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Los más sorprendente no es que Telma Ortiz no se haya movido de Barcelona, cuando su marido dijo que se iban a vivir a Nueva York

Foto: El pingo
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Los más sorprendente no es que Telma Ortiz no se haya movido de Barcelona, cuando su marido dijo que se iban a vivir a Nueva York (ahora hemos sabido que es por una orden judicial ya que Enrique Martín LLop, padre de su hija, se opuso a que esta viviera en Estados Unido). Lo más sorprendente tampoco es que ¡Hola! haya pagado 45.000 euros por las fotos que la muestran en la puerta del St. Paul’s School, el colegio de su hija. No. Lo que clama al cielo, tanto al de Barcelona como al de Nueva York o al de Toledo es el atuendo de Telma Ortiz. Que da la impresión de que se haya despertado, se haya subido en las botas de siete leguas y se haya echado a la calle. Que parece Lorelai en Las chicas Gilmore cuando acompaña a su hija en su primer día de colegio pijo y lo hace en minishorts. Pero con abrigo.

Viste Telma lo que viene a ser un pingo. Una prenda que parece una combinación, un viso de ligero punto gris. Un pijama, un camisón, algo con vocación de futuro trapo del polvo. Una prenda, en definitiva, para no salir de casa (da igual si firmas como TCN hacen ese tipo de cosas para vestirse). Eso sí, lleva bolso y foulard al cuello, que dan un toque más compacto. A la Princesa no la pillas en un renuncio. Puede gustarte más o menos lo que lleva puesto, pero arreglada va, incluso aunque sea de sport para comprar fruta en Vázquez o para ir a ver a The Killers. Esto de Telma, que se sabe seguida por la prensa, no tiene nombre. Bueno, lo tiene: desaliño. Pero no se entiende.

Los más sorprendente no es que Telma Ortiz no se haya movido de Barcelona, cuando su marido dijo que se iban a vivir a Nueva York (ahora hemos sabido que es por una orden judicial ya que Enrique Martín LLop, padre de su hija, se opuso a que esta viviera en Estados Unido). Lo más sorprendente tampoco es que ¡Hola! haya pagado 45.000 euros por las fotos que la muestran en la puerta del St. Paul’s School, el colegio de su hija. No. Lo que clama al cielo, tanto al de Barcelona como al de Nueva York o al de Toledo es el atuendo de Telma Ortiz. Que da la impresión de que se haya despertado, se haya subido en las botas de siete leguas y se haya echado a la calle. Que parece Lorelai en Las chicas Gilmore cuando acompaña a su hija en su primer día de colegio pijo y lo hace en minishorts. Pero con abrigo.