Marisa Berenson pertenece a esa categoría de mujeres que no solo vivieron una época dorada de la moda, sino que se han convertido en auténticos iconos. Modelo, actriz, musa y socialité, fue una de las grandes estrellas de los años setenta, protagonista de portadas, campañas y películas cuando la moda todavía producía figuras con una dimensión casi mitológica. Diana Vreeland la convirtió en una de sus protegidas, Irving Penn la fotografió para algunas de las imágenes más memorables y Andy Warhol la consideraba parte esencial de su universo. Pero antes de todo eso ya llevaba la moda en el ADN: era nieta de Elsa Schiaparelli, la diseñadora italiana que revolucionó la alta costura en los años treinta con sus colaboraciones surrealistas junto a Salvador Dalí y Jean Cocteau. Una herencia difícil de gestionar para cualquiera.
Maria Berenson para Zara
Ahora, a sus 78 años, y lejos de retirarse del mundanal mundo de la moda, Berenson acaba de convertir toda esa vida en una colección para Zara. Se llama 'The House of Marisa' y es probablemente uno de los proyectos más personales que ha realizado nunca. No porque esté inspirada en ella, sino porque, según explica la propia Berenson, directamente es ella. “He creado una colección cápsula: ¡mi vida y mis películas!”, afirma.
Una colección para Zara
La colaboración reúne 45 piezas entre moda, accesorios y hogar. Hay vestidos, pantalones, chaquetas, ropa de baño, vajillas, alfombras, espejos, biombos y cuberterías. Un universo completo construido a partir de recuerdos personales, referencias cinematográficas y décadas de glamour acumulado. “The House of Marisa: un poco de brillo, un poco de glamour”, resume la propia protagonista.
Collage de la colección (Zara)
Lo interesante es que la colección no intenta actualizar artificialmente a Marisa Berenson ni convertirla en una versión contemporánea de sí misma. Hace justo lo contrario: recupera aquello que la convirtió en un icono. Capri. Saint-Tropez. Studio 54. Los años en los que las modelos todavía parecían estrellas de cine y las estrellas de cine se vestían como si fueran personajes permanentes.
De hecho, buena parte de las prendas parecen extraídas directamente de ese imaginario. Shorts de lamé dorado acompañados de capas globo, bombers metalizadas con hombros marcados, vestidos de lino rosa intenso, transparencias doradas, lentejuelas, plumas y abundantes joyas inspiradas en serpientes. Todo tiene ese punto teatral que Berenson siempre ha manejado bien, aunque sin llegar a resultar disfrazado.
La campaña de 'The house of Marisa' (Zara)
Las serpientes, precisamente, funcionan casi como un hilo conductor. Aparecen en pulseras, broches, bikinis y accesorios. También forman parte de la decoración doméstica. Son un símbolo muy ligado a la estética de Berenson y ayudan a entender que la colección no está construida alrededor de una tendencia concreta, sino de una biografía.
La influencia de su abuela
Porque si algo atraviesa todo el proyecto es la influencia de Elsa Schiaparelli. Y no solo en la ropa. También en los objetos para el hogar.
Berenson recuerda la casa parisina de su abuela como un lugar lleno de contrastes, tesoros y excentricidades. Habla de lámparas imperio, sofás tapizados en satén rosa intenso, colmillos de elefante, tapices orientales, esculturas de Satanás recibiendo a los invitados y una mezcla aparentemente caótica de piezas decorativas. “Tan ecléctico y dispuesto de cualquier manera”, recuerda.
La campaña de 'The house of Marisa' (Zara)
Ese recuerdo se traduce ahora en biombos dorados cubiertos de mariposas, mesas coral, espejos rodeados de girasoles, cojines bordados con lentejuelas y servilletas decoradas con signos del zodiaco. La colección de hogar resulta casi más reveladora que la de moda porque explica de dónde procede realmente el gusto visual de Berenson.
La relación entre ambas nunca fue sencilla. La propia Marisa reconoce que de adolescente le aterraba visitar a su abuela. “Me ponía a temblar solo de pensarlo”, recuerda. Schiaparelli consideraba que la generación de los sesenta había perdido completamente la elegancia y el estilo. Además, imaginaba para su nieta una vida mucho más convencional: un buen matrimonio y una existencia tranquila lejos del trabajo. El destino fue exactamente el contrario.
Una historia para el recuerdo
Diana Vreeland la descubrió en Nueva York y la introdujo en los círculos más exclusivos de la moda. Frente a la cámara desaparecía toda la timidez. En poco tiempo se convirtió en una de las modelos mejor pagadas y más fotografiadas del mundo. En 1973 Newsweek la llevó a portada definiéndola como “La reina de The Scene”.
La campaña de 'The house of Marisa' (Zara)
Después llegó el cine. Trabajó con Luchino Visconti en 'Muerte en Venecia', apareció en 'Cabaret' junto a Liza Minnelli y obtuvo un Globo de Oro y un BAFTA como mejor actriz de reparto. Más adelante colaboraría con Stanley Kubrick, Clint Eastwood o Luca Guadagnino.
Cuando le preguntan qué heredó realmente de Schiaparelli, su respuesta resulta bastante significativa. “Lo que aprendí de mi abuela fue la independencia y una cierta originalidad, además de un gusto ecléctico”.
Quizá por eso esta colección funciona mejor como retrato que como colaboración de moda. No parece diseñada para perseguir tendencias ni para convertirse en un fenómeno viral de TikTok. Más bien actúa como una especie de archivo personal. Un recorrido por los lugares, las películas, las fiestas, las casas y las obsesiones visuales de una mujer que fue testigo privilegiada de algunas de las décadas más fascinantes de la cultura popular.
Marisa Berenson pertenece a esa categoría de mujeres que no solo vivieron una época dorada de la moda, sino que se han convertido en auténticos iconos. Modelo, actriz, musa y socialité, fue una de las grandes estrellas de los años setenta, protagonista de portadas, campañas y películas cuando la moda todavía producía figuras con una dimensión casi mitológica. Diana Vreeland la convirtió en una de sus protegidas, Irving Penn la fotografió para algunas de las imágenes más memorables y Andy Warhol la consideraba parte esencial de su universo. Pero antes de todo eso ya llevaba la moda en el ADN: era nieta de Elsa Schiaparelli, la diseñadora italiana que revolucionó la alta costura en los años treinta con sus colaboraciones surrealistas junto a Salvador Dalí y Jean Cocteau. Una herencia difícil de gestionar para cualquiera.