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11 claves muy serias para una 'fellatio' antiedad

Cuenta la leyenda que existe una secta secreta taoísta de mujeres, las tigresas blancas, que tienen el secreto de la eterna juventud: hacer cuantas más felaciones, mejor.

Foto: Comer es todo ponerse. (Imagen: Wildfox)
Comer es todo ponerse. (Imagen: Wildfox)

Cuenta la leyenda que existe una secta secreta taoísta de mujeres, las tigresas blancas, que tienen el secreto de la eterna juventud: hacer cuantas más felaciones, mejor. Según estas expertas en la materia, es el ejercicio ideal para tonificar los músculos de la cara, por no hablar de los beneficios que le atribuyen al semen. En resumen, las tigresas aseguran que se quitan entre cinco y 15 años de encima gracias a sus habilidades. Vamos, que estas orientales, si las dejan, acaban cerrando todas las clínicas estéticas a golpe de mandíbula. No se trata de llegar a tales extremos, pero si quieres mejorar la técnica, he aquí unas cuantas sugerencias.

Disfrutar para hacer disfrutar

"La clave está en la actitud. Para que salga bien, la mujer debe desear hacerla y sentirse poderosa y seductora", explica Mireia Manjón-Cabeza, sexóloga y formadora de Sex Academy, donde imparte, entre otros, talleres dedicados a este tipo de práctica.

Calentando motores

Para empezar, nada mejor que recorrer el pene con la lengua. Entretenerse con este tipo de caricias caldea el ambiente y hace que él lo desee aún más. “Un buen inicio es introducirse el miembro en la boca e ir succionándolo hacia dentro poco a poco”, aconseja Manjón-Cabeza.

Comodidad y efectividad

Es importante encontrar una postura cómoda, para poder estarse el ratito que requiere esta labor. Si se busca mayor profundidad, lo mejor será ladear la cabeza. Muchos de los movimientos de la boca serán acompañados por la mano. "Lo mejor es coger la base con el índice, el corazón y el pulgar para tener mayor movilidad con la boca", aconseja Manjón-Cabeza.

Compañeros de viaje

Uno de los errores más comunes es concentrarse en el pene y olvidar que hay otras zonas sensibles alrededor. El perineo (que va desde el escroto hasta el ano) posee infinidad de terminaciones nerviosas. Igual que los testículos, que se pueden acariciar sujetándolos hacia arriba. Para los chicos más atrevidos está la estimulación prostática: con algo de lubricante se introduce el dedo por el ano y se imita el movimiento de decirle a alguien que venga con el dedo índice.

La importancia de la hidratación

Para que los movimientos sean fluidos es necesario que haya saliva. La sequedad en la boca es mala aliada para estos menesteres, por lo que nunca está de más tener una botella de agua cerca para generar más saliva.

Es el momento de cantar

Bueno, tampoco de ponerse a entonar un aria, pero sí de conseguir que vibre a tu son. Esta técnica se llama humming y consiste en producir una vibración (como si alargaras una 'm') para intensificar el placer.

Miradas cómplices

Además de la técnica, existen otros factores menos tangibles, pero igualmente excitantes. La mirada es uno de ellos, porque sirve para crear intimidad y para ver que la otra persona está disfrutando con lo que hace.

Freno y acelerador

Una de las claves es variar el ritmo para no caer en la monotonía. Por ello, no se puede empezar a cien revoluciones. Al principio, durante la fase de excitación, se pueden hacer algunos parones, para alargar el tiempo. Pero cuando el orgasmo sea inminente, lo mejor es seguir al mismo ritmo hasta el final.

Cambio de bombilla

Para introducir variaciones en los movimientos que se hacen con la mano, se puede emplear lo que Manjón-Cabeza llama 'el cambio de bombilla'. "Se trata de hacer ese movimiento en su pene para producir mayor excitación", explica.

La moda de los complementos

Existen muchos: "Desde un vibrador para dar masajes hasta unas perlas que se pueden enrollar en la base del pene", explica Manjón-Cabeza. Ponerse un hielo en la boca o tomar alguna sustancia con menta también aumentan el placer.

Final feliz

Si todo esto se ha hecho correctamente, este cuento tiene un final: la eyaculación. El placer no cambiará si la mujer decide ingerir el producto de sus esfuerzos o prefiere apartar de ella ese cáliz. En el último caso, tendrá que seguir con la mano el mismo movimiento que hacía con la boca.

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