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Crees que te sabes lavar la cabeza, pero en realidad lo estás haciendo mal

Hemos hablado con un shampunier profesional (sí, el señor que ha estudiado para esto), que nos ha desvelado los secretos de la limpieza del pelo.

Foto: Warren Beatty sí sabía qué hacer con tu pelo (Imagen: película Shampoo)
Warren Beatty sí sabía qué hacer con tu pelo (Imagen: película Shampoo)

Que lleves toda la vida haciéndolo no implica automáticamente que lo hagas bien. Te vamos a demostrar que en realidad no sabes lavarte la cabeza. Hemos hablado con Rafael Artero, director de la escuela de peluquería María y José de Palma de Mallorca y shampunier profesional (sí, el señor que ha estudiado para esto) de Pantene, que nos ha desvelado los secretos de la limpieza del pelo. Y sí, había un montón de cosas que hacíamos al revés. Descúbrelas.

Elige bien el champú

Empezamos siempre mal, la mayoría de nosotros se fía más de su olfato que de la etiqueta del producto. En un estudio que hizo P&G hace un par de años, hasta el 70% de las personas tomaba la decisión de comprar un champú simplemente porque el olor le resultaba agradable. Craso error: las necesidades de tu pelo determinan el resultado final y, para conocerlas, en lo que te tienes que fijar es en la raíz. Y no obsesionarte con la grasa. Los detergentes del producto se van a encargar de eliminarla, pero su misión es equilibrarla, no hacerla desaparecer para siempre de la faz de la Tierra. Si acabas con todos los lípidos de tu cuero cabelludo, la piel se deshidrata y el cerebro envía la señal de que se produzca más para compensar. Así que lo único que consigues exagerando en el lavado es un efecto rebote y una sobreproducción de sebo.

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Desenreda antes de mojar el pelo

El cabello se cepilla en seco antes de lavar. Sí, casi todo el mundo lo hace al revés. Y por eso tenemos una tasa tan alta de cabellos cortados en nuestras melenas. Los descubres a contraluz, son ese halo que rodea tu cabeza cuando acabas de secarte el pelo y todavía no has empezado con las planchas. Frenarlo es sencillo: desenreda en seco. Primero, porque el cepillado moviliza y arrastra la suciedad depositada en las raíces y luego es más fácil eliminarla. Segundo, porque el pelo húmedo es mucho más frágil, tiene las cutículas abiertas y está desprotegido, por eso es más fácil que se rompa.

Humedécelo primero

Y hazlo sin miedo, con abundante agua. No va a limpiar, pero es imprescindible para que el jabón del champú emulsione.

Así se aplica bien el champú

Se da única y exclusivamente en las raíces. No hace falta servir cantidades industriales sobre toda la melena, por muy larga que sea. Lo que tienes que lavar es la raíz porque ahí es donde se acumula la grasa, la suciedad, los restos de productos de styling y la contaminación. El resto del cabello solo necesita una pasada de espuma al final del enjabonado. Y jamás eches directamente un pegote de champú sobre el cabello. Es imposible que se distribuya bien si lo haces así. Hay que servir el tamaño de una cucharada en una mano e ir aplicándolo con la otra. Los más puristas incluso lo diluyen en un vaso de agua templada antes de aplicarlo. Aunque eso entra ya en la categoría de lavado de sibaritas.

Lava de atrás adelante

Empieza siempre por las sienes, después pasa a la zona de la nuca, luego, a la coronilla y por último a la parte delantera. Hay que hacerlo en este orden para no dejarse ninguna. Generalmente, la que sale siempre perdiendo es la de las sienes, y por eso suele ser la primera en ensuciarse.

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El frotar se tiene que acabar

Es el mayor error que cometemos todos. Y, por lo visto, tiene que ver con la idiosincrasia española. En nuestro país estamos empeñados en bruñir y dar esplendor y tratamos nuestras cabezas como si fueran la paellera de Villarriba. Pero no solo no hace falta, es que, además, al hacerlo, estamos sobreestimulando otra vez las glándulas sebáceas para que produzcan mas grasa.Y probablemente estemos irritando también el cuerpo cabelludo y desequilibrando el pH de esa zona de la piel. Lo que hay que hacer es emulsionar, con los dedos de ambas manos cruzándose en paralelo para llegar a todas partes, pero sin clavarlos a conciencia (y menos aún las uñas). Los tensioactivos del champú ya se encargan de atraer la suciedad como un imán y el agua se hará cargo de eliminarla.

El acondicionador, solo de medios a puntas

Y ese es el otro error más común. Este producto sirve para suavizar el cabello y hacer que se peine mejor. Pero si se aplica en las raíces aporta peso y produce grasa. Solo hay que aplicarlo de medios a puntas. Si lo haces mal, el pelo se te ensuciará mucho antes. El mismo principio se aplica a las mascarillas. Nunca en la raíz, siempre de medios a puntas. Pero si sigues este consejo a rajatabla y luego colocas el cabello en un moño en lo alto de tu cabeza para que permanezca ahí mientras hace su efecto, lo que vas a conseguir es que el producto acabe en la raíces. Recógelo siempre en la nuca, para que la mascarilla no se distribuya por otras zonas sin que te des cuenta.

Hay que aclarar muy bien y con mcuha agua

No puede quedar ni un resto de producto. Y hablamos tanto del champú como del acondicionador. En una campaña de Pantene por toda España en la que se analizaron miles de cabezas, el resultado fue que el 75% de ellas tenían restos de champú. Por supuesto, no es necesario dejarlo actuar. El champú trabaja por iones negativos y es muy rápido. Mantenerlo unos minutos en la raíz como si fuera una mascarilla no solo es un error, es que además puede crear un problema de deshidratación.

Y una vez que el pelo está bien aclarado, empieza la labor de styling. Pero esa es otra historia que merece ser contada en otra ocasión.

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