La costumbre de partir una pastilla para facilitar su ingestión puede parecer inofensiva, pero no siempre es una decisión acertada. En muchos casos, esta práctica puede alterar la eficacia del tratamiento e incluso representar un riesgo para la salud. Existen aspectos técnicos en la elaboración de ciertos fármacos que hacen que no todos sean aptos para ser divididos.
La clave estará en fijarnos si la pastilla posee o no una raya. Esta ranura indica que el medicamento ha sido concebido para partirse por la mitad y faciliar así su toma, pero si no existe ninguna raya en la pastilla, lo mejor será no partirla y leer el prospecto, ya que este hábito puede alterar las propiedades del medicamento y suponer un riesgo.
Si no vemos una raya en la pastilla lo mejor será no partirla. (Pexels)
Las pastillas que poseen una ranura en el centro han sido formuladas teniendo en cuenta que se partirán, por lo tanto, hacerlo no altera su composición ni su absorción. Pero este no es el caso de todos los medicamentos, por lo que partir un comprimido que no esté preparado para ellopuede tener efectos indeseados.
Además, muchos fármacos cuentan con un recubrimiento especial que tiene funciones muy concretas, como proteger al principio activo de los ácidos gástricos o permitir que el medicamento se libere de forma progresiva en el organismo. Al cortar la pastilla, esta capa protectora puede romperse, alterando la manera en que el cuerpo asimila el fármaco.
Partir una pastilla sin ranura puede hacer que el medicamento pierda efectividad. (Pexels)
Otro aspecto relevante es la dificultad para dividir correctamente la dosis. Cuando se parte una pastilla sin estar diseñada para ello, es habitual que la división no sea exacta. Esto puede provocar que una mitad contenga más cantidad de principio activo que la otra, comprometiendo la eficacia o seguridad del tratamiento.
La mejor forma de evitar errores será siempre la de leer el prospecto que acompaña al medicamento. En él se detalla si el comprimido puede ser dividido o no. Si no se menciona nada al respecto o si el diseño del comprimido no lo permite, es recomendable no modificar su forma original.
Ante cualquier duda lo mejor será consultar el prospecto o al farmacéutico. (Pexels)
Partir una pastilla sin conocimiento puede alterar sus propiedades farmacológicas. Solo aquellas diseñadas para ello, y que cuenten con la indicación específica en el prospecto, deben ser divididas. El resto deben ser administradas tal y como fueron formuladas por el laboratorio.
La costumbre de partir una pastilla para facilitar su ingestión puede parecer inofensiva, pero no siempre es una decisión acertada. En muchos casos, esta práctica puede alterar la eficacia del tratamiento e incluso representar un riesgo para la salud. Existen aspectos técnicos en la elaboración de ciertos fármacos que hacen que no todos sean aptos para ser divididos.