Valeria Mazza nos habla de su nuevo negocio familiar: "Es un homenaje a la finca familiar donde hemos pasado grandes momentos"
Valeria Mazza y su marido, Alejandro Gravier nos hablan de su nuevo reto empresarial. Un proyecto del que también han hecho partícipes a sus hijos y que hoy presentan con gran ilusión
Valeria Mazza posando con las botellas de ´Finca Valeria´, el nuevo proyecto empresarial familiar. (Cortesía)
El próximo viaje a ese enclave, ubicado en Punta del Este, Uruguay, tendrá otra densidad. Ya no será solo el reencuentro con el paisaje y la memoria, sino también con un proyecto que condensa ambos: una línea de vinos que lleva el nombre de la finca y que nace, más que como emprendimiento, como prolongación natural de ese territorio afectivo. Rosé y blanco, dos elecciones que no responden a una estrategia de mercado, sino a una preferencia sincera, compartida.
"Intento que mis productos sean accesibles para todo el mundo"
Valeria Mazza posando con las botellas de ´Finca Valeria´, el nuevo proyecto empresarial familiar. (Cortesía)
“Es un sueño que veníamos imaginando desde hace años, y verlo materializado, después de tanto trabajo, tiene algo de recompensa silenciosa”, señala Alejandro Gravier, antes de ceder la palabra —y el foco— a Mazza. Muchos conocen a Valeria por ser una de las primeras modelos latinas en alcanzar reconocimiento mundial, siendo en la década de los 90 musa de Gianni Versace y, además, ampliando posteriormente su carrera hacia la televisión. Esa es la parte pública, pero lo cierto es que, a lo largo de los años, Valeria ha desarrollado su faceta empresarial de manera discreta: fragancias, gafas, zapatos, desarrollo de imagen… y ahora también ha abierto su camino a los emprendimientos vitivinícolas.
La modelo y empresaria recoge el gesto de su marido con una claridad que rehúye cualquier artificio: “He emprendido muchos proyectos, pero siempre ligados a mi universo: la moda, lo visual, lo creativo. Esto, en cambio, me sacó de ese eje y me obligó a aprender desde otro lugar”. No hay impostación en su relato, sino la conciencia de haber transitado un proceso nuevo: desde la concepción estética hasta la convivencia directa con los enólogos responsables de dar forma a Finca Valeria Rosé y Finca Valeria Blanco.
"Brindo por los principios y por dejar atrás los finales"
Valeria Mazza posando con las botellas de ´Finca Valeria´, el nuevo proyecto empresarial familiar. (Cortesía)
En esa implicación —que desborda lo meramente simbólico— se cifra parte del interés de este proyecto: no es una firma estampada sobre una etiqueta, sino una experiencia asumida, trabajada y, finalmente, embotellada.
“Todo comenzó hace un año, cuando conocimos en Starlite —un lugar mágico para mi familia y para mí— a Felix Solís. Ahí comenzó a tejerse la idea”, revela Mazza sobre los vinos que beben tanto del sur de Francia como de nuestra tierra. “El rosado proviene de viñedos de La Provenza y Languedoc; es una mezcla de Garnacha, Cinsault y Syrah”, dice, mientras destaca el esfuerzo que han hecho tanto ellos como su socio, por lograr un producto sofisticado, delicado y de gran calidad, pero a un precio accesible para todo el mundo.
“Cuando hago un proyecto, una de las cosas que más me llenan es saber que todo el mundo va a poder disfrutarlo. Son vinos que tienen muy buen precio, pero mucha índole. Se disfrutan, y el esfuerzo merece la pena al pensar que todo tipo de familias podrá brindar con ellos”, cuenta la modelo.
Las botellas de ´Finca Valeria´, el nuevo proyecto empresarial de Valeria Mazza y su familia. (Cortesía)
El blanco que hoy lleva el nombre de Finca Valeria Blanco nace en los viñedos del centro y norte de España. “Es exquisito y muy diverso; una mezcla de Chardonnay, Sauvignon, Verdejo y Airén”, explica Mazza, mientras deja entrever cómo este proyecto la ha acercado a la naturaleza y a una industria que imprime tiempo y paciencia en cada detalle, todo trabajado a fuego lento y con precisión artesanal.
El blanco que hoy lleva el nombre de Finca Valeria nace en los viñedos del centro y norte de España. “Es exquisito y muy diverso; una mezcla de Chardonnay, Sauvignon, Verdejo y Airén”, explica Mazza, mientras deja entrever cómo este proyecto la ha acercado a la naturaleza y a una industria que imprime tiempo y paciencia en cada detalle, todo trabajado a fuego lento y con precisión artesanal.
Valeria Mazza junto a su marido Alejandro y sus cuatro hijos
La charla vuelve inevitablemente a su centro: la familia. La modelo asegura que sus hijos ya poseen la madurez para asumir responsabilidades y que cada uno de ellos estuvo presente, de algún modo, en la creación de estos vinos. “Hoy brindaremos todos, y como siempre digo: hay que tener metas y celebrar los principios, dejando atrás los finales”, concluye, cerrando el círculo de un proyecto que nació del vínculo, la memoria y la dedicación compartida.