La novia que se casó en el corazón del Pirineo Aragonés con un traje de Navascués: "Me recordaba al vestido de boda de mi madre"
Para su gran día, un precioso enlace celebrado en Benasque (Huesca), Paloma escogió un diseño de Navascués con mangas abullonadas y una mantilla familiar
El día que Paloma y Pelayo, los novios protagonistas del día, fijaron la fecha de su enlace, la ilusión de entonar el 'sí, quiero' en la montaña ganó a cualquier ubicación, "teníamos muchísima ilusión por celebrar la boda en el Pirineo".
Esa pasión compartida por la montaña acompañó a la pareja, él, ingeniero y, ella, ortodoncista, desde sus inicios. "Nos conocimos un día en Zaragoza. Fue mucha casualidad porque los dos vivíamos en Madrid, y vivíamos por la misma zona. Un día me lo encontré en Madrid saliendo del gimnasio y desde entonces llevamos 6 años de novios". Pelayo pidió su mano en plena temporada de esquí. "Fue en un telesilla de Cerler, en el valle donde hemos pasado todos los veranos e inviernos". Poco después, marcarían el día de su enlace: 13 de septiembre de 2025.
Dividida en dos actos, como manda la tradición, la ceremonia religiosa tuvo lugar en la iglesia de Santa Maria la Mayor, en Benasque (Huesca), en el corazón del Pirineo Aragonés; y la celebración fue en Anciles, en los jardines de una casa del pueblo del siglo XVI.
Aunque inicialmente no contrataron a ninguna wedding planner, ser testigo del éxito de la boda de una amiga, hizo cambiar de idea a Paloma. "Reconozco que, en un principio, me hacía ilusión organizarlo todo nosotros y pensaba que sería capaz de tenerlo bajo control. En la boda de mi amiga Xie conocí a Patricia Gárate de Peonías Eventos. Todo salió tan bien aquel día que no dudé en escribirles. A medida que se acercaba la fecha, con cada reunión y con toda la gestión que iban haciendo, empecé a no imaginar la boda sin ellas". apunta la novia. "Ahora pienso: menos mal. No era una boda fácil. Era una finca en un entorno que no estaba del todo preparado para celebrar algo así, y gracias a ellas fue posible. Sinceramente, creo que sin su trabajo no habría podido hacerse allí. Nos permitieron disfrutar cada minuto sin estar pendientes de nada".
Consicientes del esfuerzo de que sus 230 invitados se desplazasen hasta Benasque, Paloma y Pelayo organizaron un fin de semana inolvidable. "Quisimos que el viaje mereciera la pena desde el primer momento. Montamos una comida el día anterior y una cena de preboda para poder compartir tiempo con todos antes del gran día. Recuerdo la boda como algo mágico, muy emotivo y lleno de felicidad. Pero quizá lo más bonito fue al día siguiente, cuando tantos invitados nos dijeron que se marchaban con el corazón lleno".
Ese día, el Pirineo Aragonés, les regaló una jornada espectacular. "La montaña es impredecible y sabíamos que el riesgo de lluvia formaba parte del plan. Y, al final, nos regaló un día maravilloso. La semana previa todos los partes daban lluvia sin excepción. A medida que se acercaba la fecha, las nubes pasaron a convertirse en tormentas eléctricas. Perdí la cuenta de los huevos que mis amigas y mi familia llevaron a las Clarisas esos días. Finalmente llegó el fin de semana: el valle nos regaló una preboda preciosa el viernes y un sábado sin lluvia. Llovió durante la madrugada, pero a las ocho de la mañana paró y salió el sol. Hizo un día espectacular".
Navascués, la marca nupcial fundada y liderada por Cristina Martínez-Pardo Cobián, diseñó el vestido de novia de Paloma. "Todos los que me conocen saben que soy bastante indecisa, así que me costó mucho sentirme segura con el diseño del vestido. Fui a varios sitios y me proponían ideas bonitas, pero no terminaba de verme siendo yo. Mis amigas insistieron en que probara con Navascués y acertaron de lleno con la idea inicial".
La idea inicial de la novia, sencilla y cómoda, prevaleció durante el proceso de creación. "No quería algo sobrecargado; necesitaba sentirme cómoda. Al final se trata de llevar algo con lo que te reconozcas, sin dejarte arrastrar demasiado por las modas y confiando en que quienes te acompañan van a intentar sacar la mejor versión de ti". La ortodoncista señala que "lo que más me gustó fue la flexibilidad del equipo: partimos de un primer boceto, pero supieron acompañar todas mis dudas y, poco a poco, lo fuimos adaptando hasta crear el vestido con el que realmente me reconocía".
"En un inicio las mangas eran completamente distintas, largas y más sencillas, pero en una de las pruebas se nos ocurrió abullonarlas. Me hacía especial ilusión porque me recordaban al vestido de novia de mi madre. Además, en el detalle de las mangas colocamos unos pendientes antiguos, comprados en un anticuario, a modo de botón", explica Paloma. "También llevé una mantilla familiar. No estaba en mis planes, pero Carmen, de Navascués, insistió en que la lleváramos a una prueba. Cuando me la puse fue un flechazo absoluto. Siempre recordaré la emoción de mi madre al verme en ese momento, y automáticamente cambié de opinión. Ahora me alegro muchísimo de haber tomado esa decisión". Cuando el traje estaba listo, Paloma se llevó una grata sorpresa. "Fue un regalo de mi hermana. Me dispuse a pagarlo y me dijeron que ella ya se había encargado de todo".
Además de la mantilla familiar que la ortodoncista había nombrado, completó su look con estos complementos. "Los zapatos eran de Roger Vivier, los encontré en una tienda de Roma. Los pendientes eran de la familia de Pelayo. A mi suegra le hacia mucha ilusión que los llevará y a mi también, ella los llevó en su enlace. Y por último, el anillo de pedida lo diseñó Pelayo, junto con su padre, a partir de un joya familiar. Tiene un valor sentimental enorme".
Flores y colores de montaña dieron forma al ramo. "Queria un ramo que acompañara al Pirineo. Elegimos, junto a Pilar de Boogaloo, flores que podías encontrar en la montaña, combinadas con frutos silvestres".
Natalia de Nataliamartinmakeup maquilló y peinó a la novia."La ceremonia fue especialmente emotiva y muy significativa para nosotros. Al sacerdote solo lo conocíamos de coincidir algún domingo en misa en el valle, pero durante el verano quisimos ir a hablar con él varias veces para prepararla juntos y dejarnos guiar en esta etapa. Desde el principio nos entendió muy bien y durante la ceremonia nos dedicó unas palabras preciosas que la hicieron todavía más especial". Allí, en el templo, la banda sonora corrió a cargo de Carmen Pardos, "una soprano de Huesca que emocionó a todo el mundo. Al terminar la ceremonia cerró con una jota, sabiendo lo importante que era para mi familia, y fue un momento muy bonito".
Convertidos en marido y mujer, cambiaron de ubicación para festejar sus nupcias. "Queríamos una fiesta distinta, en la naturaleza y que implicara a todo el mundo. Por eso decidimos que la música la haríamos nosotros. Pelayo, junto a su hermano, organizó un concierto en el que participaron amigos y familiares que llevaban tiempo preparándolo. Pelayo abrió cantando 'Patagonia' de Xoel López, una canción muy especial para nosotros. Para mí fue una sorpresa absoluta y la emoción fue difícil de explicar".
En un entorno tan bello, "la naturaleza y la estación marcaron la decoración así como todas las decisiones estéticas". Paloma argumenta que, "intentamos encontrar un equilibrio entre el paisaje de alta montaña del Pirineo y la parte más antigua de la finca, trabajando con materiales naturales y una paleta de colores de muy de final de verano, que ayudara a dar esa sensación de boda de campo en un entorno de montaña".
Algunos detalles de la papelería fueron una creación 'handmade' de Paloma. "A mi me encanta la papelería y pintar, así que tanto los misales como los marcasitios los hicimos nosotros a mano, con un papel especial. Viví ese proceso con la ayuda mi madre. Fue muy guay porque a las dos nos encantan las manualidades y fue una manera muy bonita y divertida de vivir los preparativos. Los meseros y los menús los diseñó nuestra amiga Mero (@meripipil). La temática no podía ser otra que animales del Pirineo, y ella, que es una artistaza, les dio su toque personal. Me gustan tanto que los he enmarcado para casa".
Varios platos en el coctel y un menu, con salmorejo y solomillo de ternera, todo de Masfarré Catering. "Desde el principio tuvimos claro que queríamos apostar por producto local del Pirineo. Es una empresa familiar y se notó en todo: el trato cercano, el cariño y la profesionalidad. Para nosotros la comida era un punto importantísimo y fue un acierto total. Muchos invitados nos dijeron que era de las bodas en las que mejor habían comido en su vida, y eso, sinceramente, nos hizo muchísima ilusión".
Para abrir el baile, Paloma y Pelayo escogieron 'Take this walz' de Leonard Cohen. Echando la mirada atrás, la novia aconseja que "es fundamental no perder el norte y recordar qué estás celebrando realmente. Con el tiempo, nadie recuerda si una flor era tendencia o si el seating plan era perfecto; lo que permanece es cómo se sintieron ese día y el cariño con el que pensasteis todo para compartirlo con ellos. Vivimos rodeados de estímulos y de referencias constantes; las redes nos pueden inspirnar, pero no representan a todas las novias. No pasa nada por no elegir lo que esté de moda en ese momento: la boda no será peor, será más tuya".
El día que Paloma y Pelayo, los novios protagonistas del día, fijaron la fecha de su enlace, la ilusión de entonar el 'sí, quiero' en la montaña ganó a cualquier ubicación, "teníamos muchísima ilusión por celebrar la boda en el Pirineo".