Recordamos la entrevista exclusiva que la princesa Irene dio a Vanitatis: "He vivido lo mejor de mi vida en Grecia, y también lo peor"
En 2014, la princesa Irene habló con Vanitatis sobre su amor por Grecia, su familia y su pasión por la música. Una mirada íntima a una figura tan discreta como fundamental
La princesa Irene ha fallecido como vivió, sin hacer mucho ruido. Durante años fue la escudera fiel y el mayor apoyo de la reina. Con el tiempo, los papeles se invirtieron, y fue la hermana mayor quien empezó a cuidar de la menor, tanto en el aspecto médico como en el emocional. En la última década, su discreción se convirtió en una especie de mantra, aún más acentuado cuando su salud comenzó a deteriorarse.
La última vez que participó en un acto público fue acompañando a doña Sofía al Teatro Real, en noviembre del año pasado. Ese día se celebraba la entrega anual de los premios de pintura BMW, en una gala musical solidaria. Parte de los beneficios se destinaban a la fundación Mundo en Armonía, que presidía la princesa griega. Hasta pocas horas antes del evento no se comunicó oficialmente si acudiría o no. Las noticias sobre su estado cognitivo no eran alentadoras, y por primera vez en muchos años se pensó que no asistiría.
La princesa Irene junto a Paloma Barrientos. (Vanitatis)
Finalmente, lo hizo, aunque no formó parte de la mesa presidencial donde la reina emérita abría y cerraba el acto en cada edición. Se la vio en el palco real, disfrutando de la música, una de sus grandes pasiones. Se decía que podría haber sido una excelente concertista de piano, de no haber sido princesa.
Ella misma lo contaba en unas declaraciones que hizo para Vanitatis en junio de 2014, en la embajada griega, durante una convocatoria relacionada con su labor en Mundo en Armonía. Al preguntarle si daba clases de piano a su sobrina nieta Victoria Federica, respondió con sencillez: “Ella tiene su propio profesor. Es una niña con talento y lo hace muy bien”.
Aquella tarde, a diferencia de lo habitual cuando acompañaba a doña Sofía —sonrisas y silencios—, no tuvo inconveniente en dedicar unos minutos a prensa. A continuación, recupero esa charla informal que mantuvimos, y que autorizó a ser publicada en Vanitatis.
Pregunta: ¿Cómo se encuentra tras la proclamación de su sobrino como rey Felipe VI?
Respuesta: Muy bien, feliz. Fue un acontecimiento importante para España y para la familia.
P: Usted estuvo presente en el Congreso, y por fin su hermano Constantino participó en un acto institucional en España. Siempre había sido invisible…
R: Fue emocionante, y el Príncipe —perdón, el Rey— estuvo magnífico. Aún no me he acostumbrado a dirigirme a mi sobrino como jefe del Estado.
P: ¿Cómo vio a la Princesa de Asturias y a su hermana, la infanta Sofía?
R: Son unas niñas preciosas, educadísimas, y cumplieron con lo que se esperaba de ellas.
P: Llamó la atención que Felipe VI se dirigiera a doña Sofía como “madre”, cuando siempre lo ha hecho como “reina”.
R: Fueron las palabras de un hijo a su madre. Una forma de homenajearla. A todos se nos saltaron las lágrimas. Fue muy emotivo.
Irene de Grecia junto a su hermana en una de sus últimas apariciones. (Europa Press)
P: Las puertas de Grecia, por fin, se han abierto para ustedes...
R: Somos muy felices de haber podido regresar a Grecia, después de tantos años sin poder pisar nuestro país.
P: ¿Dónde vive usted ahora?
R: Entre España, Grecia e India. Viajo mucho, pero siempre tengo tiempo para estar con la familia. Mi mayor ilusión ha sido poder regresar a Grecia, mi país natal, donde he vivido lo mejor de mi vidas… y también los peores momentos.
P: Pero algunos miembros de su familia ya han regresado…
R: Efectivamente. Mi hermano Constantino ya vive en Grecia, y su hijo Nicolás y su esposa Tatiana también. Para mí ha sido muy gratificante volver a nuestro país. Creo que para el pueblo también, porque la gente que me encuentro por la calle me demuestra su cariño.
P: No lo tuvieron fácil.
R: Así es. Es una cuestión relacionada con temas políticos y, por eso, prefiero mantenerme al margen. Lo único que puedo decir es que mi familia mantiene unas excelentes relaciones con el Gobierno y que nuestro papel es ayudar en lo que podamos. De hecho, mi sobrino Nicolás se dedica a tareas solidarias.
P: ¿Ha visto últimamente a la infanta Cristina? ¿Cómo la encuentra?
R: No la he visto desde hace tiempo, por lo tanto no puedo contestar a esa pregunta.
Aquel breve encuentro reflejó con claridad quién era Irene de Grecia: una mujer culta, discreta y profundamente comprometida con las causas solidarias. Amante del arte, de la música y de los pequeños gestos, hablaba con serenidad y elegancia, sin la necesidad de brillar para destacar. Excéntrica, bohemia y entrañable, como la definían quienes la conocían bien, vivió siempre a la sombra de los focos, pero con una luz propia que se encendía en los momentos más humanos. Su entrevista con Vanitatis dejó entrever a una princesa que no se aferraba a los títulos, sino a los valores.
La princesa Irene ha fallecido como vivió, sin hacer mucho ruido. Durante años fue la escudera fiel y el mayor apoyo de la reina. Con el tiempo, los papeles se invirtieron, y fue la hermana mayor quien empezó a cuidar de la menor, tanto en el aspecto médico como en el emocional. En la última década, su discreción se convirtió en una especie de mantra, aún más acentuado cuando su salud comenzó a deteriorarse.