Por qué Jane Austen sigue influyendo en cómo nos maquillamos y peinamos, 250 años después
Con Jane Austen solo hay dos opciones. O desconoces su obra o la adoras. Seas del grupo que seas, todo su universo te sigue influyendo, desde tu gusto cinematográfico hasta cómo usas el colorete
Que, 250 años después de su nacimiento, sigamos celebrando la vida y obra literaria de una mujer es, cuanto menos poco habitual, teniendo en cuenta, como dijo Virginia Woolf, que anónimo fue durante siglos una mujer.
Pero el caso de Jane Austen es excepcional, capaz de llegar a sus lectores contemporáneos y atrapar con la misma efervescencia al público actual, que continúa comprando sus novelas y celebrando cada adaptación audiovisual de sus títulos (en 2026 veremos la miniserie de ‘Orgullo y prejuicio’ con Emma Corrin y Olivia Colman, además de ‘Sentido y sensibilidad’ con Daisy Edgar-Jones).
¿Por qué seguimos conectando con el universo Austen en el siglo XXI?
“Diría que una de las razones primordiales es que la mayoría de las adaptaciones filmográficas sobre sus novelas están muy centradas en las historias de amor de sus parejas principales, lo que ha hecho que se hayan relegado en la cultura popular al ámbito de 'comedia romántica' o 'películas para mujeres' que tanto hombres como mujeres han repudiado en muchísimas ocasiones”, precisa Irene Rodríguez, investigadora, que hace divulgación en redes como @laguiavintage.
“Fuera de la desacertada noción de que la comedia romántica no tiene mérito artístico o del sesgo misógino de descatalogar algo como secundario y, por tanto, 'de mujeres', estas ideas y adaptaciones han reducido mucho la obra de Austen. La aportación de la autora a la historia de la literatura es haber sido capaz de crear un retrato de su sociedad tan nítido que aún hoy nos sirve para desentramar los complicados hilos que tejen las relaciones entre géneros y clases sociales, no solo en su época sino también en la nuestra propia”, continúa el rostro delante y detrás de @laguiavintage.
Precisamente, en redes sociales, perfiles como el de Irene Rodríguez (@laguiavintage) o Paula O. M ( cuyo perfil @enhipares, está centrado en la obra de Jane Austen) refuerzan esta tendencia de las generaciones Millennial y Centennial a revisitar los clásicos de la literatura. Jóvenes con formación académica y especialización en la materia que conectan la actualidad con los grandes clásicos.
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Pero los perfiles divulgativos de estas jóvenes no son hechos aislados de la 'Austenmanía'. En 2025, el flequillo de los personajes de Jane Austen en las adaptaciones audiovisuales más conocidas o las ondas de sus melenas han sido tendencias de belleza en las redes sociales.
Bajo hashtags como #AustenBang o #BrönteWaves se viralizaron vídeos explicativos sobre los peinados de la época, además de tutoriales para recrearlos. La fuente de inspiración era siempre el universo Austen.
En el imaginario colectivo, al pensar en su época - la Regencia Inglesa, a principios del siglo XIX, entre los años 1811 y 1820- hacemos una conexión directa con una estética muy concreta. Cabellos recogidos con diminutos rizos a los lados del rostro -que ahora llamaríamos baby hairs-, flequillos cortos y despuntados tipo baby bang, cejas salvajes o mejillas profusamente sonrosadas, resultado de una enérgica caminata por la campiña inglesa.
Sin embargo, en la obra de Austen, las descripciones físicas no son tan detalladas. De Elizabeth Bennet, protagonista de ‘Orgullo y prejuicio’, se habla de sus ojos bonitos, su figura esbelta, su cabello oscuro o sus gestos, pero no se dice nada al respecto de sus facciones. Aunque sí percibimos la idea de belleza. Por ejemplo, frente a Lizzie, su hermana Jane, de tez clara, es descrita como la más hermosa de las hermanas Bennet.
La belleza, el salvavidas social
Esta ausencia de descripciones físicas ni es casualidad, ni carece de importancia, explica Irene Rodríguez. En realidad encaja a la perfección con el momento exacto en el que se escribieron las novelas, un periodo en el que, tras años de excesos de maquillaje, se comenzaba a virar hacia la naturalidad.
Para principios del siglo XIX, el maquillaje se simplifica por un movimiento naturalista que reclama la vuelta a los estándares de belleza sencillos e innatos
“En la Regencia todavía no se había impuesto la demonización social de los cosméticos que empezaría a definir la sociedad Inglesa a partir de la ascensión de la Reina Victoria. Por ello, vemos que muchas de las ilustraciones de la época nos muestran mujeres jóvenes con colorete (a veces bastante) y cejas tupidas. Sin embargo, esto sí que significó un descenso bastante importante en el consumo de maquillaje con respecto al siglo anterior, donde al colorete lo acompañaban bases blancas, pelucas empolvadas, así como lunares y pecas falsas. Para principios del siglo XIX, sin embargo, el maquillaje está mucho más simplificado por un movimiento naturalista que reclama la vuelta a los estándares de belleza sencillos e innatos. El colorete se mantiene más tiempo, entre otras cosas, como señal de salud. No obstante, se disminuiría a medida que pasaba el siglo XIX y, para la era victoriana a partir de 1837, era cosmético 'non grato'". Ese colorete bucólico es el que asociamos, precisamente, a algunos personajes de Austen.
Las mejillas bien sonrosadas, no solo en la parte alta de los pómulos, sino a lo largo de la mejilla, como se habrían encendido de forma natural en una piel clara, son uno de los letimotivs estéticos de las actuaciones de Jane Austen.
De nuevo, las redes sociales han reparado en este elemento que incluso ha recibido su propio nombre, bautizado como ‘boy friend blush’ o coloretes de novio. Los príncipes Harry y William en su adolescencia se tomaron como referencia en aquella corriente, pero hasta Dior utilizó estás mejillas austenianas en la pasarela Primavera-Verano 2025 para emular el efecto de un rostro entumecido tras hacer deporte.
En los últimos años, el rubor de mejillas se ha convertido en uno de los productos de maquillaje más utilizados por la generación Z. Utilizado sin límites en todo el tercio medio del rostro, su uso llega a veces a resultar excesivo, el denominado ‘blush blindness’ (ceguera de colorete), una reinterpretación de las mejillas encendidas de las películas de Jane Austen.
Pero, el hecho de que en las novelas no se mencione de una forma descriptiva la apariencia o los atributos físicos de sus personajes, esto no significa que no haya una fuerte presencia de la belleza, ni que esta no sea crucial en sus historias.
“En obras como ‘Orgullo y prejuicio’, la comparación física entre Jane y el resto de sus hermanas pone de manifiesto cómo la sociedad, y la propia familia, llega a jerarquizar a las mujeres según su apariencia”, señala Paula O. M.
Sin embargo, aunque determinante para la historia, la belleza de Jane, descrita como armoniosa y natural, no es su cualidad más importante, en lo que más hincapié hace Austen sobre el personaje es en atributos personales como empatía, dulzura o buenas maneras.
La falta de belleza podía parecer una condena a la pobreza y la marginalización
“Lo que nos puede parecer una 'obsesión' con la belleza realmente tiene mucho sentido en el universo de Austen, donde las heroínas son normalmente mujeres jóvenes de familias terratenientes venidas a menos. Como mucha gente las describe, las protagonistas de Jane Austen son 'las pobres de los ricos'. La belleza en estos casos es muy importante, no solo porque afectaba las posibilidades económicas de las mujeres en general, sino porque en la situación de la mayoría de sus heroínas más reconocidas, como las hermanas Bennet o las hermanas Dashwood, es necesaria para evitar la destitución.
La falta de belleza, como en el caso de Charlotte Lucas en 'Orgullo y Prejuicio' muchas veces incluso podía parecer una condena a la pobreza y la marginalización, por lo que el atractivo físico de los personajes femeninos era un factor determinante en el entramado social y la posición de la mujer dentro del mismo”, precisa Irene Rodríguez, @laguiavintage.
Por ejemplo, de Anne, protagonista de 'Persuasión' se deja entrever que, como consecuencia de sus elecciones pasadas que la llevaron al desamor, su aspecto estaba desmejorado. Sutiles comentarios que llenan de matices la importancia de la belleza en las novelas de Austen.
A diferencia de otros roles, a Emma se la describe como una joven guapa, rica, inteligente y sin problemas aparentes, siempre representada rubia y de tez clara en las diferentes adaptaciones y buscando despertar cierta anitpatía... Como curiosidad, durante la promoción de 'Emma', Anya Taylor-Joy recalcó que era la primera actriz ‘fea’ en interpretar al personaje.
Coincide Paula O.M. en esta presencia constante pero discreta de la belleza, “aunque Austen nunca niega el placer y la importancia a escala social de ser percibida como bella, no permite que el físico sea el rasgo definitorio de los personajes que crea. Para ella, el mérito real de una persona reside en su carácter moral, su inteligencia y su capacidad de empatía”.
Fascinación Austeniana
250 años después de su nacimiento, se lanzan ediciones especiales de sus novelas, se graban nuevas adaptaciones, Inglaterra organiza decenas de festivales al aire libre en los parajes que inspiraron su obra, llamando a los asistentes a vestirse al estilo de la regencia y las redes sociales caen rendidas al universo Austen. Su influencia está más viva que nunca, a pesar de que también vivamos en una era de desconocimiento de la autora y su obra por parte de los más jóvenes.
El universo Austen representa una forma de escapismo y homenaje
Para Paula O.M., la actual fascinación femenina del universo Austen “representa una forma de escapismo y homenaje a una autora que supo retratar con sutileza la sociedad y las emociones humanas. El atractivo de los ‘period dramas’ reside en múltiples elementos: los vestidos elaborados, los bailes, la arquitectura de las grandes casas, y la elegancia de movimientos y lenguaje”.
El éxito de series como ‘Los Bridgerton’, el ‘Frankenstein’ de Guillermo del Toro o el inminente estreno de ‘Cumbres Borrascosas’ continúa esta estela de admiración ante un periodo tan concreto, “aunque estas representaciones no buscan la exactitud histórica, ofrecen un espacio inclusivo y romántico donde cualquiera puede formar parte de la alta sociedad”, recalca @enhipares.
Para la investigadora Irene Rodríguez, la conexión con Jane Austen se explica también por la cercanía histórica con su época (siglo XIX), que influye en que nuestras miradas estén máx próximas con otros periodos, algo que también influye en la facilidad para adaptar la forma de vestir, maquillarse o peinarse de la Regencia a nuestra estética.
“Por una parte, estas son modas que incluso al ojo moderno pueden resultar muy estéticas, cosa que no pasa tanto con épocas más alejadas como el medievo o la edad moderna. Por otra parte, estas modas se dan en un momento donde las revistas de tendencias, la producción industrial de grabados de moda y las ilustraciones que acompañan a los libros ya se habían expandido mucho”.
Por ello, a pesar de que las novelas de Austen no ofrezcan descripciones tan detalladas, se tiene mucha documentación sobre la moda de la época. Como explica la divulgadora, gracias a los avances de la Revolución Industrial, la forma de vestir o arreglarse, en cierto modo, se globalizó, su difusión fue mayor y las prendas comenzaron a producirse en masa, permitiendo que se conserven muchos más diseños.
Además, "en la mayoría de ocasiones las producciones cinematográficas ponen mucho cuidado en diseñar una especie de punto medio que unifica estéticas del periodo que se representa con las estéticas que resultan atractivas al público contemporáneo", precisa la divulgadora, Irene Rodríguez.
250 y sumando
La llamada Austenmanía no es solo un fenómeno de la moda que nos invita a imitar un flequillo o un rubor bucólico. Es, ante todo, un homenaje a la inteligencia femenina y a la capacidad de una escritora para trazar, con ligereza y agudeza, los hilos de poder, clase y género de su tiempo capaces de encajar con situaciones actuales. Todo en Jane Austen ha envejecido bien, no necesita adaptarse a nuestro tiempo.
“Su sátira social la ha convertido en una de las escritoras más ingeniosas, observadoras y astutas de la historia, capaz de enlazar la cotidianidad con la ideología de una manera tan ligera que solo puede venir de la pluma de alguien que conoce su entorno e idioma como la palma de su mano”, concluye la guía vintage.
Que, 250 años después de su nacimiento, sigamos celebrando la vida y obra literaria de una mujer es, cuanto menos poco habitual, teniendo en cuenta, como dijo Virginia Woolf, que anónimo fue durante siglos una mujer.