Chiara Ferragni fue pionera. La italiana sentó las bases de las redes sociales como modelo de negocio y levantó un imperio multimillonario apoyándose, exclusivamente, en su propia imagen. Sin embargo, ese éxito que parecía inquebrantable derivó en una caída a los infiernos por el estallido del ‘caso de Pandoro’. Este, que ha hecho correr ríos de tinta en la prensa internacional, tuvo una reacción en cadena: grandes marcas decidieron rescindir sus contratos tras ser acusada de estafa. Y esto supuso un golpe directo a sus ingresos. Ahora, dos años después, la creadora de contenido ha sido absuelta en la causa penal por estafa agravada.
Eso sí, nada puede borrar esa sombra que la ha perseguido durante este tiempo. Para comprender lo que ha acaecido estos años hay que remontarse a finales de 2023. Chiara Ferragni fue multada con un millón de euros por “prácticas comerciales incorrectas” en una campaña publicitaria que, supuestamente, era de carácter benéfico y resultó no serlo. La Autoridad Garante de la Competencia y el Mercado emitió un comunicado en el que deslizaban que la influencer y la empresa de productos de alimentación Balocco, quienes hicieron una colaboración, “dieron a entender a los consumidores que, al comprar el pandoro de Balocco con el nombre Ferragni contribuirían a una donación al Hospital Regina Margherita de Turín”.
Chiara Ferragni tras conocer el veredicto. (Gtres)
Esta sería destinada para adquirir una nueva maquinaria para el tratamiento terapéutico de niños con osteosarcoma y sarcoma de Ewing. Cabe apuntar que su precio era tres veces superior al habitual. Por lo que trascendió después, no existía ninguna vinculación entre las ventas del producto y nuevas donaciones, ya que la única aportación -50.000 euros- se había realizado meses antes y de forma independiente. Como era de esperar, la repercusión mediática fue inmediata. Incluso el Gobierno italiano impulsó una normativa destinada a reforzar la transparencia publicitaria de los grandes perfiles con más de un millón de seguidores y prevenir estafas, acometer la publicidad engañosa y proteger a los menores.
Todo esto derivó en un vídeo de la influencer disculpándose y aseverando que iba a donar el dinero que ganó con el pandoro. Aunque, eso sí, esto no impidió que tuviera lugar una huida de patrocinadores que la pusieron en jaque. Entre ellos, Coca-Cola, Safilo y Cartiere Paolo Pigna. Pero esto era solo el principio de una época repleta de problemas. Chiara Ferragni también fue investigada, por parte de la fiscalía, por un presunto delito de estafa continuada. Así, estudiaron si había podido engañar, a su vez, en la venta de unos huevos de Pascua de chocolate y de una muñeca que proponía una campaña para la recogida de fondos y combatir la homofobia y el ciberacoso.
Estas acusaciones contra su persona han llegado hasta esta semana. Tras varias semanas de juicio, declaraciones de testigos y alegatos de la defensa, la Justicia ha fallado a su favor y ha sido absuelta en la causa penal por estafa agravada. "Se acabó la pesadilla", declaró después de hacerse pública la sentencia. Pero no se quedó ahí. Un día después, publicó un comunicado exponiendo su parecer. La creadora de contenido insistió en que la resolución no puede interpretarse como una "absolución a medias", sino como la constatación de que "no había motivos para seguir adelante con una causa penal".
En el plano personal, reconoció que estos dos años han sido "todo menos sencillos", al verse "atrapada, expuesta y juzgada" sin poder dar explicaciones públicas. Aunque admitió haber asumido su responsabilidad en lo relativo a la publicidad engañosa -"pagué, lo corregí y pedí disculpas"-, quiso marcar distancias entre un error administrativo y un delito penal: “Nunca han sido lo mismo”. Por eso, concluyó, "hoy no estoy celebrando una victoria, hoy estoy cerrando un capítulo”. La joven puede respirar tranquila. Aunque esta sentencia absolutoria no podrá borrar el daño reputacional que arrastra desde diciembre de 2023.
Juicio mediático
En los días posteriores a la polémica, Chiara Ferragni perdió cerca de 150.000 seguidores. Una cifra irrisoria si se compara con los más de 30 millones que acumulaba entonces, pero significativa por lo que simboliza. Además, hoy, poco más de dos años después, no sólo no ha logrado recuperarlos, sino que ha seguido perdiendo. Desde entonces, ha perdido más de un millón. Una evidencia de que el juicio mediático no entiende de sentencias: la absolución limpia el expediente judicial, pero no siempre repara la confianza del público.
Como decíamos, la absolución judicial pone punto final a un proceso que la ha mantenido dos años en el ojo del huracán, pero no clausura el debate que abrió el ‘caso Pandoro’. Porque más allá de los tribunales, la verdadera sentencia se ha dictado en el terreno más imprevisible de todos: la opinión pública. Un espacio donde no existen recursos, ni segundas instancias, y en el que la credibilidad, una vez resquebrajada, rara vez vuelve a ser la misma. Ahí es donde Chiara Ferragni sigue librando hoy su batalla más difícil.
Chiara Ferragni fue pionera. La italiana sentó las bases de las redes sociales como modelo de negocio y levantó un imperio multimillonario apoyándose, exclusivamente, en su propia imagen. Sin embargo, ese éxito que parecía inquebrantable derivó en una caída a los infiernos por el estallido del ‘caso de Pandoro’. Este, que ha hecho correr ríos de tinta en la prensa internacional, tuvo una reacción en cadena: grandes marcas decidieron rescindir sus contratos tras ser acusada de estafa. Y esto supuso un golpe directo a sus ingresos. Ahora, dos años después, la creadora de contenido ha sido absuelta en la causa penal por estafa agravada.