Es noticia
Menú
Rafa Tarradas Bultó: "A mi abuelo le divertían las motos y triunfó, a mí escribir novelas"
  1. Famosos
'LA PROTEGIDA'

Rafa Tarradas Bultó: "A mi abuelo le divertían las motos y triunfó, a mí escribir novelas"

El autor, en cuyo árbol genealógico están todos los grandes apellidos de Cataluña, se adentra en la industria textil, origen de las mayores fortunas del siglo pasado

Foto: Rafael Tarradas Bultó. (Espasa)
Rafael Tarradas Bultó. (Espasa)

Cuenta Rafa Tarradas (Barcelona, 1977) que una de las cualidades de su abuelo Paco Bultó era la de saber destacar lo mejor de cada persona que conocía. Unas cualidades que parece que nuestro protagonista ha heredado. Porque Rafa Tarradas Bultó es un hombre que se acuerda de los nombres de cada persona a la que conoce y sabe tocar el punto a cada uno de ellos. Bromea con las bromas que a uno le gustan y sonríe cuando uno espera una sonrisa.

El autor de la novela 'La protegida' (Espasa), que ha salido recientemente al mercado y que ya está triunfando en ventas y en críticas, relata en esta historia la vida de un grupo de trabajadores en una colonia textil. Algo que también ha heredado de su familia. Porque, aunque los Bultó son conocidos por las fábricas de motociclismo —Bultaco y Montesa—, sus antepasados se dedicaron a la industria textil, propia de la idiosincrasia catalana.

placeholder Una moto Bultaco sherpa 250.
Una moto Bultaco sherpa 250.

Rafa Tarradas escribe sobre lo que huele a fábrica: el rumor de los telares, las casas pegadas a los muros y ese orden social que hoy nos cuesta entender. Sus libros rescatan las colonias textiles catalanas para recordar que la prosperidad es frágil y que la memoria de un país también vive en anécdotas, fotos de abuelos y guarderías improvisadas junto a la nave.

placeholder Paco Bultó, fundador de Bultaco y Montesa y abuelo de Rafa Tarradas.
Paco Bultó, fundador de Bultaco y Montesa y abuelo de Rafa Tarradas.

Hay autores de inspiración y autores de método. Tarradas es de los que conducen, llaman y tocan timbres: se planta en una colonia, escucha a los viejos amos —“amo” como dueño del lugar— y a las nietas que cuentan por qué sus abuelas se cortaban el pelo para no engancharse en el telar.

Lo bueno y lo malo

Con esos detalles arma novelas que no blanquean ni demonizan: contextualizan. Sí, había control de horarios y un muro alrededor; también había casa, escuela y trabajo estable cuando en el campo se dormía en el suelo.

PREGUNTA. ¿Cómo “vendes” este libro a quien no conoce las colonias?

RESPUESTA. Es la historia de la industria textil catalana de finales del XIX: 77 colonias con su pueblecito y su fábrica. Una sociedad que desapareció y que hoy casi nadie recuerda. Es un aviso sobre lo volátil que es todo.

TE PUEDE INTERESAR

Tarradas no finge modestia, pero tampoco compra el mito del genio. Se propone publicar con constancia, ya ha empezado el siguiente libro y tiene en mente el otro, porque, como él mismo dice: "Me divierto mucho, como a mi abuelo Paco le divertían las motos y triunfó, a mí escribir me divierte, todo esto me encanta, y me va bastante bien", dice con esa risa contagiosa que exhibe cada dos por tres.

Y así honra los ritos de la promoción: presentaciones en pueblos de 300 habitantes, clubes de lectura minúsculos, ferias, viajes en coche con audiolibros. Nada es demasiado pequeño si al otro lado hay una lectora que le escribirá por Instagram amenazando con tirar el libro por la ventana si mata a un personaje. Él contesta. Siempre que puede.

placeholder San Antonio, la finca familiar de los Bultó en Cunit. (Cortesía)
San Antonio, la finca familiar de los Bultó en Cunit. (Cortesía)

Habla de que una parte de su “milagro” es pura estadística: en España la media de ventas ronda los 900 ejemplares; llegar a cientos de miles es una excepción que mezcla suerte, oficio y mucha carretera.

Madrid-Barcelona

La otra parte es la mirada: el foco sobre esa alta burguesía rica y discreta —conocida en Cataluña como “las 200 familias”— que levantó patrimonio, financió fachadas y mezcló apellidos con la aristocracia.

TE PUEDE INTERESAR

Rafa Tarradas conoce bien esos apellidos porque muchos de ellos forman parte de su árbol genealógico. Por eso habla con conocimiento de causa y distingue entre el 'old money' madrileño y el barcelonés: Barcelona miró a París, se modernizó y asimiló rápido a los nuevos ricos; Madrid jugó la carta de la corte y la etiqueta. Hoy, dice, no hay guerra: hay complementariedad y trenes AVE llenos.

P. ¿Barcelona o Madrid?

R. Soy barcelonés, y eso tira. Pero las ciudades se empujan. Están hiperconectadas. Lo sensato es buscar la sinergia, no el pique.

Su biografía no se sostiene solo en apellidos ilustres. Reconoce la buena educación y, a la vez, un tramo de hipoteca asfixiante, trabajos en publicidad por esa “cara de vecino amable” que le decían que tenía, empleos de camarero en verano para cuadrar números. Esa mezcla de raíces y supervivencia explica la empatía con los “débiles” de sus novelas sin convertirlos en estampita.

placeholder Rafa Tarradas Bultó.
Rafa Tarradas Bultó.

Hablar con un escritor es tener el privilegio de poder preguntarle cómo se organiza la vida alguien como Tarradas, sociable por naturaleza, con un oficio tan solitario como el de novelista. El proceso es más terco que romántico: dos horas diarias, releer, tirar a la basura, volver a escribir. La historia le ocupa la cabeza todo el día y se alimenta de olores (algodón y grasa), ruidos (los telares) y microgestos.

TE PUEDE INTERESAR

Los “datos duros” están en los archivos; la vida, en las voces. De ahí salen escenas: la guardería montada en la fábrica, el tren improvisado para traer carbón tras un año de sequía, el capataz que aún responde al apodo de “amo” por costumbre del pueblo.

Inteligencia artificial

En ese proceso que acabamos de describir tiene una frontera clara, que además aparece en todos los contratos de su editorial, el gigante Planeta: la inteligencia artificial está prohibida. Y es algo que se huele en las novelas de Tarradas Bultó: hay una esencia que se percibe en todos sus escritos, algo que los convierte en únicos y que no hay inteligencia ajena, ya sea artificial o humana, que consiga copiar. Por eso, dice, puede explicar cada elección, igual que Picasso justificaba un caballo torcido en un lienzo.

P. ¿Un personaje que sobrevivió porque cobró vida?

R. Más de uno. A veces quieres matar a alguien en el capítulo tres y, de pronto, te sostiene el libro. Y otro que imaginabas eterno, se cae. Eso es lo más bonito.

TE PUEDE INTERESAR

A ratos, el perfil se cruza con su filosofía social: relacionarse con todos, encontrar el punto común, desconfiar de la comodidad de la trinchera. Y con su presente: soltero, con manías de cuarentón y una vida social que no siempre deja hueco para la pareja. Nada de tragedias: humor seco y una claridad que desarma.

En el fondo, Tarradas escribe sobre pérdida y continuidad: industrias que creyeron ser eternas y duraron un siglo; ciudades que cambian de piel; familias que se mezclan y financian catedrales por puro pudor de riqueza. Lo cuenta sin grandilocuencia, con curiosidad y una ética de trabajo que empieza contestando un DM y termina, a veces, en un pueblo minúsculo donde todavía huele a algodón. Ahí donde la novela, por fin, vuelve a oler a vida.

Cuenta Rafa Tarradas (Barcelona, 1977) que una de las cualidades de su abuelo Paco Bultó era la de saber destacar lo mejor de cada persona que conocía. Unas cualidades que parece que nuestro protagonista ha heredado. Porque Rafa Tarradas Bultó es un hombre que se acuerda de los nombres de cada persona a la que conoce y sabe tocar el punto a cada uno de ellos. Bromea con las bromas que a uno le gustan y sonríe cuando uno espera una sonrisa.

Noticias de Famosos