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FAMILIA ALBA

El lugar privilegiado donde descansan Calitin y las otras mascotas de los Alba

El palacio de Liria guarda un secreto en sus jardines: un particular cementerio donde los perros que han acompañado a la familia tienen su propia lápida

Foto: El palacio de Liria. (EFE)
El palacio de Liria. (EFE)

Eugenia Martínez de Irujo anunciaba hace unos días la muerte de su perrro a través de Instagram. Un mensaje muy emotivo dedicado a su Calitin, que así se llamaba su perro y que murió atropellado. El recordatorio lo acompañaba de una imagen de su hija Tana muy pequeña abrazada al perrito.

No es la primera vez que la duquesa de Montoro compartía con sus seguidores la pena por haber perdido a uno de sus animales de compañía, aunque este fuera un cerdo, como sucedió el año pasado. En esa ocasión se trataba de Baconcito, nombre elegido por ella y que los amigos festejaban cuando acudían a su casa porque no cumplía ninguno de los requisitos del cerdo de campo. Era limpio y muy cariñoso con su dueña. También es muy activa con asociaciones que tienen en acogida perros y gatos para su adopción o en régimen de acogida y sus mensajes siempre se acompañan del hashtag #AdoptaNoCompres.

Muchos de ellos no tienen pedigrí, pero a Eugenia no le importa. Ella busca casas desconocidas porque las de los amigos ya están saturadas. La frase “Ya no queremos más mascotas, querida” forma parte de las respuestas a los mensajes de ayuda en Whatsapp que envía la aristócrata. Ella ya tiene tres a los que ha bautizado con los nombres de Vodka, Churri y el desaparecido Calito.

Eugenia heredó de su padre y sobre todo de la duquesa de Alba su amor por los animales y en la parte posterior del palacio de Liria y Dueñas hay un cementerio con los nombres de las mascotas y la fecha de su muerte escritos en la parte superior, donde aparece su historial, quién lo regaló y la característica que marcaba el carácter del can. Los jardineros se ocupan de que las tumbas estén sin malas hierbas y la zona cuidada.

Uno de los perros más populares fue Flasito, un schnauzer regalo del rey Juan Carlos. Escoltaba a la duquesa de Alba por todas partes. La acompañaba en sus desplazamientos y cuando ya solo se movía en silla de ruedas, Flasito se colocaba a su lado y marcaba el territorio. Si el invitado le gustaba, permitía que le hiciera carantoñas; si no, gruñía hasta que la dueña del palacio le hacía callar. Entonces se marchaba muy digno y se escondía durante horas para mostrar su enfado.

El schnauzer murió con quince años y como todas las mascotas, tiene su nombre y la fecha de nacimiento y muerte en la lápida. Flasito fue protagonista de varios reportajes en revistas de decoración y tenía su página en Facebook, creada por un seguidor anónimo. La duquesa de Alba lo pasó tan mal como ahora Eugenia y cuando lo recordaba se le saltaban las lágrimas igual que le sucede hoy a su hija.

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