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LIBROS

Miguel Durán, el escándalo Marta Chávarri y una llamada: "Tengo que verte"

Las memorias del exdirector de la ONCE se adentran en los capítulos más luctuosos de la vida social de los años 90. También habla de su amistad con Berlusconi, de la infanta Margarita... y del Dioni

Foto: Marta Chavarri en una imagen de archivo (Getty).
Marta Chavarri en una imagen de archivo (Getty).

Miguel Durán, ex director general de la ONCE y expresidente de Telecinco, fue desde mediados de los 80 y en los años 90 testigo privilegiado de los cenáculos del poder. Sus memorias, que salen hoy a la venta de la mano de Ediciones Península y de la periodista Esther Jaén, son una sucesión de intrigas y tramas políticas de las que Durán fue testigo y, en ocasiones, protagonista. Pero también tienen (por decirlo así) un 'lado Vanitatis'. Amigo cercano de Silvio Berlusconi, con el que compartió muchos momentos en su villa de Árcore (70 hectáreas de jardín), Durán también retrata el trago de una peliaguda llamada en medio del escándalo Marta Chávarri o algún detalle familiar, como el miedo que tuvo su familia a que alguno de sus hijos sufriera su misma patología ocular.

En los primeros días de febrero del año 1989, Miguel recibió la llamada de Alberto Cortina, que con la voz entrecortada le dijo: "Tengo que verte". "Yo no le vi las lágrimas, pero su tono de voz indicaba que, o bien se le estaban cayendo, o bien estaba muy acongojado, además de cabreado. Los Albertos, los dos, estaban pasando una crisis en sus matrimonios con las Koplowitz, o, mejor dicho, se sabía que tenían nuevas parejas y que estaban al filo del divorcio".

Y sigue: "Alberto Cortina se encontró en aquel desayuno del Palace con Antonio Asensio, que le explicó que tenía unas fotos y que le tenía que pedir un favor a cambio de no publicarlas. Esto es historia, pero historia sucia, de la que yo fui un modesto espectador. Después supe que las fotos de las que hablaba eran aquellas famosas instantáneas en las que se veía el pubis de Marta Chávarri, y el favor, que abandonasen la operación de asalto a la fusión del Banesto y del Banco Central [...]".

Miguel Durán, a la derecha, antes de entrar en un juicio. (EFE)
Miguel Durán, a la derecha, antes de entrar en un juicio. (EFE)

Miguel Durán le aconsejó que cediera al chantaje, así lo reconoce en el libro: "De verdad, macho, tienes dinero a espuertas, estás metido en un verdadero avispero, y esto es un putadón catedralicio. ¿No te va a dar pena que machaquen a tu chica con la que estás construyendo una pareja? ¿Tan importante es la presidencia del banco?". Cortina no le hizo caso, estaba "indignado": "Tras la publicación de las fotos de la célebre entrepierna de Marta Chávarri, quedó descartada tácitamente la operación de fusión del Banesto y el Banco Central".

Durán fue presidente de Telecinco entre 1990 y 1996. Mantenía una muy buena relación con Silvio Berlusconi, plasmada en diveras anécdotas que el abogado relata en el libro. "Después de la cena, Durán, Muñoz Machado y Lazarov regresaron en el avión privado de Berlusconi [...] Miguel decidió entrar en la cabina y pedirle al piloto si lo podía dejar ponerse a los mandos del avión. El comandante, todo amabilidad, le permitió hacerlo y hacer subir y bajar el avión, aunque con las cautelas oportunas. Santiago Muñoz Machado siempre ha bromeado diciéndole que a Valerio Lazarov, cuyos pelos estaban siempre alborotados, en aquel ratito se le pusieron aún más de punta, más erizados".

Berlusconi los agasajaba cada vez que visitaban su mansión de Árcore, en Milán. "En el aeropuerto, los recogió el chófer de Berlusconi, que los condujo a la mansión. Algo que ha retenido Durán en su memoria (y se relame, literalmente, cada vez que lo recuerda) es el risotto picante que les preparó el cocinero y los espectaculares caldos con que regaron el almuerzo, como todos los que guardaba el magnate italiano en su bodega". Nada dice el abogado sobre las famosas fiestas 'bunga-bunga' en casa del italiano.

El libro narra también la amistad entre Durán y Silvio Berlusconi. (EFE)
El libro narra también la amistad entre Durán y Silvio Berlusconi. (EFE)

"Silvio Berlusconi me pareció un tipo enormemente simpático y que llegaba mucho a la gente. La verdad es que nos caímos bien", cuenta Durán de su primer encuentro, en el inevitable palco del Santiago Bernabéu.

Como todas buenas memorias, el libro está acompañado de algunas imágenes especialmente relevantes para el protagonista. En una de ellas aparece con la reina Sofía y con la infanta Margarita, la hermana del rey Juan Carlos. Miguel revela que le regaló a la Infanta, ciega como él, unos discos de vinilo que guardaba como una reliquia.

Más personal

El abogado y exdirector de la ONCE relata también algún pasaje familiar. Momentos de su intimidad en los que él, invidente, reconoce la preocupación que sintió al saber que iba a ser padre ante la posibilidad de que su hijo Héctor sufriera su misma patología ocular. O alguna anécdota más curiosa, como cuando se vio obligado a llevar escolta porque fue amenazado por ETA. El encargado de su seguridad era un personaje que luego se haría famoso: el Dioni. "Como el 'popular' Dioni llevaba peluquín, el otro miembro de la escolta, muy amigo de la broma, le hacía señales a Héctor, que iba en el asiento de atrás del coche, para que le diera tirones del peluquín al primero, con su consiguiente cabreo". Era 1986 y entonces el Dioni era un escolta "muy amable y servicial".

Y al final, o mejor dicho al principio del libro, Marisol. La mujer que ha acompañado a Miguel Durán en todo su periplo vital, de Barcelona a Madrid, mirando a veces con recelo la peligrosa danza del poder, pero siempre a su lado. "Al final -aclara Durán-, Marisol acabó entendiendo adecuadamente que yo me prodigaba en aquellos bailes no por afán de ligue, sino por deber institucional como buen relaciones públicas".

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