La familia Güell y Gaudí: así continúa en 2026 una relación iniciada hace más de un siglo
León XIV bendice este miércoles la Torre de Jesús de la Sagrada Familia, el símbolo de la arquitectura de Antoni Gaudí. La familia de su mecenas, Eusebio Güell, mantiene su legado
La historia de Antoni Gaudí está inevitablemente ligada a la de la familia Güell. El arquitecto más universal de Cataluña encontró en Eusebi Güell al mecenas que apostó por él cuando todavía era un creador desconocido para gran parte de la sociedad de su tiempo. Un encuentro fortuito en París y una amistad para toda la vida que pervive en el tiempo a través de los descendientes del aristócrata.
Este miércoles, la visita del Papa León XIV pondrá a la Sagrada Familia, catedral única en el mundo, en el foco internacional. Y Gaudí y los Gúell volverán a ser el centro del mundo. Más de un siglo después. Porque esa relación continúa presente a través de la Fundació Güell, una institución que mantiene vivo el espíritu de mecenazgo que dio origen a algunas de las obras más emblemáticas del modernismo catalán.
La entidad fue creada en 1956 por Juan Antonio Güell y López, nieto de Eusebi Güell. La familia siempre ha estado muy ligada al mundo del arte y prueba de ello es el propio Juan Antonio, quien fue, entre otras muchas cosas, marqués de Comillas, conde de Güell, conde de Ruiseñada, alcalde de Barcelona, escritor y coleccionista de arte.
La fundación nació con el objetivo de impulsar la cultura, las artes y el talento joven y en la actualidad la preside Eusebio Güell Malet. También vizconde de Güell, en su cargo lidera la tarea de preservar el legado familiar desde la entidad, en la que se desarrollan programas de apoyo a artistas, músicos, investigadores y arquitectos, siguiendo la filosofía que convirtió a la familia en una de las grandes impulsoras de la vida cultural catalana.
Coincidiendo con la celebración del centenario de la muerte de Antoni Gaudí, la familia ha querido reivindicar públicamente la importancia de una relación que fue mucho más allá de la existente entre un cliente y un arquitecto. María Güell Ampuero, destacada periodista cultura barcelonesa y descendiente directa del empresario, ha recordado estos días que Gaudí y su tatarabuelo formaron un auténtico tándem creativo.
"La catedral de los pobres"
En una reciente entrevista al periodista Joan Carles Valero para 'Next Llobregat', Güell Ampuero recuerda que la Sagrada Família ocupa un lugar especial en su biografía puesto que pasó muchos años en el departamento de comunicación del templo. Cuando ella trabajaba allí era todo mucho más artesanal que ahora, y como miembro de la familia Güell, también reivindica su papel en la continuidad de las obras del templo.
En la citada entrevista, cita a su abuelo, nieto del mecenas, quien se empeñó durante años en que la Sagrada Família no quedara abandonada, incluso manteniendo a un pequeño grupo de obreros cuando casi nadie apostaba por su futuro. "Por poco no tenemos Sagrada Família", declaró Güell Ampuero al citado periodista. El templo ha pasado de ser "la catedral de los pobres" a un lugar universal.
Es para ellos importante recordar esa complicidad que fue imprescindible para dar rienda suelta a la creatividad del genio. A juicio de una de las tataranietas de Güell, la genialidad del arquitecto necesitó también de alguien dispuesto a confiar en sus ideas, respaldarlas económicamente y permitir que desarrollara proyectos que en aquella época parecían imposibles.
Amistad a primera vista
La historia entre ambos comenzó en 1878, cuando Güell descubrió una vitrina diseñada por Gaudí para la Guantería Comella durante la Exposición Universal de París. Fascinado por aquel joven arquitecto, decidió encargarle diversos proyectos que acabarían formando parte de la historia de la arquitectura. De esa colaboración nacieron obras tan importantes como el Palau Güell, los Pabellones Güell, las Bodegas Güell, la Colònia Güell y el Park Güell, construcciones que permitieron a Gaudí experimentar con soluciones técnicas y estéticas que más tarde trasladaría a la Sagrada Familia.
Lo decíamos, la basílica vuelve a situar a ambos nombres en el centro de la actualidad. Barcelona vive este año uno de los momentos más importantes de las celebraciones dedicadas a Gaudí con la visita del papa León XIV, que acudirá al templo para participar en los actos conmemorativos del centenario de la muerte del arquitecto.
El motivo de la visita papal
La presencia del Pontífice en nuestro país partió de la visita a Barcelona y el Vaticano la amplió después a Madrid y Canarias. León XIV inaugurará y bendecirá la Torre de Jesucristo, la más alta de la Sagrada Familia y uno de los elementos más emblemáticos del proyecto concebido por Gaudí.
Para la familia Güell, el momento tiene un significado especial. Porque hace un casi siglo y medio, un empresario decidió apostar por el talento de un arquitecto que todavía estaba lejos de convertirse en una figura universal. Aquella confianza permitió desarrollar algunas de las obras más admiradas del mundo y contribuyó decisivamente a consolidar el legado de quien hoy es considerado uno de los grandes genios de la arquitectura.
Para que nadie olvide las relaciones entre ambas familias, la Fundació Güell mantiene ese espíritu en pleno siglo XXI. A través de sus becas, premios y programas culturales, la entidad continúa apoyando a nuevas generaciones de creadores con la misma vocación de impulso al talento que caracterizó a Eusebi Güell. Una forma de entender el mecenazgo que la familia considera inseparable del legado de Antoni Gaudí y que sigue proyectándose sobre la cultura catalana. Más de cien años después.
La entidad fue creada en 1956 por Juan Antonio Güell y López, nieto de Eusebi Güell. La familia siempre ha estado muy ligada al mundo del arte y prueba de ello es el propio Juan Antonio, quien fue, entre otras muchas cosas, marqués de Comillas, conde de Güell, conde de Ruiseñada, alcalde de Barcelona, escritor y coleccionista de arte.
La historia de Antoni Gaudí está inevitablemente ligada a la de la familia Güell. El arquitecto más universal de Cataluña encontró en Eusebi Güell al mecenas que apostó por él cuando todavía era un creador desconocido para gran parte de la sociedad de su tiempo. Un encuentro fortuito en París y una amistad para toda la vida que pervive en el tiempo a través de los descendientes del aristócrata.