Mónaco se ha vestido de blanco y oro para celebrar las dos décadas de reinado de Alberto II, y lo ha hecho como solo el Principado sabe: con una recepción elegante, cercana y profundamente simbólica. En el mismo escenario que hace 20 años marcó el inicio del nuevo capítulo de los Grimaldi, el Palacio ha acogido un acto reservado a los ciudadanos monegascos en el que las mujeres de la familia han brillado con luz propia. Una imagen de unidad y sofisticación que quedará ya en el álbum colectivo de la historia reciente del país.
Charlène de Mónaco
Charlène, junto a sus hijos. (Getty)
Encabezando la escena, Charlène de Mónaco apostó por un vestido sin mangas en tono rosa empolvado, de silueta fluida, cuello ligeramente subido y largo hasta el tobillo. Lo destacable era el bajo del modelo: asimétrico y con encaje. Un look que combinaba la sobriedad de la ocasión con su habitual minimalismo arquitectónico, realzado con un peinado recogido y unos discretos pendientes. A su lado, sus hijos, Jacques y Gabriella, iban vestidos con atuendos clásicos en azul marino y blanco, perfectamente coordinados para la ocasión.
Carlota Casiraghi
Carlota Casiraghi. (Getty)
Uno de los estilismos más comentados ha sido el de Carlota Casiraghi, que recientemente ha vuelto a la universidad. La joven deslumbró con un conjunto bicolor en blanco y negro. Con un vestido con top de tirantes estructurado y falda fluida, su look canalizaba un aire chic parisino con guiños a la elegancia clásica. El moño efecto despeinado acompañaba un maquillaje natural que potenciaba su belleza innata.
Beatrice Borromeo
Beatrice Borromeo. (Getty)
Por su parte, Beatrice Borromeo no defraudó: con un vestido midi de silueta princesa en amarillo con bordados, la aristócrata italiana volvió a confirmar su estatus de referente absoluto de estilo en la realeza europea. Con una incipiente barriga de embarazada, el diseño, etéreo y romántico, acompañaba su figura con caída suave, mientras que su melena recogida en una trenza dejaba todo el protagonismo al vestido.
Alexandra de Hannover
Alexandra de Hannover, con su novio. (Getty)
Alexandra de Hannover, hija menor de Carolina, eligió un vestido corto de tweed multicolor de tirantes. Acompañado por una pequeña cartera de mano y sandalias plateadas, su estilismo era juvenil, femenino y acorde a su perfil más discreto dentro de la familia.
Carolina y Estefanía de Mónaco
Carolina y Estefanía de Mónaco. (Getty)
Carolina de Mónaco, como es habitual, fue fiel a su elegancia atemporal con un vestido blanco de manga larga y falda escalonada, con ligeros detalles en encaje y transparencias. Los pendientes de perlas y el peinado suelto completaban un look sobrio, aunque algo invernal para una noche de julio en la Riviera.
A su lado, su hermana, Estefanía de Mónaco, que optó por algo mucho más sencillo: un modelo corto de lino con cuello bebé y líneas rectas. El toque se lo dio con el bolso confeccionado con perlas.
Pauline Ducruet
Pauline Ducruet. (Getty)
Pauline Ducruet apostó por un impactante vestido ceñido en amarillo degradado con estampado floral, de inspiración noventera y cuello cerrado. Llevaba el pelo recogido en un moño tirante y completó el look con sandalias plateadas y bolso redondo en tono hueso, aportando un aire moderno y rompedor al conjunto de la familia.
Camille Gottlieb
Camille Gottlieb. (Getty)
Su hermana, Camille Gottlieb, optó por un vestido mint de silueta wrap, escote cruzado y manga corta, combinado con sandalias nude y bolso acolchado. Fiel a su estilo actual, equilibró frescura y elegancia en un look ideal para una recepción veraniega.
Marie Ducruet
Marie Ducruet. (Getty)
Finalmente, Marie Ducruet, esposa de Louis Ducruet, llevó un conjunto formado por falda plisada bicolor en blanco y negro y camisa blanca de lino, con el pelo suelto y sandalias altas negras. Un look sobrio, sencillo, con un aire casual y limpio que contrastaba con la teatralidad de otros estilismos.
La recepción sirvió para recordar aquel 12 de julio de 2005 en el que Alberto se convirtió en la máxima figura de la monarquía monegasca. Sin embargo, fue la confirmación de que la familia Grimaldi, pese a su complejidad y evolución, sigue siendo un escaparate privilegiado de elegancia, diversidad estilística y carisma real.
Mónaco se ha vestido de blanco y oro para celebrar las dos décadas de reinado de Alberto II, y lo ha hecho como solo el Principado sabe: con una recepción elegante, cercana y profundamente simbólica. En el mismo escenario que hace 20 años marcó el inicio del nuevo capítulo de los Grimaldi, el Palacio ha acogido un acto reservado a los ciudadanos monegascos en el que las mujeres de la familia han brillado con luz propia. Una imagen de unidad y sofisticación que quedará ya en el álbum colectivo de la historia reciente del país.