El suegro de Ponce: “Pensaban que estaba muerto”
Victoriano Valencia, suegro de Enrique Ponce, además de su apoderado y padre de Paloma Cuevas, sufrió un percance taurino que casi le cuesta la vida. La
Victoriano Valencia, suegro de Enrique Ponce, además de su apoderado y padre de Paloma Cuevas, sufrió un percance taurino que casi le cuesta la vida. La familia al completo pasaba el puente en la finca que el matrimonio Ponce tiene en Navas de San Juan, en Jaén. Tenían mucho que celebrar. El nombramiento como académico del torero, el cuarto mes de embarazo de “la niña”..., y como ocurre siempre en las reuniones de sagas taurinas, la placita de tientas se convirtió en lugar de encuentro de la jornada campestre.
A Ponce le “echaron” una vaca cuya nobleza y boyantía, -términos taurinos para designar un buen animal- fueron determinantes para que tras dar un par de muletazos el suegro bajara también al ruedo. Uno, dos, tres... y hasta cuatro capotazos. En el tendido, aplausos y gritos de “torero, torero”. De pronto, Victoriano dio un mal paso, cayó y paró el golpe con la cabeza. En ese momento, a muchos de los presentes, sobre todo a Paloma (madre), les pasó por la cabeza la muerte de Antonio Bienvenida, que falleció tras una tienta en una situación muy similar. Mientras unos llamaban a urgencias para que enviasen un helicóptero, Enrique Ponce, más resolutivo, subió al suegro en su Mercedes para trasladarlo lo más rápidamente posible al hospital de Úbeda, donde quedó ingresado.
El miedo de todos era que el golpe le hubiera afectado al sistema neurológico o incluso a la movilidad. “Fue terrible -confiesa Paloma Valencia- verle en el suelo con los brazos colgando, sin coordinación, sin conocimiento. No se lo deseo a nadie esos momentos en que no sabíamos que iba a ocurrir. Yo, que soy diabética y que cualquier cambio me afecta, ni me preocupé de la subida de azúcar. Menos mal que todo ha sido un susto y que la Virgen de los Desamparados -hay una imagen en la plaza- dejó caer su manto sobre él para que no ocurriera lo peor”.
Cuando ya estaba fuera de peligro, su mujer le dijo que de volver a pisar el ruedo nada de nada. “En Navidad nos juntamos todos aquí en la finca y casi le mato cuando me dice ‘oye y si sale una vaca, así buena, ¿me das permiso para darle un par de muletazos?’. Menos mal que lo podemos contar, pero realmente fueron momentos tremendos. En segundos te puede cambiar la vida. Y eso que siendo esposa de torero y con Enrique en activo te acostumbras a ciertos riesgos, pero esto, la verdad, no te lo esperas”.
Mientras, Paloma, la hija, embarazada de cuatro meses, sólo repetía casi como una letanía: “Dios mío que no le pase nada, Dios mío que se ponga bien. No me hagas esto, por favor que conozca a mi hijo...”. A pesar de su aparente fragilidad, fue ella la que se hizo cargo de la situación mientras su marido y la madre se trasladaban al centro hospitalario. Treinta kilómetros que se hicieron eternos. Tras varios días de pruebas médicas, ayer Victoriano Valencia fue dado de alta. Unas horas antes me confesaba que no fue consciente de lo sucedido hasta muchas horas después, ya en la habitación de la clínica.
¿Qué pasó en realidad?
Una tontería que casi se convierte en tragedia. Enrique viaja el 14 a Venezuela y se estaba entrenado. Estábamos todos ahí y vi que la vaca era buena así que baje al ruedo. Le estaba dando unos pases cuando la vaca piso la muleta. Al tirar perdí el equilibrio y caí al suelo. Ya no recuerdo más. Por lo que me cuentan perdí el conocimiento y no lo recuperé hasta muchas horas después. Me hicieron todo tipo de pruebas y no han encontrado nada malo.
¿Cómo te encuentras ahora?
Tengo un melón en la cabeza y dolorido por el golpe. Pero afortunadamente, y gracias a Dios, me encuentro bien de ánimo.
Victoriano Valencia, suegro de Enrique Ponce, además de su apoderado y padre de Paloma Cuevas, sufrió un percance taurino que casi le cuesta la vida. La familia al completo pasaba el puente en la finca que el matrimonio Ponce tiene en Navas de San Juan, en Jaén. Tenían mucho que celebrar. El nombramiento como académico del torero, el cuarto mes de embarazo de “la niña”..., y como ocurre siempre en las reuniones de sagas taurinas, la placita de tientas se convirtió en lugar de encuentro de la jornada campestre.