Duque de Alba: Semana Santa con Dueñas cerrado y sin el Cristo de los Gitanos
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Duque de Alba: Semana Santa con Dueñas cerrado y sin el Cristo de los Gitanos

La Semana Santa era para la duquesa de Alba la fecha con más tradición en su familia. Este año el Palacio de las Dueñas permanece cerrado

placeholder Foto: Carlos Fitz-James, duque de Alba. (Reuters)
Carlos Fitz-James, duque de Alba. (Reuters)

La Semana Santa era para la duquesa de Alba la fecha con más tradición en su familia. Este año el Palacio de las Dueñas permanece cerrado por la cuarentena y la Casa pierde una de sus grandes tradiciones.

Hasta que no se instaló definitivamente en Sevilla, Cayetana se trasladaba el Miércoles de Ceniza para supervisar que el Palacio de las Dueñas estuviera en perfecto estado de revista. Recibía invitados a los que había que atender durante los días que duraba la semana de Pasión. Los hijos llegaban por separado, dependiendo de sus vacaciones, y los mayores, de sus obligaciones laborales.

Cuando apareció Jesús Aguirre el organigrama doméstico no varió. A ninguno le caía bien el marido de su madre, pero pesaba más la tradición que las malas relaciones con el exsacerdote. En la madrugada del Jueves Santo, los costaleros del Cristo de los Gitanos paraban en la puerta del palacio como deferencia a Cayetana. Mientras su salud se lo permitió era la encargada de recibir el paso que procesionaban por delante del palacio Esta parada era una manera de agradecer a la aristócrata sus muchas ayudas unidas a su devoción.

placeholder La duquesa de Alba en su boda con Jesús Aguirre. (EFE)
La duquesa de Alba en su boda con Jesús Aguirre. (EFE)

La aristócrata era camarera de la Virgen de los Gitanos y contribuyó económicamente a la restauración de la iglesia, a la hermandad y a sus obras sociales. Uno de los mantos que luce la Virgen de las Angustias de color granate y bordado en oro con el escudo de la Casa fue una de las muchas donaciones de la Hermana Mayor Honorífica a esta corporación.

En sus últimas voluntades dejó dicho que quería que sus cenizas estuvieran en ese templo. Y se cumplió su voluntad. En cada aniversario de su muerte su hijo Cayetano organiza un funeral en memoria de su madre. Estos dos últimos años está liturgia no fue consensuada con el resto de los hermanos, que no acudieron a la misa funeral.

Los últimos años Cayetana ya no salía a la cancela del palacio y era su hijo el actual duque de Alba el que se encargaba de representar a su madre. Antes, el toque de martillo para la levantá era responsabilidad de la benefactora, que en alguna ocasión delegó en otros familiares e incluso en Alfonso Diez, su marido. Un año también encomendó la tarea a su exnuera, Genoveva Casanova. Esta decisión levantó cierta polémica que zanjó la duquesa con una de sus frases habituales: “En mi casa mando yo y en los Gitanos, la hermandad, que no han hecho ningún reproche”.

placeholder Palacio de las Dueñas. (EFE)
Palacio de las Dueñas. (EFE)

Mientras la familia y los invitados esperaban la llegada de los pasos del Cristo de la Salud y la Virgen de la Angustias, que solía ser sobre las tres de la mañana del Jueves Santo, en el recinto de Dueñas, el servicio disponía de un bufet preparado en las cocinas del palacio. El menú no era sofisticado y se han mantenido las mismas recetas con el duque actual. El refrigerio de “La madrugá” estaba compuesto por croquetas, ensaladilla rusa, ensalada de pimientos, arroz con pasas y piñones, tortillas de patata, sándwiches caseros, torrijas, caldo, refrescos y vinos.

Y entre los invitados no faltaba el grupo de amigos de la duquesa: Carmen Tello y Curro Romero, Pepita Sánchez-Dalp, marquesa de Saltillo, Antonio Burgos y su mujer Pilar, los diseñadores Victorio y Lucchino, Marta Talegón, Ana María Abascal y las hermanas Cobo eran algunos de los íntimos que compartían la noche del Jueves Santo en el Palacio de las Dueñas.

Cuando murió Cayetana su hijo Carlos recogió el testigo y marcó ciertas diferencias. Las amistades de la duquesa dejaron de ir y el sector joven fue más representativo con la asistencia de los amigos de sus hijos y sobrinos.

Este año, por primera vez desde el siglo pasado, las puertas del Palacio de las Dueñas han permanecido cerradas. El Cristo de Los Gitanos no pudo salir de su iglesia, ni tampoco ninguno de los pasos de una de las Semana Santa en cuarentena.

Palacio de Dueñas Alfonso Díez Curro Romero Carmen Tello