosa con Isabel Sartorius era un hecho y la revista 'Tiempo' publicó otro reportaje con el titular “La reina gana”. Un eufemismo para explicar que el papel de doña Sofía había sido determinante para acabar con el noviazgo. Una joven con padres divorciados no podía aspirar a ser futura consorte del heredero.

En aquellos años hubo llamadas y presiones para que las imágenes de la vida más lúdica de don Felipe no apareciera en la prensa. Al año siguiente, el actual jefe del estado era el abanderado en los juegos Olímpicos del 92.

Isabel Sartorius en una imagen de archivo. (Getty)
Isabel Sartorius en una imagen de archivo. (Getty)

La única que no daba problemas era la infanta Elena. Mantenía su trabajo en una escuela infantil y se dedicaba a montar a caballo. A diferencia de sus hermanos, sus salidas nocturnas eran más tranquilas.

Donde había lío con la prensa (y ha continuado hasta ahora) era en los concursos hípicos. La preocupación de la reina con su hija era la contraria a la de la preocupación con sus hermanos. Lo único que la madre quería para Elena era un buen chico.

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En ese año de preocupación, Luis Astolfi ya se había casado y por lo tanto quedaba anulado como posible marido. Apareció en escena el hijo de los marqueses de Irache, que tuvo poco recorrido. Aún quedaban cinco años para que Jaime de Marichalar tuviera su sitio en Zarzuela. En sus inicios, sí fue del agrado de doña Sofía. Muchos años después y como relataba Carmen Enríquez en su libro, la reina emérita cambio de opinión.

Han pasado veintinueve años de esa portada de la revista 'Tiempo', con un titular que mantiene la actualidad, aunque esas pesadumbres de antes sean ahora insignificantes. Los tiempos convulsos nos afectan a todos.

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