Tiempo de torrijas, monas y huevos de Pascua
La Semana Santa supone el final de la Cuaresma para los cristianos, un período de abstinencia caracterizado por no poder probar la carne. Antiguamente, durante estos
La Semana Santa supone el final de la Cuaresma para los cristianos, un período de abstinencia caracterizado por no poder probar la carne. Antiguamente, durante estos días, los alimentos más recurrentes para contrarrestar esta prohibición eran los huevos y el pan, lo cual ha llegado hasta nuestros días en forma de dulce tradición. Llega el momento de degustar deliciosos pasteles y llenar la casa de coloridos huevos de Pascua.
Los dulces de Semana Santa son habituales en toda Europa. En Bulgaria se llaman kolache o kozunak y son el postre favorito de estas fiestas. El panettone italiano, con un sabor parecido, se prepara especialmente para estos días. En Ucrania, el paska tiene un importante significado ritual. El mítico conejo de Pascua visita a los niños alemanes (más tarde también a los anglosajones) cada año en estas fechas para celebrar la llegada de la primavera y la fertilidad de la tierra tras el invierno. Así, en la mayoría de países encontramos panes y dulces que celebran la llegada de la Semana Santa. Y es que esta tradición viene de lejos. Los griegos y los egipcios ya comían pequeños pasteles durante esta época del año para venerar a sus dioses.
En España, además de las famosas torrijas de leche, también se elaboran otros dulces con pan y huevos. Concretamente en Cataluña y en la Comunidad Valenciana es típica por estas fechas la mona de Pascua. Se trata de una torta o bizcocho de masa parecida a la del pan, que originariamente tenía forma de rosco y se adornaba con huevos cocidos o de chocolate, pero que ha ido evolucionando con el paso del tiempo y las modas.
Un origen cargado de simbolismo
El hecho de asociar el huevo con el nacimiento y la resurrección, o el conejo como representación animal dada su conocida facilidad de procreación, se une a que la Pascua coincide con la estación primaveral, la más fértil del año, lo que convierte a éstos en los grandes símbolos de estas fechas, dentro y fuera de nuestras fronteras. Hoy en día se elaboran huevos y conejos de Pascua de chocolate esmeradamente decorados tanto para degustar como para decorar la casa, que se suelen regalar por estas fechas, un producto de repostería que puede verse en muchas de las pastelerías del norte de Europa.
En las reposterías españolas también siguen al pie de la letra esta tradición y cada año podemos ver estos símbolos en los dulces de Semana Santa. Sin ir más lejos, en Cataluña y Valencia decoran sus monas con elaborados y coloridos huevos realizados con distintos ingredientes.
Actualmente, los artesanos crean auténticas maravillas pasteleras dado su éxito. En muchas poblaciones incluso compiten entre ellos para exhibir la escultura más espectacular en sus escaparates, ya sea la maqueta de un edificio o la figura de un personaje popular realizada enteramente en chocolate. Como curiosidad, en 2006, La Maison du Chocolat de Londres puso a la venta un huevo de Pascua decorado con incrustaciones de diamantes por 76.000 euros.
Desde las originales monas de Pascua, más sencillas y humildes, a las actuales obras de arte o excentricidades de la confitería, lo cierto es que la tradición de los dulces de Semana Santa se ha mantenido intacta con el paso de los años. Algo que todo goloso, grande o pequeño, espera que siga teniendo lugar durante mucho tiempo.
La Semana Santa supone el final de la Cuaresma para los cristianos, un período de abstinencia caracterizado por no poder probar la carne. Antiguamente, durante estos días, los alimentos más recurrentes para contrarrestar esta prohibición eran los huevos y el pan, lo cual ha llegado hasta nuestros días en forma de dulce tradición. Llega el momento de degustar deliciosos pasteles y llenar la casa de coloridos huevos de Pascua.