Un balaclava es un accesorio de abrigo que este invierno ha dejado de ser patrimonio exclusivo de esquiadores, montañeros o motoristas para convertirse en un elemento más del armario urbano. Se trata, en esencia, de una capucha de punto (o de otros materiales térmicos) que cubre la cabeza y el cuello —y, dependiendo del diseño, también deja al descubierto los ojos, la nariz e incluso la boca— actuando como la combinación de un gorro y una bufanda.
Su nombre proviene de la localidad de Balaclava, en Crimea, donde durante la guerra de 1854 los soldados británicos utilizaban este tipo de gorros de punto para protegerse del frío extremo. Con el paso del tiempo, el balaclava ha evolucionado: de herramienta militar para épocas de frío intenso, a complemento esencial en deportes de invierno y actividades al aire libre, y finalmente a un accesorio con fuerte presencia en la moda urbana.
Cubre la cabeza y las orejas. (Mango)
¿Por qué vale la pena considerar un balaclava este invierno? Lo primero, por su capacidad de abrigo: al cubrir cabeza, cuello e incluso parte del rostro, ayuda a retener el calor corporal y a proteger del viento, la nieve o el frío intenso —algo especialmente útil en temporadas de bajas temperaturas o días ventosos. Además, ofrece versatilidad: muchos balaclavas pueden usarse bajo un casco, con bufanda adicional, o incluso como parte de un conjunto urbano sin complicaciones.
Además, su diseño discreto y minimalista la hace fácil de combinar tanto con un abrigo oversize como con una chaqueta más informal, adaptándose al día a día en la ciudad con elegancia.
Un balaclava es un accesorio de abrigo que este invierno ha dejado de ser patrimonio exclusivo de esquiadores, montañeros o motoristas para convertirse en un elemento más del armario urbano. Se trata, en esencia, de una capucha de punto (o de otros materiales térmicos) que cubre la cabeza y el cuello —y, dependiendo del diseño, también deja al descubierto los ojos, la nariz e incluso la boca— actuando como la combinación de un gorro y una bufanda.