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Mojácar: visita este pueblo de Almería (con playa) y presume luego en Instagram

No es Mykonos ni Paros, en Grecia, ni tampoco Chaouen o Assilah, en Marruecos. Lo tenemos aquí, en nuestro Mediterráneo, pasada la Águilas murciana y antes de desembocar en el Cabo (de Gata)

Foto: Un rinconcito del barrio del Arrabal. (Foto: Turismo Mojácar)
Un rinconcito del barrio del Arrabal. (Foto: Turismo Mojácar)

Si Sevilla tiene un color especial, no digamos Mojácar, que es un pueblo en el lejano Este como ninguno. Laberíntico, casi marroquí. Lleno de buganvillas y en azul, y también casi griego, como Paros o Mykonos, por no decir Santorini, sin Egeo pero frente al Mediterráneo. En lo alto de un cabezo, como llaman a los montes bajos por aquí. Con mirador y un horizonte impresionante que se abre hacia el mar y la encrespada sierra Cabrera, un descubrimiento para todos los Livinsgtones. Y todas las terrazas, bares y tascas que uno pueda desear.

En este pueblo de la costa almeriense, tan emocionante es subir -ahí está el cerro Arráez, esperando- como bajar, al jaleo de ese desdoble que es Mojácar Playa, donde el indalo, la figura rupestre de la Edad del Bronce que ejerce de anfitrión, se repite sin cesar. Y cerca muy cerca, el Cabo de Gata. Nos vamos a Mojácar. También él compite para ser el pueblo más bonito de España. Como Frigiliana, Combarro o Trujillo. ¿Le votarás? La encuesta de Vanitatis será en diciembre.

1. Un pueblo que está colgado. A Mojácar hay que verlo desde lejos, tan blanco sobre el macizo marrón, e ir tras su pista, velándose y desvelándose según se va subiendo, hasta alcanzarlo desde la maraña urbanizada que es su versión playa. Pero el pueblo en sí, el viejo, el de arriba, tiene ese no sé qué que buscamos (una equivalencia de la belleza). Anclado en el tiempo, ya menos hippy que años atrás y tal vez más bohemio, más Cadaqués y sobre todo más turístico, sigue siendo mágico. Sobre todo cuando uno sube por la cuesta de la Fuente (de 13 caños), que cuesta, y va a dar al Torreón y cruza el arco y se planta en la plaza y sigue hasta donde el castillo y se cree el señor de estas tierras (y mares), cómo no. ¡Ay!

Un rinconcito del casco viejo. (Foto: Turismo Mojácar)
Un rinconcito del casco viejo. (Foto: Turismo Mojácar)

2. Casas escalonadas, calles estrechas, flores... Nos pasó ya en Frigiliana: aquí es fácil viajar a ese pasado árabe tan de libro de historia. Está en las calles estrechas, empinadas y laberínticas, en los recovecos, en las casas cúbicas, escalonadas, trepadoras, en cómo se solapan unas con otras, en las líneas rectas de sus tejados, en las puertas azules (o no), en el blanco de sus fachadas. Lo que es el casco histórico es una joya de las de pisar. Y luego está el barrio judío, el del Arrabal, extramuros de la ciudad.

3. Pasen y vean. Si uno ha estado en Granada, o en cualquier otra ciudad histórica -se nos viene a la cabeza la portuguesa Óbidos-, lo probó y sabe lo que es entrar por una de estas puertas, que fue de sus muros o murallas, sin llamar. La de Mojácar fue reconstruida en el siglo XVI sobre la original, que era, como todo (o casi) aquí, árabe. Lleva estampado el escudo de la ciudad, que recuerda que fue, cuando aquellos juegos de tronos, del reino granadino. A estas alturas, probablemente hayas sentido el flechazo ya.

Detalle de una casa de las que hay en este pueblo almeriense. (Foto: Turismo Mojácar)
Detalle de una casa de las que hay en este pueblo almeriense. (Foto: Turismo Mojácar)

4. Atardecer en la Plaza. Un feliz día de playa puede coronarse con una subidita a Mojácar Pueblo que incluya ver el atardecer desde el mirador de la Plaza (con mayúsculas), que también tiene vistas al lecho del río Aguas, entre huertos plagaditos de naranjos, a los pies de Mojácar la Vieja, el antiguo asentamiento, todo muy almeriense, y disfrutar de la vida mojaquera, entre tiendas de souvenirs, donde abundan las jarapas, las cerámicas y los indalos, para luego callejear y terminar sentados en una terraza.

5. Por fin, el mar. Abajo, a la orilla del mar, se alza la Torre de Macenas, que es un clásico del lugar, una edificacion militar del siglo XVIII que, por supuesto, sirvió para la vigilancia de las costas. Tiene forma de casco de caballo, está hecha para dos cañones y es muy muy exótica, casi a punto de bañarse y entre palmeras. Desde aquí lo propio es poner rumbo al sur y llegar hasta la impresionante Torre del Pirulico, esta sobre un peñón, no en la arena, rompiendo el acantilado, por lo que es imposible hacer la ronda. El peñón, la torre y el gran arco natural te darán otra foto para tu querido Instagram.

No te pierdas la Torre de Macenas y alrededores. (Foto: Turismo Mojácar)
No te pierdas la Torre de Macenas y alrededores. (Foto: Turismo Mojácar)

6. Las playas. Hay en Mojácar hasta 17 kilómetros de costa, así que puedes elegir. Desde la urbanización Marina de la Torre, que es mejor dejar atrás, en busca de otros parajes más vírgenes, que los hay, hasta la Rambla de la Granatilla, en Sopalmo, donde ya se presiente e incluso siente el Cabo. El Descargador, El Cantal, La Cueva del Lobo, Las Ventanicas o La Venta del Bancal. Busca la tuya y báñate.

La Torre del Pirulico y el espectacular arco natural. (Foto: Turismo Mojácar)
La Torre del Pirulico y el espectacular arco natural. (Foto: Turismo Mojácar)

7. Otro tesoro: Sopalmo. Ya no es Mojácar como tal, sino una de sus pedanías, que por aquí se estilan mucho, con la que uno se topa casi sin darse cuenta al despedirse de Mojácar Playa y partir hacia Carboneras -luego vendrá Agua Amarga y ya el Parque, Cabo de Gata-. Sopalmo es un lugar muy auténtico, exquisitamente cuidado, con un buen bar a pie de carretera (hay que parar) y mucho encanto. Para colmo, tiene una fuente de donde mana agua de un nacimiento natural; un oasis en el predesierto (no lejos de Tabernas). Es el típico pueblo imán para pintores y otras gentes del arte.

Así es Sopalmo, ya casi en el Cabo de Gata. (Foto: Turismo Mojácar)
Así es Sopalmo, ya casi en el Cabo de Gata. (Foto: Turismo Mojácar)

8. Dónde comer: el Tito's Beach Club es un clásico donde los haya y el Aku Aku, también a pie de playa, el chiringuito paellero al que querrás volver. Pero hay muchísimos más. Arriba, abajo, al centro y adentro. De aquí y de allá y para todos los gustos.

9. Dónde dormir: también está lleno de hotelitos, que son casitas blancas (Mar Azul o Punta del Cantal), hoteles al uso (Best Oasis Tropical, Alegría Palacio Spa, Marina Mar), apartamentos (Best Pueblo Indalo, Pierre & Vacances, Mojácar Playa...), casas rurales (La Paratá, Cortijo de la Media Luna, Casa Adelfa) y el Parador de Turismo, toda una institución. No hay que olvidar que Mojácar Playa es prácticamente una ciudad de vacaciones. El pueblo es otra cosa: en su interior, allí alojados, tienes la pensión El Torreón, con encanto, o el hostal Arco Plaza, junto al mirador y con vistas.

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