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La isla mediterránea a la que viajar en primavera o verano: un paraíso de calas y sin caos turístico
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La isla mediterránea a la que viajar en primavera o verano: un paraíso de calas y sin caos turístico

Un paraíso de calas, naturaleza y sabor que demuestra que todavía es posible disfrutar del Mediterráneo sin caer en el caos turístico

Foto: Cerdeña (iStock)
Cerdeña (iStock)

En pleno corazón del Mediterráneo, lejos del bullicio más masificado de otros destinos estivales, hay una isla que cada verano gana adeptos entre quienes buscan playas de postal, autenticidad y buena mesa sin renunciar a la tranquilidad. Se trata de Cerdeña, el secreto mejor guardado de Italia para quienes sueñan con aguas turquesas, calas escondidas y pueblos con identidad propia.

Con más de 1.800 kilómetros de costa, Cerdeña presume de algunas de las playas más espectaculares de Europa. La mítica Costa Smeralda es conocida por su arena blanca y su mar cristalino, pero la isla ofrece mucho más allá de los enclaves exclusivos. En el golfo de Orosei, calas como Cala Luna o Cala Goloritzé sorprenden por su belleza salvaje, rodeadas de acantilados y naturaleza intacta. Son rincones donde el tiempo parece detenerse y el turismo masivo todavía no ha borrado la sensación de descubrimiento.

Uno de los grandes atractivos de Cerdeña es precisamente su equilibrio. A diferencia de otros destinos mediterráneos saturados en julio y agosto, aquí todavía es posible encontrar playas amplias, senderos poco transitados y pequeños alojamientos familiares. La isla ha sabido combinar el desarrollo turístico con la preservación de su entorno, lo que se traduce en paisajes cuidados y una experiencia más pausada.

Pero Cerdeña no es solo mar. En el interior, pueblos como Bosa, con sus casas de colores junto al río Temo, o Alghero, con su herencia catalana y su casco antiguo amurallado, invitan a perderse entre callejuelas y terrazas. También sorprenden los vestigios arqueológicos de la civilización nurágica, con construcciones megalíticas únicas en el mundo que hablan de un pasado milenario.

La gastronomía es otro de los grandes reclamos de la isla. Lejos de la pizza y la pasta más conocidas del imaginario italiano, aquí reinan el porceddu (cochinillo asado a fuego lento), los quesos de oveja como el pecorino sardo y una amplia variedad de panes artesanos. El mar aporta pescados y mariscos fresquísimos, mientras que los vinos locales, como el Vermentino, completan una experiencia culinaria que combina tradición y carácter.

Viajar a Cerdeña es también apostar por un ritmo distinto. Las jornadas se alargan entre baños en aguas transparentes, siestas a la sombra y cenas sin prisas frente al mar. No hay necesidad de una agenda frenética: basta con dejarse llevar por la luz, el aroma del mirto y el sonido del viento en los acantilados.

En pleno corazón del Mediterráneo, lejos del bullicio más masificado de otros destinos estivales, hay una isla que cada verano gana adeptos entre quienes buscan playas de postal, autenticidad y buena mesa sin renunciar a la tranquilidad. Se trata de Cerdeña, el secreto mejor guardado de Italia para quienes sueñan con aguas turquesas, calas escondidas y pueblos con identidad propia.

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