El álbum de boda de Mireia en una finca de la alta burguesía catalana: del vestido desmontable con velo antiguo a una decoración neoclásica
Nos adentramos en el gran día de Mireia y Ramón. Una boda celebrada en una finca de alta burguesía catalana repleta de detalles especiales y con un vestido de novia de The Muse Collective
Al igual que otras parejas, Mireia y Ramón se conocieron gracias a unos amigos comunes. Desde ese día, en plena pandemia, no se separaron. La petición de mano llegó en 2025, a punto de concluir las vacaciones de Semana Santa. "Ocurrió en un resort de las Maldivas y fue justo el último día de nuestra estancia: frente a un atardecer precioso, en la terraza de nuestra villa con una copa de champagne", recuerda la novia.
Ella, de 31 años, experta en el sector de la aviación y responsable de Relaciones Laborales en Volotea; y él, de 35 años, y parte del equipo de ventas del Grupo Freixenet,se dieron el 'sí, quiero' el el 18 de julio de 2026. "Elegimos la emblemática parroquia de Santa María Reina, en el elegante barrio de Pedralbes, en Barcelona, para la ceremonia religiosa. La celebración continuó en Bell Recó, rodeados del paisaje verde del Maresme que junto con la arquitectura clásica catalana del lugar crearon la atmósfera mágica y sofisticada que siempre habíamos imaginado para el convite".
Los preparativos de Mireia. (Foto Galaxy Weddings)
Para dar forma a su gran día, la pareja contó con la ayuda de la wedding planner Mireia Baró. "Fue exactamente como la habíamos imaginado; no hubo ni el más mínimo contraste entre nuestra idea y la realidad. Y esto fue así porque los dos nos involucramos en cada etapa del camino. Nos encantó vivir los preparativos al detalle: de la mano de nuestra maravillosa wedding planner, Mireia Baró, nos sentamos con todos y cada uno de los proveedores, para conocerles y que todo fuera más cercano".
Además de la ayuda y el asesoramiento durante todo el proceso, la novia destaca el papel de la wedding planner en el enlace. "El día de la boda, con las emociones y los nervios a flor de piel, la presencia de Mireia nos daba mucha paz y gracias a su gran experiencia fue imprescindible para guiarnos en todo momento, coordinar los 'timings' a la perfección y transmitirnos la tranquilidad necesaria para que nosotros solo nos dedicáramos a vivir el momento sin preocuparnos de nada más".
La ceremonia religiosa. (Foto Galaxy Weddings)
Con la organización en marcha, Mireia fue en busca y captura de diseñador para su vestido de novia. ¿La premisa? "Quería un look elegante, pero moderno; sencillo, pero con un punto original". Después de visitar varios ateliers de Barcelona, la novia se decantó por The Muse Collective,la firma fundada por las hermanas Roser y Cristina Salvador. "Desde el primer día que entré en, me enamoré de sus tejidos y diseños. Fue un proceso muy personal y completamente a medida".
Mireia estuvo acompañada en todo momento de sus padres, "fueron una parte fundamental en todas las decisiones". Lo primero que decidieron fue la base del vestido: los tejidos y el patrón. "Elegimos un top palabra de honor de lino asimétrico, muy apropiado para una boda en pleno mes de julio, combinado con una falda de crepé japonés". A partir de ahí, entre la marca y la novia fueron incorporando los detalles que terminaron de hacerlo único. "Un fajín drapeado a mano y, para la ceremonia religiosa, un top con mangas raglán y cuello de organza de seda. La organza era un tejido especialmente delicado y requirió un trabajo muy minucioso para adaptarlo perfectamente a mi cuerpo. El equipo de The Muse Collective hizo un trabajo extraordinario, cuidando cada detalle para que el resultado fuera impecable".
La sesión de fotos del matrimonio. (Foto Galaxy Weddings)
Para poner el broche de oro, Mireia llevó un velo antiguo de L’arca Barcelona. "Entré en la tienda y, en apenas cinco minutos, me enamoré por completo de esa mantilla, confeccionado a mano con un precioso encaje de Granada. Acompañaba a la perfección la sofisticación del vestido y le aportaba un punto más clásico y solemne, dándole mucha presencia al conjunto".
En cuanto a las joyas, "llevé mi anillo de pedida y unos pendientes muy especiales que me confió mi suegra. El abuelo de Ramón se los había regalado a su mujer y con el paso del tiempo, se habían convertido en una auténtica joya familiar. Después del banquete, llevé unos pendientes de Rabat que Ramón me había regalado, una lágrima de diamantes con una piedra azul". Los zapatos de Mireia eran de Flordeasoka, un ramo en tonos blancos y marfil, con pequeños toques verdes, de David de Maite March; y como último accesorio, un abanico bordado con su amiga Roser, "consiguió contar toda mi historia, e emocionó muchísimo llevarlo conmigo y sé que será un recuerdo para toda la vida".
La celebración de la boda. (Foto Galaxy Weddings)
Los preparativos de Mireia fueron en El Palauet, un hotel boutique en Paseo de Gracia. Olga Cordón se encargó del peinado y del maquillaje de la novia. El camino a la iglesia lo hizo acompañada por su padre en el MGA blanco clásico, un paseo por la Avenida Diagonal muy especial previo a la llegada a la parroquia.
Allí le aguardaban sus 165 invitados y Ramón vestido con un chaque de la firma italiana Canali. "Sin duda, el momento más mágico y emocionante para mí fue la entrada de Mireia en la iglesia", relata el novio. "Eran las cinco y diez de la tarde y, justo cuando las puertas se abrieron, entraba un contraluz de sol que rebotaba de lleno en el suelo de mármol de la parroquia. Yo estaba en el altar con muchísimas ganas de ver lo guapa que iba a estar, pero los rayos de sol reflejaban un contraluz y solo podía ver una silueta oscura acercándose despacio hacia mí. Esa sombra recortada en la luz hizo que la espera fuera aún más bonita e intensa. No fue hasta que las puertas se cerraron a sus espaldas cuando por fin pude verla con claridad. Al ver lo espectacular que estaba, no pude contener la emoción y rompí a llorar. Fue un momento inolvidable".
El vestido desmontable de Mireia. (Foto Galaxy Weddings)
La decoración de Bell Recó partió de la estética clásica de la finca, una estética que la pareja quiso transformar en un escenario más contemporáneo, sofisticado y con fuerza visual, sin perder su esencia. Inspirados en el paisaje del Maresme, trabajaron junto a su wedding planner, Mireia Baró, una paleta de verdes, beige, marrones, terracotas, salmón y granates que se convirtió en el hilo conductor de toda la celebración. "Queríamos que todo tuviera el mismo hilo conductor y que el estilo nos definiera como pareja", recuerda Mireia.
De la mano del florista David de Maite March, los drapeados de la mesa presidencial, las velas y las composiciones florales fueron protagonistas, mientras que el mobiliario, la papelería y la cartelería de Marta, de somos. Algoazul, completaron un universo estético perfectamente conectado. El espectacular seating plan, rodeado de esculturas y elementos de inspiración clásica, dio paso a un banquete bajo las estrellas y, ya de noche, a un camino iluminado con esferas naranjas que conducía hasta una pista de baile repleta de bolas de espejo. "El resultado fue una transformación completa del espacio: un Bell Recó más moderno, sofisticado, envolvente y con una identidad propia, donde cada elemento estaba diseñado para encajar con el siguiente", resume la novia.
El brindis de Mireia y Ramón. (Foto Galaxy Weddings)
El cielo estrellado iluminó la cena. (Foto Galaxy Weddings)
"Aunque teníamos todo absolutamente coordinado, las mejores sorpresas de una boda son siempre las espontáneas. Después del discurso de mi marido, sentí que no podía dejar pasar esa oportunidad única para hablar. Me dejé llevar por el momento y dediqué unas palabras cargadas de amor inmenso y muy sentimentales. Ver la reacción de Ramón en directo, emocionado al escucharme, convirtió ese instante en uno de los recuerdos más bonitos", explica Mireia.
Con el menú de Aspic Catering en la mesa, otro de los momentos más brutales de la boda fue la entrada a la cena. "Ver a todos nuestros amigos y familiares de pie, agitando las servilletas al aire y entregándose al cien por cien para recibirnos creó una atmósfera de energía pura e inolvidable. Pero el verdadero contraste llegó justo después, al sentarnos en la mesa: pasar de esa explosión de alegría a contemplar a toda nuestra gente disfrutando en aquel patio de la parte alta de Bell Recó, bajo un cielo estrellado precioso y con las mesas decoradas con tanto buen gusto, fue un instante de paz y emoción que se nos quedó grabado para siempre".
'Jóvenes eternamente', de Íñigo Quintero, puso la banda sonora al primer baile de los recién casados. "Fue una vivencia preciosa, el día más feliz de nuestras vidas y un recuerdo que nos sigue emocionando muchísimo", cierra la novia.
Al igual que otras parejas, Mireia y Ramón se conocieron gracias a unos amigos comunes. Desde ese día, en plena pandemia, no se separaron. La petición de mano llegó en 2025, a punto de concluir las vacaciones de Semana Santa. "Ocurrió en un resort de las Maldivas y fue justo el último día de nuestra estancia: frente a un atardecer precioso, en la terraza de nuestra villa con una copa de champagne", recuerda la novia.